J.P.R.
En vísperas del Congreso de la Sociedad Española de Medicina Interna de la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha (Somimaca), que se celebrará del 21 al 22 de mayo, la especialidad pone el foco en los grandes retos que ya marcan la práctica clínica: la atención al paciente crónico y pluripatológico, la incorporación de la inteligencia artificial y la necesidad de reforzar una medicina cada vez más coordinada y centrada en la persona. En este contexto, el Dr. Yale Tung Chen, especialista del Servicio de Medicina Interna del Hospital La Paz y presidente del Comité Científico del encuentro, reflexiona sobre el papel clave del internista como eje vertebrador del sistema, capaz de integrar innovación y humanismo para dar respuesta a la creciente complejidad asistencial.
El congreso arranca con una reflexión sobre humanismo e inteligencia artificial. ¿Está en riesgo la relación médico-paciente o la IA puede reforzarla en la consulta de medicina interna?
Yo no diría que la relación médico-paciente esté en riesgo por la inteligencia artificial en sí. El riesgo, en todo caso, está en cómo la utilicemos.
En medicina interna vemos pacientes complejos, con varias enfermedades a la vez, muchas veces frágiles o en situaciones de vulnerabilidad. En ese tipo de consulta, la IA puede ayudarnos mucho: puede reducir carga administrativa, ordenar mejor la información clínica, ayudarnos a anticipar riesgos o apoyar algunas decisiones. Pero eso no puede sustituir lo que realmente define nuestro trabajo: escuchar con empatía, interpretar el lenguaje no verbal, tener prudencia clínica y entender al paciente como una persona, no como una suma de diagnósticos.
“El internista debe ayudar a coordinar, priorizar y evitar que el paciente vaya pasando de un sitio a otro sin una visión común”
Por eso nos parecía importante empezar el congreso hablando de humanismo médico e inteligencia artificial. No queríamos tratar la IA como una moda ni como algo puramente técnico, sino como una herramienta que exige criterio, responsabilidad y una mirada ética, que solo puede llegar de la experiencia. Bien utilizada, puede reforzar la consulta. Si nos ayuda a ganar tiempo para mirar al paciente, explicarle mejor las cosas, decidir con él y acompañarlo con más precisión, entonces tiene mucho sentido. Al final, no se trata de elegir entre humanismo o tecnología. Se trata de conseguir que la tecnología ayude a hacer una medicina más humana.
El programa pone el foco en el paciente crónico y pluripatológico. ¿Qué rol juega el internista ante este reto que afronta el sistema sanitario?
Creo que el internista tiene un papel muy importante ante el reto de la cronicidad y la pluripatología, probablemente cada vez más. Durante muchos años, el sistema sanitario ha estado muy orientado a resolver problemas agudos. Pero la realidad que vemos a diario es otra: pacientes mayores, con varias enfermedades, muchos tratamientos, fragilidad y, a menudo, también problemas sociales o de dependencia. Ahí el internista aporta una forma de trabajar que no se limita a una enfermedad concreta o a un órgano, sino que intenta ordenar todo el conjunto.
Nuestro papel es valorar qué pesa más en cada momento, qué tratamiento aporta realmente beneficio, qué riesgos asumimos y cómo todo eso afecta a la calidad de vida del paciente. El programa del congreso recoge bastante bien esta preocupación, con talleres sobre cronicidad, pluripatología, fragilidad y sarcopenia, y también con bloques sobre enfermedades muy frecuentes en nuestra práctica, como la insuficiencia cardiaca, la EPOC o la enfermedad tromboembólica.
“En insuficiencia cardiaca y en EPOC ha habido avances importantes en los últimos años, tanto en tratamientos como en formas de seguimiento. Pero en la práctica diaria seguimos viendo problemas bastante conocidos”
El internista debe ayudar a coordinar, priorizar y evitar que el paciente vaya pasando de un sitio a otro sin una visión común. Y eso implica trabajar muy cerca de atención primaria, urgencias, otras especialidades, enfermería y los recursos sociosanitarios. Atender bien al paciente crónico no siempre significa hacer más. Muchas veces significa hacer mejor, y con más sentido clínico, lo que de verdad le aporta valor.
En áreas como insuficiencia cardiaca o EPOC, el congreso aborda cambios terapéuticos relevantes. ¿Dónde cree que están hoy las principales lagunas en el manejo clínico?
Creo que las lagunas no están solo en conocer las novedades. Muchas veces el problema es conseguir que esas novedades lleguen bien al paciente que tenemos delante, que no siempre se parece al paciente ideal de los ensayos clínicos. La realidad supera la ficción y aplicar la evidencia es un arte más que una ciencia exacta.
En insuficiencia cardiaca y en EPOC ha habido avances importantes en los últimos años, tanto en tratamientos como en formas de seguimiento. Pero en la práctica diaria seguimos viendo problemas bastante conocidos: pacientes infradiagnosticados, tratamientos que no se optimizan, cierta inercia terapéutica, dificultades en la transición entre el ingreso y la consulta, y una coordinación entre niveles que no siempre funciona como debería.
“Las enfermedades minoritarias, autoinmunes o sistémicas muchas veces no se presentan de forma clara desde el principio. Ahí el internista puede aportar mucho”
En insuficiencia cardiaca, por ejemplo, el congreso aborda el manejo de la congestión más allá de la furosemida, que es un tema muy práctico y muy presente en los pacientes complejos que atendemos en medicina interna. En EPOC también se revisan las novedades terapéuticas, el papel de las comorbilidades y el uso adecuado de antibióticos en las agudizaciones.
