Hace bien la presidenta Fujimori cuando marca posición respecto a la condición de “transición” que define esta primera etapa de gobierno, donde tendrán que evaluar en qué situación reciben el aparato de Estado.
Tres serán los ejes que, tras definir esta línea de base, priorizaría el gobierno electo este 28 de julio: 1.- Atender con inmediatez la prevención de los impactos que tendrá la nueva temporada del fenómeno El Niño; 2.- Iniciar reformas de segunda generación que mejoren estándares de calidad en sectores sociales claves como Vivienda, Salud y Educación; y 3.- Relanzar la economía peruana en sectores estratégicos como Construcción de Gran Infraestructura, Minería, Agroindustria y Turismo.
Lograrlo requiere recuperar la institucionalidad perdida por la Presidencia de la República los últimos 15 años y reestablecer el orden interno para neutralizar el crimen organizado. Nunca más el “Estado ausente” debe ser un dato recurrente en la narrativa de nuestra coyuntura.
Lograrlo requiere resolver con inteligencia dos grandes frentes de negociación. Uno es elegir un primer gabinete ministerial que reúna fuerzas políticas con reconocida base social, representación empresarial de avanzada y control social. Otro es definir las Mesas Directivas en Senado y Cámara de Diputados, con votaciones que resuelvan el impase que hoy enfrentan bancadas pro-mercado que priorizan la generación de riqueza con bancadas pro-distribución de riqueza que priorizan intervención estatal para regular más la actividad económica formal.
El premier elegido tendrá que ser uno con claro perfil político y no solo tecnocrático. Trascendidos de la última semana indican que este encargo recaería en su primer vicepresidente, Luis Galarreta. En simultáneo, su segundo vicepresidente, Miguel Torres, tendría ya dos encargos: supervisar comisiones de transferencia con la conducción operativa del jefe de plan de gobierno, Marco Vinelli; y negociar con las bancadas quién presidirá las nuevas Mesas Directivas del Poder Legislativo. El reto es respaldar el Plan de Emergencia que se anunciaría como medidas inmediatas para los primeros 100 días.
Otras polémicas reformas que podrían sumarse buscando adhesión en las distintas fuerzas políticas serían la reforma electoral y la reforma del sistema de Justicia. El reto sería no repetir los papelones electorales que venimos dando al mundo, ni el uso y abuso de la Justicia como herramienta de persecución política.
Un frente clave será el Internacional, donde Fujimori tiene mucho espacio para cosecha personal. Podría convertirse, incluso, en el refuerzo que su legitimidad gubernamental requiere en la región, considerando que los países vecinos vienen dando un giro hacia economías de mercado, donde la generación de riqueza es la base sobre la cual se sostienen políticas de inclusión social y distribución de riqueza.
En esta perspectiva, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Argentina estarían encaminados en una hoja de ruta similar al plan de gobierno que Fuerza Popular tiene para el Perú. Fujimori tiene el reto de leer bien esas hojas de ruta y renovar nuestra relación con los países vecinos, para fortalecer un trabajo conjunto como bloque socio económico, que tenga muy claro quién es el verdadero enemigo de nuestro futuro: las economías ilegales. No podemos tolerar más que éstas liberen territorios y establecen reglas de juego propias que van en contra de nuestra condición de Estados-Nación.
El reto de las nuevas autoridades es sacrificar posiciones duras y extremas para iniciar un período de estabilidad política que redefina nuestra Agenda País, una que sí podamos hacer realidad. Son tiempos de diálogo y concertación, y será esta dura negociación que se viene dando hoy la partera del futuro gabinete y de las decisiones que tomará el nuevo gobierno para retomar el rumbo del progreso.
