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Primero el tractor, después el voto

Nos prometen inundarnos de combustible mientras el campo corre el riesgo de secarse. “En las próximas semanas vamos a inundar Santa Cruz con diésel y gasolina”. Lo dijo Juan Pablo Velasco, gobernador de Santa Cruz…  ¿Aplaudimos? ¿Sacamos las banderas? ¿Mandamos flores?

¿O primero preguntamos de dónde saldrá el combustible, cuánto costará, quién lo importará, quién ganará con el negocio, quién tendrá prioridad para recibirlo y —la pregunta políticamente incorrecta— quién pretende quedarse con los votos? Porque en Bolivia hasta llenar un tanque puede terminar convertido en campaña electoral.

Y eso es precisamente lo preocupante. No porque importar combustible sea malo. Al contrario. Si el Estado no puede garantizarlo, habrá que abrir las puertas para que otros puedan hacerlo. El problema es que Bolivia ha llegado a un punto tan absurdo que estamos celebrando como hazaña departamental lo que debería ser normalidad nacional.

En noviembre del año pasado Rodrigo Paz fue bastante más contundente. Dijo que gasolina y diésel ya estaban garantizados y llegó a advertir con procesos por “traición a la patria” si la logística impedía que llegaran a los surtidores… Nueve meses o tres ”doritos’ después seguimos viendo filas.

Y ahora el discurso cambió. El Presidente dice que dará garantías a los gobernadores que quieran importar combustible. Magnífico, entonces debemos entender algo… Si las gobernaciones pueden importar, los privados pueden importar y existen mecanismos para facilitar esa importación, ¿por qué esperamos hasta que Bolivia estuviera haciendo turismo interno entre surtidores para descubrirlo?

El problema boliviano parece no ser solamente la falta de combustible, es la falta de previsión, la falta de gestión y, fundamentalmente, la falta de Estado.

Velasco propone modificar el marco normativo, eliminar IVA e IT para importadores privados, reducir trabas burocráticas de la ANH, establecer plazos para aprobar solicitudes y permitir que surtidores comercialicen combustible importado privadamente.

Hasta ahí, interesante. Es más: varias de esas propuestas merecen discutirse seriamente. Porque si durante años construimos un sistema donde prácticamente todo tenía que pasar por el Estado y ahora descubrimos que el Estado no tiene dólares, no tiene combustible suficiente y tampoco tiene capacidad logística para garantizarlo… tal vez llegó la hora de dejar trabajar a quienes sí pueden hacerlo.

Pero aparece una pregunta incómoda: ¿combustible para quién primero?… Aquí comienza la parte que desde La Paz muchas veces parece difícil comprender.

El diésel que entra al tractor no mueve solamente un tractor. Mueve alimentos, mueve exportaciones, mueve dólares, mueve empleos, mueve transporte, mueve frigoríficos, mueve industrias y finalmente mueve la economía boliviana.

Santa Cruz produjo en la campaña agrícola 2023-2024 casi 18 millones de toneladas, equivalentes aproximadamente al 77% del volumen nacional de alimentos, según datos recopilados por el IBCE.

Por eso cuando falta diésel en Santa Cruz no existe simplemente un problema cruceño. Existe un problema boliviano y mientras políticos calculan popularidad, el productor calcula hectáreas.

Una hectárea que no se prepara hoy no se recupera con un discurso mañana, una semilla que no se planta dentro de su ventana agrícola no entiende de decretos. La lluvia tampoco espera conferencia de prensa, y, el tractor tiene una característica bastante desagradable para los políticos: no funciona con promesas.

El Gobierno aprobó el Decreto Supremo 5676 estableciendo inicialmente un precio de Bs 18 por litro para grandes consumidores, mientras mantiene el precio regulado para otros usuarios. La explicación oficial tiene lógica económica: reducir presión fiscal, combatir contrabando y permitir que el mercado ayude a resolver el desabastecimiento… Perfecto.

Pero existe un pequeño detalle, entre los sectores alcanzados aparecen actividades agropecuarias… Es decir: Para solucionar el problema del diésel podemos terminar aumentando el costo precisamente de quienes necesitan diésel para producir alimentos. Extraordinaria creatividad… Sería algo parecido a combatir la anemia aumentando el precio del hierro.

La CAO ya advirtió que el mayor costo del combustible atraviesa prácticamente toda la cadena: preparación de suelo, siembra, cosecha, transporte y comercialización. ¿Y quién creen que terminará pagando?… El consumidor.

Porque el agricultor podrá aguantar pérdidas una campaña, tal vez dos, pero ningún productor puede subsidiar eternamente al país.

Si JP Velasco realmente consigue combustible, tendrá una oportunidad extraordinaria. Pero también una responsabilidad extraordinaria… Porque tendrá que decidir qué quiere ser: Gobernador o candidato.

Si quiere ser gobernador, la prioridad debe ser productiva. Primero garantizar diésel para preparación de suelos, siembra, cosecha, ganadería, transporte productivo e industria. Después atender el resto.

Pero si la estrategia consiste en llenar surtidores urbanos para que desaparezcan rápidamente las filas donde están concentrados cientos de miles de votantes… entonces estaremos ante una brillante operación política. Pero una pésima política productiva.

Y aquí no importa si detrás de JP está Tuto, un asesor, un partido político o el Espíritu Santo. Importan los resultados. Porque un tractor parado en San Julián, Cuatro Cañadas, Okinawa, Pailón o el Norte Integrado vale económicamente mucho más para Bolivia que cien fotografías de políticos inaugurando surtidores abastecidos.

Nos hemos convertido en un país extraordinariamente hábil para administrar escándalos y desesperadamente mediocre para administrar prioridades.

Nos apasiona saber quién habló con quién; quién durmió con quién; quién grabó a quién; quién traicionó a quién y, por supuesto, quién está conspirando para tumbar a quién.

Pero hacemos muy pocas veces la pregunta que realmente importa: ¿QUIÉN ESTÁ PRODUCIENDO?

Porque mientras la política boliviana sigue entretenida entre camas, micrófonos, expedientes, cámaras ocultas, acusaciones, espionajes y conspiraciones, hay un productor mirando el cielo, calculando cuándo sembrar y observando con preocupación el tanque vacío de su tractor.

Ese hombre probablemente nunca será tendencia en TikTok. Nadie hará una conferencia de prensa por él y difícilmente protagonizará el escándalo de la semana. Pero de ese hombre depende algo bastante más importante que cualquier novela política: que mañana tengamos qué comer.

Así que bienvenido el combustible, gobernador… Inunde Santa Cruz si puede, pero recuerde algo: antes de inundar las urnas de agradecidos, inunde de diésel los tractores.

Porque los votos sirven para ganar elecciones. El diésel sirve para sembrar, producir, exportar, generar dólares y hacer que Bolivia siga comiendo. Y si Santa Cruz logra construir, junto al sector privado, un mecanismo transparente, competitivo y eficiente para importar y distribuir combustible, adelante.

Que se haga…  Que funcione…Que se mida…  Y, sobre todo, que se audite… Y si funciona, que se replique.

Porque eso sí sería comenzar a construir una verdadera autonomía productiva: resolver desde las regiones aquello que el centralismo ha demostrado ser incapaz de resolver.

Eso es mucho más serio que levantar banderas, pronunciar discursos y acordarse de la autonomía únicamente en los aniversarios. La autonomía no se declama. Se demuestra resolviendo problemas.

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