Estados Unidos reclasifica oficialmente a la marihuana como menos peligrosa y amplía el acceso

El gobierno de Estados Unidos dio un paso clave en su política de drogas tras la decisión del Departamento de Justicia de reclasificar el cannabis, una medida que representa uno de los cambios más significativos en décadas. La sustancia, también conocida como marihuana, pasa de ser considerada un narcótico de Lista I —la categoría más restrictiva— a una droga de Lista III, junto a medicamentos como el Tylenol con codeína.

La decisión responde a una orden ejecutiva firmada el año pasado por el presidente Donald Trump, quien instruyó a su administración a iniciar el proceso con el objetivo de ampliar el acceso a tratamientos y facilitar la investigación científica sobre sus posibles beneficios.

Un cambio con impacto limitado, pero simbólico

A pesar de la reclasificación, el cannabis seguirá siendo ilegal a nivel federal. Sin embargo, el nuevo estatus permitirá avanzar en estudios médicos y podría aliviar algunas restricciones regulatorias, especialmente para la industria.

La medida también tiene implicaciones fiscales: los dispensarios autorizados por los estados podrían acceder a deducciones tributarias que antes les estaban vedadas debido a la clasificación más estricta. Actualmente, la mayoría de los estados permite el uso medicinal del cannabis y 24 han legalizado su consumo recreativo, lo que refleja una brecha creciente entre la legislación federal y estatal.

El fiscal general interino Todd Blanche fue el encargado de formalizar la reclasificación, que incluye productos regulados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y aquellos con licencia estatal para uso médico.

No obstante, la modificación aún debe superar un periodo de revisión de 30 días tras su publicación en el Registro Federal, durante el cual puede ser impugnada judicialmente. Expertos anticipan que el proceso podría enfrentar desafíos legales que retrasen su implementación durante meses o incluso años. Además, la Administración para el Control de Drogas tiene previsto celebrar una audiencia sobre el cambio a finales de junio.

Argumentos a favor: investigación y acceso médico

Durante la firma de la orden, Trump aseguró que el cambio responde a una demanda creciente de pacientes que padecen enfermedades graves. “La gente ha estado suplicando por esto”, afirmó, al mencionar casos de dolor crónico, cáncer y trastornos convulsivos, así como a veteranos con lesiones derivadas del servicio militar.

El mandatario comparó el cannabis con analgésicos recetados, subrayando que, aunque tienen usos legítimos, también pueden implicar riesgos. En paralelo, la orden incluye instrucciones para trabajar con el Congreso en la ampliación del acceso al cannabidiol (CBD) y en el desarrollo de modelos para estudiar sus efectos en la salud.

Organizaciones a favor de la reforma celebraron la decisión. Tim Barash, presidente de la Coalición para la Reforma de la Clasificación del Cannabis, calificó la medida como un “cambio fundamental” que podría dinamizar una industria que emplea a más de 425.000 personas en el país.

Críticas y preocupaciones en el Congreso

Sin embargo, la iniciativa ha generado resistencia, especialmente entre legisladores republicanos. Un grupo de 22 senadores envió una carta abierta advirtiendo que la medida podría normalizar el consumo y afectar la productividad económica.

Los críticos sostienen que aún existen dudas sobre los efectos del cannabis en la salud, citando estudios que lo vinculan con deterioro cognitivo y problemas de concentración. En otra comunicación dirigida a la fiscal general Pam Bondi, legisladores afirmaron que “no existen datos suficientes” que respalden el cambio y advirtieron que podría enviar un mensaje equivocado a los jóvenes.

La Administración para el Control de Drogas, por su parte, señala que las sustancias de Lista III presentan un potencial de dependencia moderado a bajo, en contraste con las de Lista I, consideradas altamente peligrosas y sin uso médico aceptado.

La reclasificación se produce en un contexto de cambio cultural en Estados Unidos, donde encuestas recientes muestran que el 64 % de la población apoya la legalización del cannabis, aunque con una leve caída en el respaldo entre votantes republicanos.

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