Juan Pablo Ramírez
Gabriela Vázquez Vegas/Ana Fernández Agüero (Fotografía y vídeo)
La compra pública basada en valor, la evaluación de resultados en salud, la renovación tecnológica y la adopción de innovación fueron algunos de los principales temas identificados en el Informe Communis MedTech de iSanidad. En este contexto, el consejero de Salud de Cantabria, César Pascual, defiende la necesidad de avanzar hacia modelos centrados en el impacto real sobre el paciente y sostiene que la incorporación de nuevas tecnologías solo tiene sentido si contribuye a mejorar los procesos asistenciales, la calidad de la atención y los resultados en salud.
El Informe Communis MedTech concluye que la compra pública sigue demasiado condicionada por el precio. ¿Qué pasos está dando Cantabria para incorporar criterios de valor y resultados en salud en sus procesos de contratación?
Todavía el precio sigue siendo uno de los parámetros fundamentales a la hora de comprar. Venimos de un modelo administrativo en el que era el factor determinante y nos está resultando costoso cambiar esa cultura para incorporar procesos en los que se valoren otras cuestiones.
“Estamos confundiendo muchas veces la equidad geográfica con la equidad en resultados, que es la que realmente importa”
La Ley de Contratos contempla esta posibilidad, pero no la desarrolla suficientemente. Además, en el proceso intervienen otros actores de la Administración, como servicios jurídicos, intervención o distintos órganos de control, que también condicionan la toma de decisiones. En los sistemas de salud la necesidad de comprar por valor y por resultados está cada vez más asumida, pero en otras partes de la cadena todavía persisten inercias del modelo tradicional. Estamos avanzando, pero la burocracia no nos permite hacerlo a la velocidad que probablemente demanda la sociedad.
Estamos asistiendo a un cambio en el que no se trata ya de la adquisición de un aparato o de un equipo, sino la contratación de un servicio, ¿está preparado el sistema público para este cambio y qué barreras reales existen para implantar una compra basada en valor?
Las barreras principalmente son culturales de organización y son las que más cuesta cambiar. Desde el comienzo de este siglo, el crecimiento ha sido exponencial. Hemos incorporado nuevas tecnologías y nuevos conceptos que están transformando los procesos muy rápidamente. El cambio tecnológico con la aparición de la inteligencia artificial resulta tan rápido que nos obliga a adaptarnos de una manera acelerada para la que no estábamos preparados ni culturalmente ni administrativamente.
Vamos adaptando la parte administrativa, pero todavía la parte cultural cuesta mucho. Existe una conciencia generalizada por avanzar en resultados en valor. De hecho, hemos puesto en marcha una estrategia no solo para la compra, sino para este cambio de modelo de la asistencia sanitaria, que supone trabajar con resultados y medicina basada en valor. Me refiero precisamente al valor que le interesa al paciente, que no es el mismo para el clínico o la organización sanitaria. Nos quedan todavía muchos deberes, hay que reconocerlo, pero sí que es apreciable el cambio. Ya no compramos igual que antes de la pandemia.

“No podemos caer en el error de incorporar la innovación tecnológica mediante programas piloto; debemos integrarla plenamente en el proceso asistencial desde el principio”
El sector reconoce que los reglamentos MDR e IVDR han elevado los estándares de seguridad, pero alerta de un cuello de botella regulatorio, ¿comparten este diagnóstico?
Ambas cuestiones son ciertas. Hay que felicitarse porque la Unión Europea ha aprobado una regulación que nos ofrece mayor seguridad. Pero al mismo tiempo es cierto que el exceso de regulación puede suponer un riesgo que frene la innovación. Para evitar este problema, este marco regulatorio debe ser flexible. Quizás estamos siendo demasiados rígidos a la hora de aplicar la regulación. Toda norma es interpretativa y existe un margen de maniobra para que la regulación no sea un freno a la incorporación de todos los procesos.
Tras programas como Inveat, el sector advierte de que España podría volver a enfrentarse a un problema de obsolescencia si no existe una planificación sostenida. ¿Dispone Cantabria de una estrategia de renovación tecnológica a medio y largo plazo?
