Boliviana de Aviación (BoA) registró 4.825 vuelos demorados en lo que va de 2026, de acuerdo con los datos que presentó por el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, durante su interpelación ante la Asamblea Legislativa Plurinacional este miércoles.
Las cifras muestran que las demoras se concentran principalmente en los aeropuertos de Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, los principales centros de conexión de la aerolínea estatal.
Del total reportado, 747 vuelos tuvieron demoras superiores a 30 minutos, mientras que 2.751 vuelos se retrasaron por más de una hora. Asimismo, 1.139 vuelos registraron demoras superiores a dos horas y otros 188 vuelos superaron las cuatro horas de retraso.
La información que expuso Zamora evidencia que las dificultades operativas de BoA no responden a una sola causa. Entre los factores identificados figuran la caída de nieve y condiciones meteorológicas adversas, además de problemas relacionados con las operaciones en rampa, carga, pasajeros y equipaje.
También se registraron demoras asociadas a problemas internos, razones técnicas, operaciones de vuelo y fallas o dificultades en los sistemas.
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BoA
Durante su intervención, Zamora reconoció las dificultades que atraviesa la empresa estatal y planteó que el objetivo del Gobierno no debe ser sostenerla artificialmente mediante medidas que garanticen resultados financieros sin resolver sus problemas estructurales.
“Sabemos las condiciones en las que está BoA, queremos hacerla eficiente y competitiva”, afirmó el ministro.
En esa línea, sostuvo que el Gobierno no busca proteger a la aerolínea estatal de la competencia, sino generar las condiciones para que otras empresas puedan ingresar al mercado y ofrecer mayores alternativas a los pasajeros.
“No queremos protegerla y darle números con ganancia pero que entre la competencia para ofrecer a los pasajeros más opciones”, señaló.
El planteamiento abre un debate sobre el futuro económico de la aerolínea estatal: por un lado, la necesidad de mejorar su eficiencia operativa y calidad de servicio; y por otro, la posibilidad de enfrentar una mayor competencia en el mercado aéreo boliviano.
Para los pasajeros, el desafío se traduce en algo concreto: menos retrasos, mayor previsibilidad en los vuelos y más opciones de transporte aéreo. Para el Estado, el reto es que BoA pueda operar con eficiencia y sostenibilidad sin depender de una protección permanente frente a sus competidores.
