Escribo este artículo llegando a Washington para participar en varias reuniones privadas y un encuentro público con el honorable secretario general de la OEA, Albert R. Ramdin, quien por cierto está teniendo una posición bastante digna frente a ese zángano de la política latinoamericana que es Daniel Ortega, quien ha decidido clausurar la democracia en Nicaragua al eliminar las elecciones en ese país.
Mientras, en Venezuela —el país donde nací y morí, porque como el gato que tiene siete vidas, yo he resucitado del peor sitio creado por dictadura latinoamericana alguna: la cárcel de Rodeo I, de la cual he hablado en un artículo el domingo para El Nacional de Caracas—, se ha iniciado un intento de negociación que ha nacido como ese personaje de Patrick Süskind en El perfume, es decir, hediondo a todas las pestes con las cuales se puede venir al mundo.
Al momento, de los partidos más importantes del país ninguno está; sobre todo el partido que, como reconoce la propia María Corina Machado e incluso varios voceros del Departamento de Estado que sí conocen a Venezuela, aportó más del 75 % de los testigos electorales que obtuvieron las actas con las que se pudo demostrar que el presidente Nicolás Maduro había perdido la elección el 28 de julio: es decir, Acción Democrática.
Lo que está mal —cosa que no entiendo estando en el Departamento de Estado gente que trabajó con personas que sí conocen a Venezuela como Keith Mines, James Story, Richard Sanders, Caleb McCarry, Mark Feierstein, William Brownfield— es que se hable de que está negociando la Asamblea Nacional de 2015 que lideró la oposición, porque el partido que tenía más diputados en esa Asamblea era AD. Ahí están, como quien silba en un cementerio, dos partidos con casi ninguna representación hoy en el país y sin ninguna capacidad de movilizar nada importante: uno, el partido de Julio Borges, que vive en España, y el otro, el partido de Leopoldo López, que también vive en España.
Quien diseñó este diálogo en principio fue Mauricio Claver, ex enviado especial de la Casa Blanca para América Latina, que no es un mal tipo —lo conozco—, pero es un tipo más cabildero que político, a quien nunca le ha gustado el estilo del Departamento de Estado. Y quien acaba de salir de un encargadurua para Benezuela, entre otras cosas depues del escándalo que significó los cuestionamientos que el líder de AD, Henry Ramos hizo a como se estaban haciendo esas cosas, y amenazando de no acompañar el capítulo final de una negociación que la Plataforma Unitaria la organización que agrupa la oposición venezolana no conocía .
El tema del diálogo en Venezuela ya ha sacado del juego a un hombre importante en el Departamento de Estado, el exembajador Kozak, que estaba encargado de los asuntos para América Latina, y ha sido sustituido por un hombre frío y pragmático: el joven Segura.
El tema del diálogo en Venezuela ya ha sacado del juego a un hombre importante en el Departamento de Estado, el exembajador Kozak, que estaba encargado de los asuntos para América Latina, y ha sido sustituido por un hombre frío y pragmático: el joven Segura.
Este diálogo de Venezuela tiene como norte aparente la conformación de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia más o menos equilibrado y un nuevo CNE. Pero fecha de elecciones no habrá. Porque ¿qué es lo primero que pedirá Jorge Rodríguez, un médico experto en ansiedad que no logró lidiar bien con Nicolás Maduro —que era su principal paciente— y que funge como presidente de la actual asamblea chavista? Pedirá que esta Asamblea de 2015 que viene sentándose con él no se renueve dentro de cinco meses cuando le toque, es decir, en enero. Y así mata ese asunto y le hace el trabajo a la administración de quitarle este problema de encima, porque ellos mismos habían reconocido a esa Asamblea Nacional como legítima.
Antes de hacer eso homologarán todo, porque la mayoría de las acciones que montaron para sancionar a Venezuela o retener fondos en el extranjero las hicieron con la venia de esa Asamblea Nacional de 2015; por tanto, ahora que se entienden con el gobierno de Delcy Rodríguez, necesitan que no quede cabo suelto.
Las elecciones que el país pide las van a alargar hasta 2028, pero nada dirá esta negociación sobre esto. Por una cuestión de intereses, el principal armador de la reestructuración de la deuda venezolana fue Mauricio Claver y un personaje siniestro llamado Danilo Díaz Granados. Aunque ese será el escándalo que van a estallar los demócratas una vez que ganen las elecciones de medio término, esa misma operación que entregó la deuda de Venezuela a la firma Centerview Partners
de Nueva York —de la cual Mauricio es empleado— es el mejor negocio que ha recibido EE. UU., y no lo van a arriesgar por nadie. Y nadie hace una reestructuración de la deuda por 150 000 millones de dólares para hacer elecciones el año que viene
Henry Ramos, el político más experimentado en Venezuela, cuyo partido está convocando las más grandes manifestaciones en Venezuela, estará listo con el cántaro del agua al lado para meter las manos y lavárselas por no haber sido consultado sobre el fracaso de una negociación que ha empezado con la opacidad de reunirse a oscuras en un cuartel militar y sin consultar a los grandes jefes de la Plataforma Unitaria.
