Redacción
El resultado del informe de la Joint Commission International (JCI) destaca el “sólido desarrollo organizativo y la implantación de sistemas estructurados de calidad” del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, hospital público de la Comunidad de Madrid, y pone en valor el trabajo realizado por los equipos asistenciales y no asistenciales del hospital; lo que ha llevado a la obtención del sello dorado de la JCI en una evaluación inicial con una de las máximas puntuaciones posibles.
Asimismo, la valoración global del informe JCI destaca la “implicación activa de todos los profesionales del hospital en la preparación, acompañamiento del equipo auditor y desarrollo de los distintos circuitos internos evaluados”, una acción muy positiva y reconoce el elevado grado de cumplimiento de los estándares evaluados y la madurez del sistema de gestión de calidad y seguridad del paciente implantados.
El sello JCI avala que toda la atención y procesos del hospital mostoleño están enfocados a la seguridad del paciente, la calidad asistencial y un proceso de mejora continua
“Tras este sello internacional está un equipo de profesionales, de personas, que han demostrado su pasión, profesionalidad y vocación por nuestra forma de hacer Medicina y, sobre todo, por cuidar a los pacientes”, afirma Marta del Olmo, gerente territorial del General de Villalba. Por su parte, el Dr. Jorge Short, gerente del hospital, considera que “este hito refuerza la confianza de los pacientes, familiares y sobre todo de los trabajadores, poniendo de manifiesto que los procesos del hospital están orientados a reforzar una atención segura, eficiente y humana, y refleja la madurez de la organización, que ha hecho de la calidad y la seguridad del paciente uno de sus leitmotiv, integrándolo en su cultura corporativa”.
De cara a los pacientes, este sello representa mayor seguridad, confianza, calidad, eficiencia y una atención centrada en la persona, alineada con los estándares internacionales más exigentes en este sentido. En la práctica, esto se traduce en aspectos tan concretos como el cumplimiento de las Metas Internacionales de Seguridad del Paciente establecidas por la JCI: la identificación inequívoca del paciente antes de cualquier procedimiento o tratamiento; la comunicación efectiva y estandarizada entre profesionales para evitar fallos en su transmisión; la mejora de la seguridad de los medicamentos de riesgo; la implementación de protocolos para asegurar una cirugía o procedimiento seguro; y una disminución del riesgo de infecciones asociadas a la atención sanitaria mediante la priorización del protocolo de higiene de manos.
Este reconocimiento beneficia tanto a pacientes como a profesionales sanitarios aportando mayor seguridad, confianza y calidad
En cuanto a los profesionales, la JCI es también una garantía de seguridad para ellos. “Someternos a una auditoría externa, internacional y objetiva ha sido un reto muy positivo porque nos ha permitido revisar y mejorar los protocolos y guías de actuación que orientan nuestra actuación; reflexionar sobre ello, sobre por qué hacemos las cosas como las hacemos y si es la forma más adecuada de hacerlas, o puede hacerse mejor aún; y aumentar nuestros niveles de exigencia para que el centro sea cada vez más seguro”, indica la Dra. Raquel Barba, jefa del Servicio de Medicina Interna y responsable de Seguridad del Paciente del centro mostoleño.
Para la obtención de este sello, a lo largo de cuatro jornadas se revisaron numerosos aspectos clave del hospital, abarcando desde la atención directa al paciente hasta la gestión de la información, la seguridad, la gestión de los medicamentos o la mejora continua de la calidad, lo que pone de manifiesto el carácter transversal de esta evaluación, realizado conforme a estándares internacionales, con el objetivo de analizar de forma exhaustiva la calidad asistencial, la seguridad del paciente y el funcionamiento global de la organización.
Durante la auditoría, un equipo multidisciplinar de evaluadores compuesto por perfiles médicos, de enfermería y gestión ha analizado los procesos mediante distintas metodologías, incluyendo revisión documental, revisión de historias clínicas, observación directa y evaluación del cumplimiento de los estándares en situaciones reales. Asimismo, analizaron indicadores específicos mediante los denominados elementos medibles, lo que permite objetivar el grado de cumplimiento y priorizar las áreas de mejora en función de su impacto en la seguridad del paciente.
