Pablo Malo Segura
Gabriela Vázquez Vegas (fotografías)
En un entorno de alta presión asistencial y listas de espera en aumento, la gestión de los equipos electrónicos en medicina requiere sistemas de medición cada vez más precisos. Durante una mesa de expertos organizada por iSanidad en colaboración con la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), se ha resaltado la necesidad de contar con indicadores de calidad (KPIs) de mantenimiento de equipamiento tecnológico para optimizar la toma de decisiones y evitar la denominada «máquina parada».


Rubén Aller, vocal de la Sociedad Española de Electromedicina e Ingeniería Clínica (Seeic), anuncia que, durante el Congreso de la sociedad que tendrá lugar entre el 27 y 29 de mayo en Las Palmas, presentarán una Guía para la Gestión Estratégica y responsable del Equipamiento Médico. «Los indicadores de mantenimiento son los que nos dan la información de lo que está pasando y lo que está sucediendo alrededor del equipamiento», expone.
Los indicadores de mantenimiento permiten conocer qué está ocurriendo alrededor del equipamiento tecnológico y avanzar hacia una gestión más predictiva y eficiente


El indicador central de cualquier servicio de ingeniería clínica es el uptime o tiempo de disponibilidad. Para los gestores hospitalarios, especialmente en centros de alta complejidad, el margen de error es mínimo. Alfredo Somolinos, subdirector de Gestión de Infraestructuras y Área Técnica del Hospital Clínico San Carlos (Madrid), explica que, en equipos críticos como las resonancias magnéticas que funcionan en múltiples turnos, el objetivo es «que no se pare ni un minuto».
No obstante, Manel Rodríguez, representante del sector de Tecnología y Sistemas de Información Clínica de Fenin, advierte que el dato bruto de disponibilidad puede ser engañoso si no se personaliza. Un equipo puede tener un uptime del 95%, pero si ese 5% de inactividad coincide con el pico de demanda asistencial, el impacto puede llegar a ser muy elevado. «Tenemos que adaptar nuestros uptimes a las necesidades asistenciales cada equipo», resalta.
El impacto de la inactividad
La mesa de expertos ha profundizado en lo que Rubén Aller denomina las “consecuencias por detrás» de una avería. Una parada técnica no es solo un equipo sin funcionamiento; implica flujos de trabajo interrumpidos, personal inactivo y, lo más grave, pacientes que no reciben a tiempo su diagnóstico o tratamiento. El ejemplo más crítico se encuentra en la medicina nuclear, donde el uso de isótopos con vida media muy corta implica que, si un equipo falla, se pierde un material carísimo y se compromete la seguridad de un paciente que ya ha sido inyectado. «Esto supone una pérdida de mucho dinero«», avisa.


Por ello, se está transitando hacia indicadores más sofisticados, como el «tiempo de respuesta técnica» y el «tiempo de resolución real», potenciando la resolución remota. Manel Rodríguez subraya que la capacidad de diagnóstico a distancia es clave para que cuando llegue el técnico «acuda con la pieza necesaria para resolver la avería», lo que permite reducir el tiempo de inactividad del equipo.
Una parada técnica no solo implica un equipo fuera de servicio: también interrumpe flujos de trabajo, retrasa diagnósticos y afecta directamente al paciente
Contratos de mantenimiento
La coordinación entre fabricantes, proveedores de servicio y hospitales ha sido otro de los puntos destacados de la mesa. Los expertos han coincidido en que los contratos de mantenimiento con acuerdos de nivel de servicio (SLA) permiten definir con claridad los tiempos de respuesta, la disponibilidad de repuestos y los roles de cada actor. En este sentido, estos acuerdos son una herramienta importante para ordenar la relación entre las partes y asegurar que el equipamiento responde a las necesidades asistenciales.
Alfredo Somolinos recuerda que la elección entre fabricante o proveedor externo depende de la tecnología, la ubicación del hospital y el nivel de especialización requerido. En equipos de alta tecnología, la disponibilidad de piezas, las actualizaciones de software y la capacitación técnica pueden ser determinantes. Mejorar la medición en el mantenimiento del equipamiento tecnológico permite pasar de reaccionar ante la avería a anticiparse a ella (modelo predictivo), optimizar recursos y la planificación de futuras renovaciones del parque tecnológico y garantizar la continuidad asistencial.
