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Solo el 1% de la comunidad genera el 74% de los conflictos de desinformación

Patricia Durán Carrasco
En un informe de 2025 del Instituto Reuters, el 58% de los encuestados estaba preocupado por no saber distinguir la información verdadera de la falso en Internet. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, en un estudio sobre redes sociales, la desinformación llegó hasta el 51% de los contenidos sobre vacunas y un 28% sobre pandemias. Mientras que, en Twitter, las noticias falsas son un 70% más propensas de ser retuiteadas y seis veces más rápidas en la propagación que la información veraz.

Respecto a la desinformación sanitaria, “puede afectar directamente a la salud de las personas, a la relación entre médicos y pacientes, a la reputación de las instituciones sanitarias y a la confianza en nuestro sistema sanitario, ya que la confianza en sanidad es una condición esencial”, ha comentado José Manuel Baltar, presidente Aspe, durante el acto de bienvenida de la Jornada ‘Fake news en el ámbito sanitario’, organizada por Aspe y la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) y celebrada este martes. Y añade que “un ciudadano que recibe una información confusa o contradictoria puede retrasar la consulta, dejar los tratamientos e incluso desconfiar del profesional”.

Las noticias falsas se propagan en Twitter seis veces más rápido que la información veraz

En este sentido, Pepe Bouza, director de comunicación de Vithas y presidente de la Comisión de DirComs de Aspe, ha añadido que “desinformar no es solo mentir, sino también simplificar demasiado o presentar como definitivo algo que es preliminar, al tiempo que es reduccionista que la salud sea solo de las redes sociales y de los pseudomedios”. Por otro lado, Baltar también ha recalcado la idea de que es necesario formar a los pacientes para que conozcan cuáles son las fuentes fiables a la hora de buscar información sanitaria.

Titulada ‘La desinformación en salud: riesgo global, desafío local’, en la ponencia de Mª Pilar Muñoz, coordinadora de la Comisión Contra la Desinformación en Salud de ANIS, se ha analizado las conclusiones del Informe ANIS 2026: Desinformación en Salud en España. Según el documento, el 74% de los conflictos que se inician para difundir desinformación lo genera un 1% de la comunidad. Asimismo, en las encuestas realizadas a profesionales de la salud, de la comunicación, pacientes e investigadores se detectó desconfianza con la información.

Para afrontar la desinformación en la salud, en España se están llevando a cabo hasta 76 iniciativas desde los distintos gobiernos autonómicos y universidades, pero “falta una unión entre todas esas iniciativas”, ha destacado Muñoz. En este sentido, Anis ha propuesto la creación de una estrategia coordinada por el Ministerio de Sanidad para combatir la desinformación.

Según un informe de 2025, el 58% de los encuestados estaba preocupado por no saber distinguir la información verdadera de la falso en Internet

Entre las principales narrativas desinformadas que se generan en España, destacan los temas relacionados con las vacunas, la nutrición, el cáncer o el abuso de sustancias. Como culpable, la sociedad señala al periodismo de no proporcionar información verificada. Sin embargo, el Observatorio Ibérico de Medios Digitales, detectó que, durante la pandemia, el 96% de las noticias falsas provenían de las redes sociales y no de los medios.

La expansión de los bulos o fake news también se ven favorecidas por la rapidez con la que se distribuye este tipo de informaciones en las redes sociales, que junto a un buen diseño y puesto el foco en las emociones de las personas, consiguen que los internautas estén constantemente consumiendo este contenido y retroalimentándose de información no veraz. Asimismo, las redes sociales son un espacio para que “determinadas ideologías fomenten el caos porque les interesa que la población esté desinformad”, ha comentado Carlos Mateos, coordinador del Instituto Salud Sin Bulos, durante su participación en la mesa redonda ‘La información sanitaria en tiempo de ruido’.

En la mesa redonda, moderada por Laura Montes, responsable de comunicación de Aspe, también participaron Mª Pilar Muñoz, de ANIS; Pepe Bouza de Vithas y Aspe; y Angélica Alarcón, directora de comunicación de Ribera Salud. Los cuatro ponentes han estado de acuerdo que el uso de la inteligencia artificial (IA) es una herramienta de ayuda para los profesionales del sector sanitaria para ayudarles a comunicar mejor a sus pacientes. Aunque han considerado que profesionales y pacientes deben formarse en el uso de la IA.

Durante la pandemia, el 96% de las noticias falsas provenían de las redes sociales y no de los medios

Alarcón ha recordado que es esencial que “los médicos enseñen a sus pacientes a buscar información veraz sobre su patología”, para evitar que abandonen el tratamiento o que pierdan la confianza con su médico.  Y ha añadido que “la asignatura pendiente que tenemos es la de comunicar mejor para que llegue a todos los perfiles de personas”.

Como soluciones al problema de la desinformación, los ponentes han destacado la importancia de seleccionar a un portavoz que tenga la confianza de las personas, fomentar el espíritu crítico, y el uso de la IA por parte del profesional sanitario con el fin de mejorar la divulgación.

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