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El gobierno acaba de “sincerar” el tipo de cambio, disponiendo un dólar flotante a su inicio de Bs 9,73 por dólar, dejando enterrado el tipo de cambio fijo de 6,96. Es verdad que en el mercado el que dominaba era el paralelo, es en función de este cambio que se hacían las transacciones entre particulares.
Sin embargo, hay otros rubros que estaban cuantificados con el tipo de cambio oficial, como la compra de divisas a las empresas estatales o la compra de oro por el Banco Central de Bolivia (BCB), el pago de impuestos por importaciones o la valoración de activos, y los ahorros de la previsión social; hay pues efectos que no se han tomado en cuenta sobre los que de a poco el gobierno tendrá que ir poniendo paños fríos.
Además, hay un problema que puede convertirse en explosivo, el precio de los combustibles líquidos. En diciembre cuando se levantó la subvención, se niveló sus precios a los del mercado internacional, calculados con el tipo de cambio oficial. Hoy, cuando el tipo de cambio ha subido un 40%, se mantiene el precio de venta, retornando la subvención en el mismo porcentaje.
El problema no es de desconocimiento del gobierno, por eso autoriza la importación de combustibles líquidos a los privados, dándoles facilidades; sin embargo, no puede imponerles un precio de venta, este será el costo real más las expectativas que tienen sobre el negocio. Así, de pronto, tendremos dos precios para un mismo producto: naturalmente el mercado presionará la demanda sobre el de menor valor; más allá de que un pequeño sector acepte un precio elevado, en función de su costo/beneficio, antes que hacer colas. Al final es insostenible esta dualidad y concluirá con la unificación, teniendo como referencia el precio internacional al tipo de cambio flotante.
El ministro de hacienda ha declarado que el precio oficial de los carburantes no se moverá hasta diciembre; sin embargo, la subida del dólar no se detendrá: siete puntos en una semana señalan la tendencia, por lo cual la subvención aumentará. La estabilidad del Boliviano depende del respaldo de divisas que tenga el Estado, el gobierno piensa que esto vendrá de préstamos.
Sin embargo, la generación de divisas por el sector exportador crece aceleradamente: el ministerio de minería ha anunciado que este año las exportaciones de minerales llegarán a los $us 13.000 millones. El sistema financiero sólo informa de los ingresos de las remesas de compatriotas en el exterior, $us 700 millones, ¿cuánto ingresa de la minería y los agroexportadores? Al justificar su política cambiaria, el gobierno ha señalado que ésta incentivaría el ingreso de divisas al país; sin embargo, con la tendencia de aumentar la ganancia, estos recursos se irán a la especulación en el mercado negro o la acumulación en el exterior. Se impone la entrega obligatoria de divisas de todos, descontando los gastos realizados en el exterior.
El gobierno ha declarado emergencia energética. Una consecuencia de ella debiera ser poner en funcionamiento todos los mecanismos y recursos en esta área, entre ellas la importación de petróleo crudo, para su refinación en el país; Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos cuenta con la infraestructura necesaria, hoy casi paralizada. El planteamiento incluye el transporte del crudo por oleoducto; así la refinación en el país podría dar como resultado gasolina y diésel, como también asfalto, aceites y grasas.
También se debe acelerar los proyectos hidroeléctricos y las plantas fotovoltaicas, comenzar en serio la producción del carbonato de litio, retrasada por problemas políticos y burocráticos. Incluso, dada la emergencia, llegar a la prohibición de importar vehículos a gasolina y diésel, e incentivar a los de gas y eléctricos.
Estamos en crisis: una acción unilateral y sesgada puede agravarla y llevar a su explosión.
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