Nuestro planteamiento no es la renovación tecnológica o la adquisición de equipos, sino avanzar hacia la compra de servicios. Para ello, resulta clave la implicación directa de los servicios clínicos. Cuando planteemos la incorporación de una tecnología, nos tenemos que hacer la misma pregunta. ¿Qué vamos a cambiar? Si seguimos haciendo lo mismo, no nos aporta nada. No podemos caer en el error de tratar de incorporar la innovación tecnológica con programas piloto, sino integrarla de forma plena en todo el proceso asistencial y desde el principio.
¿El objetivo es que tenga un impacto en la lista de espera?
Exactamente, porque aquí trabajamos para los pacientes y si no buscamos ese impacto directo en el paciente y en la mejora de los procesos asistenciales, de nuestra capacidad productiva y de la calidad, no tiene sentido la innovación tecnológica.
¿Cómo es la colaboración con Ingesa para la renovación de equipos?
La colaboración con Ingesa en este momento es muy positiva. Creo que hemos dado un salto adelante. Han desarrollado unos mecanismos de compra centralizada e innovadora, del cual nos estamos beneficiando. Es una ventaja que la adhesión sea voluntaria. Pienso que debemos tener cuidado para que esta colaboración a la hora de formular las compras no se traduzca en uniformidad en todo el territorio. Nuestras necesidades son distintas y, a veces, la tendencia de tratar de organizar procesos de compra centralizada tiende mucho a la uniformidad para optimizar precios y puede ocurrir que no se cubran las necesidades particulares.
“Ya no compramos igual que antes de la pandemia; existe una conciencia generalizada de avanzar hacia una asistencia sanitaria basada en valor y resultados”

El sector reclama una adopción más homogénea de la innovación tecnológica entre territorios. ¿Existe riesgo de que el código postal siga condicionando el acceso a determinadas tecnologías sanitarias?
Yo discrepo parcialmente. Los sistemas de salud no son homogéneos porque responden a realidades territoriales y poblacionales distintas. No todos vamos a poder hacer de todo ni necesitamos disponer de las mismas tecnologías o carteras de servicios.
La clave no es que todos tengamos exactamente lo mismo, sino garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a la mejor atención posible. El código postal condiciona cuando no existe una alternativa. Si una tecnología o procedimiento no está disponible en Cantabria, debemos ser capaces de ofrecer al paciente una vía de acceso a través de la colaboración con otros centros. Estamos confundiendo muchas veces la equidad geográfica con la equidad en resultados, que es la que realmente importa.
¿Se trataría entonces de fortalecer las redes de los centros, servicios y unidades de referencia (CSUR)?
Exactamente, se trataría de fortalecer los CSUR y las líneas de cooperación entre todas las comunidades. Nosotros, por ejemplo, en el Marco Europeo de Centros de Referencia de Cáncer, estamos llevando a cabo una iniciativa inédita en Europa. Estamos trabajando dos comunidades autónomas juntas; es decir, La Rioja y Cantabria. Podemos colaborar, trabajar en red y reorganizar nuestro servicio y ofertar a los ciudadanos un centro de máximo nivel.
¿Qué mecanismos utiliza Cantabria para evaluar e incorporar nuevas tecnologías cuando demuestran valor clínico y eficiencia?
El mecanismo fundamental es el impacto en el ciudadano o en el paciente. Creo que los mecanismos de evaluación tecnológica ya están de sobra implantados y nosotros no tenemos que entrar a juzgarlos. Hay un real decreto que sale ahora y, por tanto, ese trabajo nos va a venir dado. A la hora de implantar tecnologías, sobre todo si son innovadoras, debemos evaluar el impacto real en la vida de los pacientes.
Tenemos que comprobar si hemos acertado o tenemos que modificar procesos para conseguir aquellos objetivos que habíamos pensado cuando tomamos la decisión de comprar. Si no lo logramos, tenemos que ver si nos hemos equivocado en la compra. Probablemente el problema sea que no estamos optimizando el valor que nos aporta. Ahí es donde nosotros queremos hacer hincapié.