Para mí, una de las asignaturas pendientes es dejar de actuar solo cuando el paciente se descompensa y pasar a una atención más anticipatoria, más ordenada y más coordinada, incluso promocionando la salud. Actualizarse no es únicamente incorporar nuevos fármacos. Es mejorar todo el recorrido asistencial del paciente, ahí estaremos creando valor con impacto.
Se incluyen talleres muy prácticos como ecografía clínica o VMNI. ¿Está cambiando el perfil del internista hacia un modelo más resolutivo y tecnológico?
Sí, creo que el perfil del internista está cambiando hacia un modelo más resolutivo, pero sin perder lo que siempre ha sido la esencia de la especialidad. La medicina interna se ha basado siempre en el razonamiento clínico, en la visión global del paciente y en saber manejar la incertidumbre. Eso sigue siendo igual. Lo que ha cambiado es el entorno en el que trabajamos. Los pacientes son más complejos, las decisiones tienen que tomarse a veces con más rapidez y el hospital necesita profesionales capaces de integrar diagnóstico, tratamiento y seguimiento de una forma más ágil.
“Es un congreso pensado desde la práctica clínica real. No es solo un programa de actualización”
Por eso tienen tanto sentido los talleres de ecografía clínica, ventilación mecánica no invasiva, paliativos, cronicidad o fragilidad. No son añadidos decorativos al programa. Son herramientas que ayudan al internista a decidir mejor a la cabecera del enfermo, a aumentar la seguridad del paciente y a ser más útil en urgencias, en planta, en consultas monográficas o en unidades compartidas.
La tecnología no sustituye al internista. Lo que hace, si se utiliza bien y con una formación seria detrás, es ampliar su capacidad de respuesta, con menor incertidumbre. El internista del futuro probablemente seguro será más tecnológico. Pero, además, tendrá que ser más capaz de resolver problemas complejos sin perder cercanía ni criterio clínico.
El congreso también aborda enfermedades minoritarias y autoinmunes. ¿Qué papel desempeña la medicina interna en la detección de las enfermedades complejas?
La medicina interna tiene un papel muy relevante en este campo porque el internista está acostumbrado a enfrentarse a cuadros que no encajan del todo en un diagnóstico evidente.
Las enfermedades minoritarias, autoinmunes o sistémicas muchas veces no se presentan de forma clara desde el principio. Pueden dar síntomas muy variados, afectar a varios órganos y pasar tiempo hasta que alguien conecta las piezas. Ahí el internista puede aportar mucho: integrar datos que parecen dispersos, mantener la sospecha clínica, orientar las pruebas, coordinar con otros especialistas y evitar retrasos diagnósticos innecesarios.
“El programa del congreso recoge bastante bien esta preocupación, con talleres sobre cronicidad, pluripatología, fragilidad y sarcopenia, y también con bloques sobre enfermedades muy frecuentes en nuestra práctica”
El programa incluye temas como enfermedades autoinmunes sistémicas, uveítis, enfermedades inflamatorias con expresión linfadenopática, novedades terapéuticas y enfermedades minoritarias. También se aborda cómo diagnosticarlas y cuál es la visión del internista en patologías como la fenilcetonuria en adultos.
Este enfoque refleja muy bien una de las fortalezas de nuestra especialidad: mirar más allá de lo evidente y no quedarnos solo con la primera explicación posible. En enfermedades complejas, muchas veces el diagnóstico empieza antes de la prueba. Empieza con una sospecha clínica bien orientada de donde pueden ir los tiros, aunque todavía no acertemos en el centro de la diana.
¿Qué otros aspectos destacaría de este congreso?
Destacaría que es un congreso pensado desde la práctica clínica real. No es solo un programa de actualización, sino también un espacio para encontrarnos, compartir experiencia y llevarnos herramientas útiles para el día a día. Un lugar de encuentro para todos los internistas.
«Una de las asignaturas pendientes es dejar de actuar solo cuando el paciente se descompensa y pasar a una atención más anticipatoria, más ordenada y más coordinada»
El programa combina mesas científicas sobre áreas muy presentes en medicina interna riesgo cardiovascular, insuficiencia cardiaca, enfermedad tromboembólica, EPOC, infecciosas, enfermedades autoinmunes y minoritarias, con talleres prácticos sobre competencias concretas como ecografía clínica, VMNI, cuidados paliativos, fragilidad y pluripatología.
También me parece importante el espacio que se da a las comunicaciones científicas, a los casos clínicos complejos y al intercambio entre profesionales. A veces, una parte muy valiosa de un congreso ocurre precisamente ahí: cuando compartes dudas, experiencias y formas distintas de abordar problemas comunes.
Creo que el programa tiene un buen equilibrio entre ciencia, práctica clínica y reflexión sobre hacia dónde va la especialidad. No se trata solo de repasar novedades, sino de preguntarnos qué medicina interna necesita hoy el sistema sanitario: una especialidad capaz de liderar la atención al paciente complejo, trabajar con otras disciplinas, incorporar innovación de valor y mantener siempre una mirada humana.
También quiero agradecer sinceramente la labor de todos los miembros de la Junta, comité organizador y científico, porque gracias a su implicación y trabajo ha sido posible elaborar un programa muy alineado con los retos reales de nuestra profesión. La idea es que este congreso sea un punto de encuentro para aprender, debatir y pensar juntos la medicina interna que queremos construir en los próximos años.

