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Hartazgo ciudadano presiona una salida a la crisis social

La evaluación fue planteada en el programa Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, donde ambos especialistas analizaron el momento político que atraviesa el país.

La crisis, marcada por bloqueos, tensión social y presión sobre el Gobierno, ingresó en una nueva fase. Ya no se trata solo de medir la fuerza de los sectores movilizados o la resistencia del Gobierno.

El punto central, según los entrevistados, está en el cansancio acumulado de la ciudadanía.

Desgaste ciudadano marca un nuevo momento de la crisis social

Manuel Mercado sostuvo que una eventual negociación no nace del agotamiento del Gobierno ni de una derrota de las organizaciones movilizadas.

A su juicio, el factor decisivo es el hartazgo ciudadano.

“El actor que creo que está más desgastado y está en un punto muy complicado, es justamente la ciudadanía”, afirmó Mercado durante la entrevista.

El analista explicó que la población afectada por los bloqueos, especialmente en ciudades como La Paz y El Alto, empezó a ejercer una presión indirecta sobre todos los actores.

Esa presión, dijo, puede pasar factura tanto a los dirigentes de las organizaciones sociales como al propio Gobierno si el conflicto no encuentra un cauce.

Para Mercado, el malestar cotidiano en mercados, transporte, calles y hogares obliga a evaluar un nuevo escenario político.

En esa línea, remarcó que la calle vuelve a recordar un principio central de la política boliviana: los cambios estructurales no pueden avanzar sin consulta ni consensos con los sectores populares.

Gobierno busca reubicarse en el centro político

Natalia Aparicio observó que el Gobierno de Rodrigo Paz empezó a modificar su narrativa frente al conflicto.

Según la analista, el Ejecutivo mantiene la acusación de narcoterrorismo en torno a Evo Morales, pero comienza a diferenciar ese bloque de las demandas del altiplano.

Ese cambio, explicó, puede abrir una tregua si se traduce en decisiones concretas.

Aparicio advirtió, sin embargo, que la distensión puede ser temporal si el Gobierno repite una lógica discursiva sin cambios reales en la acción política.

“Puede que el conflicto se calme, puede que entremos de nuevo a una tensa calma, pero es un polvorín”, señaló.

La analista sostuvo que el Gobierno intenta ubicarse en el centro político, entre Evo Morales y Tuto Quiroga.

Ese movimiento busca, según su lectura, marcar distancia de dos polos enfrentados y recuperar margen de maniobra ante la crisis.

Rodrigo Paz entre Evo Morales y Tuto Quiroga

Mercado coincidió en que el Gobierno parece ensayar una corrección estratégica.

Para el analista, Rodrigo Paz no puede sostenerse solo con sectores conservadores ni excluir a la base popular que respaldó su llegada al poder.

Desde esa mirada, la posible incorporación de sectores populares en espacios de decisión podría ayudar a restablecer cierto equilibrio político.

Mercado aclaró que esa inclusión no debe entenderse como prebenda ni reparto del Estado, sino como representación de sectores que se sienten desplazados.

El analista consideró que el Gobierno necesita dialogar con más de un actor social y político para transitar el actual periodo.

Una mayoría que no se reconoce en los extremos

Aparicio añadió que Bolivia no es un país dominado por extremos.

Señaló que existe una mayoría silenciosa que no se reconoce plenamente ni en la izquierda ni en la derecha.

Ese sector, dijo, busca estabilidad, respuestas concretas y condiciones mínimas para vivir con normalidad.

La analista vinculó esa lectura con una tendencia más amplia, visible también en otras partes del mundo, donde las posiciones extremas son más ruidosas, pero no siempre mayoritarias.

En ese contexto, el intento del Gobierno por ocupar el centro político puede ser una oportunidad, aunque también implica riesgos.

Si no logra convertir la narrativa en gestión, el conflicto puede reactivarse.

Ver también: La Túpac Katari mantiene bloqueos y dispone ‘paso humanitario’ para emergencias médicas

Distensión no equivale a solución definitiva

Para los entrevistados, la posible distensión no debe confundirse con una solución de fondo.

El desenlace del conflicto definirá si el Gobierno recompone su gobernabilidad o si queda reducido a administrar una crisis mayor.

Mercado advirtió que las movilizaciones dejarán costos políticos para todos los actores involucrados.

Aparicio, por su parte, remarcó que el Ejecutivo deberá enfrentar decisiones difíciles en un país que ya exige pactos y un nuevo equilibrio.

La crisis social, por tanto, entra en una fase decisiva.

El cansancio ciudadano abrió una oportunidad para bajar la tensión, pero la estabilidad dependerá de la capacidad del Gobierno y de los sectores movilizados para transformar la presión social en acuerdos políticos verificables.

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