Anuario iSanidad 2025
Dr. José Carmelo Albillos, presidente de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram)
Tradicionalmente, el radiodiagnóstico se ha considerado como una especialidad poco menos que invisible, al menos desde el punto de vista del paciente, y al radiólogo como un profesional necesario, pero que pasaba desapercibido dentro del proceso asistencial.
Sin embargo, en los últimos años este panorama ha cambiado y cada vez la radiología y el radiólogo son reconocidos como elemento fundamental en la atención al paciente, sobre los que pivotan muchas decisiones clínicas. Este reconocimiento viene dado fundamentalmente por varios factores que han contribuido de forma decisiva a ello.

En primer lugar, se ha producido una muy importante renovación tecnológica, que ha llegado al sistema público gracias fundamentalmente al Plan de Inversión en Equipos de Alta Tecnología (Inveat), una iniciativa financiada con fondos europeos que ha puesto a disposición de los radiólogos herramientas de las que o bien no se disponía o eran de disponibilidad limitada.
Los aparatos de tomografía computarizada (TC), muchos con capacidad espectral; los dispositivos de resonancia magnética (RM) de alto y muy alto campo; y los equipos intervencionistas se han actualizado de forma generalizada. No olvidemos tampoco la renovación del equipamiento convencional gracias al Plan de Acuerdos Marco de Equipos de Alta Tecnología Sanitaria (Amat-I).
Cada vez la radiología y el radiólogo son reconocidos como elemento fundamental en la atención al paciente, sobre los que pivotan muchas decisiones clínicas
Todo ello ha contribuido a poner al alcance de los radiólogos herramientas y técnicas de última generación. Otro hecho fundamental ha sido la introducción de la inteligencia artificial en todo el proceso radiológico, herramienta imprescindible para estandarizar y mejorar la adquisición de estudios; ayudar en tareas rutinarias de detección de lesiones; y realizar cuantificación, posprocesado complejo y extracción de características radiómicas. Su implantación racional y estructurada y su desarrollo tutelado son tareas en curso.
En segundo lugar y, apoyado en gran parte en lo anterior, han seguido desarrollándose y mejorando nuestras habilidades en los diferentes campos de la especialidad. Empezando por el de los cribados: tanto en el de mama, universalmente establecido, como en los que están ya ahí, como el de cáncer de pulmón. Diferentes circunstancias han hecho que el radiólogo haya pasado a primer plano de la actualidad como eje y garante del proceso.
Siguiendo por todo el ámbito diagnóstico, donde la mayor esperanza de vida, la cronificación de procesos como el cáncer y la puesta en marcha de terapias personalizadas que requieren controles estrechos por imagen se han sumado a la actividad tradicional. Este proceso requiere tanto aumentar la cantidad de pruebas como mejorar la información que proporcionamos con nuestros estudios.
Diferentes circunstancias han hecho que el radiólogo haya pasado a primer plano de la actualidad como eje y garante del proceso
Finalizando en el ámbito de la terapia, donde las técnicas mínimamente invasivas guiadas por imagen aumentan cada vez más sus indicaciones. En tercer lugar, la atención al paciente ha mejorado significativamente gracias a la potenciación de los comités multidisciplinares, donde la toma de decisiones se hace de forma consensuada entre los diferentes especialistas y en los que el radiólogo participa de forma activa: no solo aportando sus conocimientos a través del informe radiológico, sino también en la visión global del proceso del paciente. Así, ejerce la radiología clínica, no solo interpretativa.
La atención al paciente ha mejorado significativamente gracias a la potenciación de los comités multidisciplinares, donde la toma de decisiones se hace de forma consensuada entre los diferentes especialistas
Por último, el radiodiagnóstico se está constituyendo cada vez de forma más clara como especialidad multiprofesional, en la que no solo participan como tradicionalmente ha sido los radiólogos, los técnicos superiores en imagen para el diagnóstico (TSID) y la enfermería radiológica, sino también cada vez más ingenieros de procesos, bioingenieros y matemáticos, entre otros.
Actualmente, son necesarios para mejorar los procesos radiológicos, realizar análisis radiómicos, ayudar en la segmentación de imágenes, fusionar imágenes y técnicas híbridas, ser parte central en las unidades de impresión y fabricación 3D y realidad aumentada… Son campos en pleno desarrollo, de enorme potencial y en los que los radiólogos necesitamos otros profesionales que nos complementen con sus conocimientos técnicos.
El panorama es, pues, alentador. Somos más decisivos en la atención al paciente y cada vez más visibles para el público y el resto de los profesionales médicos. Tenemos, no obstante, retos que superar: paliar la escasez de radiólogos; mejorar su formación, tanto en el periodo MIR como continuada; y adoptar todas las nuevas técnicas de forma racional y estructurada.
También necesitamos que los TSID mejoren su formación y pasen a tener las capacidades y la categoría profesional que se merecen, acorde con la tecnología que manejan. Los radiólogos somos apasionados de nuestra especialidad y hemos trabajado y seguimos trabajando para estar a la altura de las necesidades del paciente con el único objetivo de mejorar su atención.
