Patricia Durán Carrasco
Analizando las fuentes de información consideradas más fiables, el 83,8% de la población española confía más en quienes generan el conocimiento científico que en quienes lo gestionan y comunican. Sin embargo, aproximadamente uno de cada cuatro españoles presenta actitudes de populismo científico, es decir, prefiere el sentido común a la evidencia científica (25,5%) o cree que los científicos están confabulados con empresas y políticos (25,2%). Estas son algunas de las conclusiones de la segunda edición del informe ‘Desinformación científica en España 2026’, presentado el pasado miércoles en un briefing organizado por el Science Media Centre (SMC).
En este sentido, los profesionales sanitarios, las sociedades científicas y los investigadores son las personas y entidades en las que más confía la población española a la hora de informarse, según el informe, elaborado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt). El documento señala que la confianza en la ciencia constituye un activo sólido, aunque frágil, ya que, sin una adecuada alfabetización científica y mediática, puede convertirse en la puerta de entrada a contenidos que solo imitan la apariencia del conocimiento científico.
Uno de cada cuatro españoles presentan actitudes de populismo científico, prefiriendo el sentido común a la evidencia científica, y cree que los científicos están confabulados con empresas y políticos
En cuanto a los organismos que generan mayor confianza, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) encabeza la clasificación con un 73,3%, seguida de las Naciones Unidas (ONU), con un 52,5%, y la Unión Europea, con un 45,2%. En los últimos puestos se sitúan los periodistas (31,1%) y, en último lugar, los políticos (11,9%). Por su parte, los amigos y familiares suscitan un nivel de confianza intermedio.
Asimismo, el informe muestra un cambio de tendencia en la desinformación respecto a la primera edición, cuando el covid-19 y las vacunas concentraban la mayor parte de los bulos. En esta segunda edición han ganado protagonismo las informaciones relacionadas con la nutrición y el bienestar, el cambio climático y los tratamientos médicos. Durante el trabajo de campo, realizado entre enero y febrero de 2026, un total de 2.115 personas encuestadas señalaron que el tema sobre el que más bulos habían recibido durante la última semana era la nutrición y el bienestar (40%), seguido del cambio climático (36,2%), los tratamientos médicos (31,9%) y las vacunas (28,3%).
El documento también analiza el papel de las redes sociales y la inteligencia artificial (IA), utilizadas por una parte importante de la población para informarse sobre ciencia, salud y medio ambiente. No obstante, los encuestados consideran que tanto las plataformas de vídeo como las redes sociales son los principales canales de recepción de desinformación, superando en ambos casos el 70%. Por su parte, la IA es identificada como un canal de difusión de bulos por el 29,8% de los participantes, que la perciben más como una herramienta para propagar desinformación que para verificar información.
Las redes sociales y las plataformas de vídeo son considerados los principales canales de recepción de desinformación
Como dato relevante, los bulos difundidos mediante conversaciones personales o llamadas telefónicas se propagan de forma más activa (13,3%) que los compartidos a través de las redes sociales (9,5%). En palabras de Celia Díaz Catalán, investigadora y profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y una de las codirectoras científicas del estudio, “se consume lo inmediato y no lo que ofrece mayor fiabilidad”.
Asimismo, los resultados del informe reflejan que el 57% de los encuestados considera a los partidos políticos como los principales agentes de desinformación, seguidos de los influencers (54,5%). Ante esta situación, el 79,2% de la muestra manifiesta preocupación por la posibilidad de que la desinformación manipule las creencias de la ciudadanía, mientras que un 69% considera que supone una amenaza para la democracia.
Las emociones superan a la credibilidad
Para este estudio se llevó a cabo un experimento destinado a analizar qué ocurre cuando las personas se enfrentan a contenidos desinformativos y cuál es su reacción emocional. Los resultados muestran que percibir una noticia como creíble reduce la probabilidad de compartir información falsa. Sin embargo, “esto tiene un precio: las personas comparten no solo menos noticias falsas, sino también menos noticias verdaderas”, matiza Pablo Cabrera Álvarez, investigador del Institute for Social and Economic Research de la Universidad de Essex (Reino Unido) y codirector científico del informe.
Además, el estudio demuestra que, cuando la información presenta una elevada carga emocional, la población presta menos atención a la verosimilitud del contenido y aumenta su tendencia a compartirlo, lo que favorece la difusión de noticias falsas. En otras palabras, la emoción termina prevaleciendo sobre la credibilidad.
