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El cribado del cáncer de hígado solo llega al 28% de los pacientes con VIH y hepatitis B que lo necesitan

Redacción
Solo el 28% de los pacientes con infección por el VIH y hepatitis B crónica que cumplen criterios para someterse a programas de vigilancia frente al cáncer de hígado reciben el seguimiento recomendado por las guías clínicas internacionales, según un estudio europeo liderado por investigadores españoles del Grupo de Estudio del Sida (Gesida).

Los autores de este estudio han advertido de que existe una importante brecha entre las recomendaciones clínicas y la práctica asistencial habitual. Además, han señalado que esta situación podría limitar el diagnóstico precoz y las opciones de tratamiento de este tumor.

Este trabajo, publicado en la revista Clinical Infectious Diseases, se enmarca dentro del proyecto europeo HDV-Europe y del Estudio Gesida 12524 y ha sido coordinado por el Dr. Juan Berenguer, del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, y por Pablo Ryan, del Hospital Universitario Infanta Leonor. Los investigadores analizaron la situación de 1.308 personas con infección por VIH y hepatitis B crónica atendidas en 49 hospitales de España, Alemania y Polonia, incluidos 21 centros españoles.

Los investigadores analizaron la situación de 1.308 personas con infección por VIH y hepatitis B crónica atendidas en 49 hospitales de España, Alemania y Polonia

Tras excluir a los pacientes con antecedentes de cáncer hepático, los investigadores comprobaron que el 88% de los participantes cumplían los criterios establecidos por la European AIDS Clinical Society (EACS) para participar en programas de vigilancia del carcinoma hepatocelular. Sin embargo, solo uno de cada cuatro recibía el seguimiento recomendado mediante ecografías hepáticas periódicas.

Los resultados también evidenciaron diferencias significativas según el perfil clínico de los pacientes. Mientras que dos de cada tres personas con cirrosis participaban en programas de cribado adecuados, la situación era mucho peor entre quienes no presentaban esta patología, pero sí otros factores de riesgo reconocidos por las guías clínicas. En este grupo, que además representaba la mayoría de los candidatos al cribado, solo el 24% estaba siendo sometido a vigilancia periódica.

«La mayoría de las personas con VIH y hepatitis B atendidas actualmente en Europa cumplen criterios para beneficiarse de programas de vigilancia frente al cáncer de hígado, pero una gran parte de ellas no está recibiendo este seguimiento«, ha explicado el Dr. Berenguer. Además, el coordinador del estudio ha agregado que «esto supone una oportunidad perdida para detectar precozmente una enfermedad cuyo pronóstico depende en gran medida del momento en que se diagnostica».

El Dr. Berenguer ha agregado que «supone una oportunidad perdida para detectar precozmente una enfermedad cuyo pronóstico depende en gran medida del momento en que se diagnostica»

Aunque la vacunación sistemática y los tratamientos antirretrovirales activos frente al virus de la hepatitis B han reducido de forma progresiva la carga de esta coinfección, la hepatitis B crónica continúa siendo la principal hepatitis viral crónica en las personas con VIH en países con acceso universal a los tratamientos frente al virus de la hepatitis C.

En nuestro país, la prevalencia de infección activa por hepatitis B entre las personas con VIH se sitúa actualmente en torno al 3%, una cifra inferior a la registrada hace dos décadas, pero que sigue afectando a miles de pacientes atendidos en el Sistema Nacional de Salud (SNS).

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