Ese dolor tan íntimo detrás del burnout sanitario

Jorge Gómez Felices, psicólogo General Sanitario de Estar Contigo Terapia
Son las nueve de la noche y llevas doce horas de guardia. Camino de casa, intentas recordar por qué elegiste esta profesión. Piensas que los pacientes te parecen una carga más que una vocación, y que llevas semanas sin sentir satisfacción tras las consultas. Si alguien de tu entorno te pregunta cómo estás, contestas «bien» de forma automática (aunque no sea verdad).

Porque aunque estás al límite, no te sale molestar a nadie con tus problemas. ¿Estás siendo débil? ¿Eres un dramas? No. Es burnout, y le ocurre a más profesionales sanitarios de lo que quizá crees.

Creo que el burnout quizá sea un problema crónico del sistema sanitario. Un problema que tristemente tenemos muy normalizado. Porque claro está que puedes tirar de técnicas de mindfulness, talleres de gestión del estrés, pausas para el autocuidado.

Creo que el burnout quizá sea un problema crónico del sistema sanitario, un problema que tristemente tenemos muy normalizado

Y aunque todo esto está bien, ignora una realidad fundamental: el personal sanitario agotado ya sabe perfectamente qué debería hacer para cuidarse. El problema no es la falta de información, sino las barreras reales que te impiden autocuidarte cuando dedicas tu vida a cuidar de otros. Pues bien, en este artículo vamos a hablar precisamente de esas barreras, y de qué puedes hacer para atravesarlas.

La barrera de la desconexión emocional progresiva

Muchas veces te das cuenta del burnout por el tremendo agotamiento físico que sientes. Pero el burnout empieza mucho antes, a través de una progresiva desconexión emocional. Esta desconexión al inicio te sirve como mecanismo de supervivencia.

Al fin y al cabo, en tu día a día te toca presenciar puro sufrimiento, dar malas noticias, y quizá tomar decisiones de vida o muerte con información incompleta. Tu cerebro aprende a crear distancia emocional para protegerse. Es como un recurso de emergencia, para no acabar colapsando con todo ese dolor ajeno.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando este recurso de emergencia pasa a convertirse en tu nueva normalidad? Los pacientes se convierten en «casos», las consultas en trámites, la vocación se difumina. Porque el precio de la desconexión emocional es que no solo te desconectas del dolor, también te desconectas de la ilusión.

Y no es que te estés volviendo un profesional sanitario frío y sin humanidad. Es que tu empatía, tu vocación y tu motivación dependen de un sistema emocional sobrecargado que ha dejado de poder conectar con lo que vives. Quizá esto ya lo sepas.

Quizá te sientes identificado, y aun así no estás conectando con nada. Y es que como te decía antes, el problema no es falta de información. Pero quizá también, sin que tú lo sepas, te frena la siguiente barrera invisible.

Es que tu empatía, tu vocación y tu motivación dependen de un sistema emocional sobrecargado que ha dejado de poder conectar con lo que vives

La barrera invisible del estigma

Como psicólogo, hay una paradoja que noto cuando hago terapia con sanitarios: aunque son auténticos expertos en tratar a otros, se suelen bloquear cuando necesitan tratamiento para sí mismos. Y si bien las jornadas interminables evidentemente complican mantener un proceso terapéutico, no se debe solo a eso. Existe también un factor cultural propio del ámbito sanitario: creer que los sanitarios tienen que ser «los fuertes».

Desde esta cultura, pedir ayuda psicológica puede verse como un signo de debilidad, ya que «no estás pudiendo con ello». Este factor cultural, por muy irracional que sea, suele llevar a los sanitarios a resistirse a buscar apoyo.

Porque claro, tú tienes que seguir siendo fuerte. Tú no puedes molestar a otros con tus problemas. Tú tienes que seguir pudiendo con ello. Hasta que la situación se hace insostenible, ya no puedes más con el burnout y explotas por dentro. Pero quizá no tenga que ser así.

Existe también un factor cultural propio del ámbito sanitario: creer que los sanitarios tienen que ser «los fuertes»

La barrera de re-aprender a dejarte cuidar

Los síntomas del burnout —el insomnio, la irritabilidad, el agotamiento— pueden aliviarse relativamente rápido con estrategias de regulación emocional. Pero abordar las causas subyacentes, modificar patrones de pensamiento arraigados, y reconstruir una relación sana con tu vocación… Eso necesita tiempo.

Y es que los profesionales sanitarios, acostumbrados a ser «los fuertes», necesitan un espacio terapéutico con su psicólogo donde sea seguro mostrarse vulnerables. Donde conectar con la hambrienta necesidad de sentirse cuidado. Donde re-aprender a pedir apoyo, aprecio y comprensión. Esto solo ocurre cuando existe continuidad.

Y es que los profesionales sanitarios, acostumbrados a ser «los fuertes», necesitan un espacio terapéutico con su psicólogo donde sea seguro mostrarse vulnerables

Cuando terapeuta y paciente desarrollan un vínculo que permite explorar no solo qué ocurre, sino por qué ocurre. Algo que no surge en dos sesiones. Hay que construir primero una relación de auténtica confianza. De nuevo, eso necesita tiempo. Dicho esto, hay otra gran barrera frente a un proceso terapéutico profundo. Quizá la barrera más tangible de todas.

La barrera económica

En mi experiencia clínica, el factor limitante no suele ser la motivación del paciente sanitario, sino su capacidad para sostener económicamente un proceso de 20-25 sesiones. Y es que hacer terapia privada de calidad, durante el tiempo suficiente para generar cambios profundos, puede suponer un gasto mensual importante.

Cuando esto se suma a una situación de ansiedad preexistente, la ecuación es cruel: necesitas ayuda terapéutica, pero pagarla te genera más ansiedad. Por eso considero fundamental que, como psicólogos, busquemos fórmulas que hagan el tratamiento accesible sin comprometer su calidad ni duración.

Hoy en día, contar con un psicólogo online puede ser mucho más factible de lo que crees: con opciones de pago sesión a sesión o con posibilidad de financiación, la barrera económica no tiene por qué ser el motivo por el que no empieces.

En mi experiencia clínica, el factor limitante no suele ser la motivación del paciente sanitario, sino su capacidad para sostener económicamente un proceso de 20-25 sesiones

La barrera de la (i)rresponsabilidad institucional

Nada de lo anterior exime a las instituciones sanitarias de su (i)rresponsabilidad. Las ratios médico-paciente inadecuadas, las jornadas maratonianas, la falta de espacios de supervisión clínica, la cultura que empuja a tener que ser «los fuertes» y no mostrar vulnerabilidad… Esto son factores estructurales que ninguna terapia individual puede solucionar.

Pienso que las organizaciones sanitarias deberían implementar cambios sistémicos: mejorar las condiciones laborales, reducir las cargas administrativas, crear protocolos de apoyo psicológico dentro de las instituciones.

Y sobre todo, normalizar el autocuidado como parte esencial del trabajo sanitario, no como un lujo prescindible. Sin embargo, mientras llegan estos cambios —y ojalá lleguen pronto—, no podemos pedirle a los profesionales sanitarios que esperen a reventar por el burnout para buscar ayuda.

Esto son factores estructurales que ninguna terapia individual puede solucionar

Quien cuida también se merece ser cuidado

Una cosa está clara: no podemos seguir tratando el agotamiento del personal sanitario como un problema exclusivamente individual. Un sistema de salud sostenible necesita profesionales que puedan cuidar de sí mismos para poder cuidar de otros. Y eso significa eliminar las barreras —de estigma, de dinero, de tiempo— que hoy dificultan el acceso al apoyo psicológico que tanto necesitan.

Porque quien cuida, también se merece ser cuidado. Porque una intervención a tiempo marca la diferencia entre una situación recuperable y un cuadro severo que requiere baja prolongada. No es justo que nuestros sanitarios hayan normalizado que tienen que ser «los fuertes».

No es justo que siempre «tengan que poder con ello». No es justo que sientan que no pueden molestar a nadie con sus problemas. Porque quizá la verdadera fortaleza no sea desconectarte de tu vulnerabilidad, sino permitirte sentirla para cultivar tu humanidad. Esa humanidad tan íntima, que nutre el corazón de quien escoge cuidar por vocación.

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