5 de cada 10 personas en Bolivia viven en situación de pobreza, según datos del INE. Eso es demasiado. Es una cifra alarmante. Caminar por cualquier calle, en cualquier ciudad de Bolivia es una fotografía que muestra lo que está detrás de esos números. Se hace casi imposible pensar en conseguir bienestar o al menos dignidad para revertir esos índices de pobreza que nos hunden y nos interpelan desde las fotografías de niños enfermos por el mercurio que la minería ilegal del oro despacha por los ríos de Rurrenabaque. Desde las calles donde los contenedores de basura son los repartidores de comida para los más pobres.
Más desalentador es mirar, escuchar, leer la información que se genera alrededor. El gobierno central está muy ocupado en escándalos que van y vienen, aparecen y desaparecen, los fomentan y los retiran. Constantemente se apela a un diálogo que termina en monólogo o en discurso desfachatado y falso. No hay indicio de mejora, la avalancha de morbo nos gana, el escándalo nos persigue, ese alud nos arrastra y nosotros nos dejamos arrastrar.
Deberíamos estar trabajando incansablemente por cambiar la penosa realidad en la que vivimos. Ocupados en cuidar los intereses de unos cuantos desviamos la mirada ante el reclamo de la mayoría. ¿Se necesita una ley para la minería? Aún es la principal actividad económica del país, pero quienes la ejercen no pagan impuestos acordes a sus ganancias. Se enriquecen explotando un bien que pertenece a todos. Que los asambleístas cumplan su rol y aprueben leyes que sean importantes, necesarias, gánense el apoyo de la gente. Dejen de jugar a los viejos parlamentarios dándose festines, “aprovechando” su paso por la asamblea como se baja de un minibús en mitad de la calle mientras el semáforo está en rojo.
Ante tanto desamparo, las autoridades gubernamentales, por favor no nos ofrezcan más circo, no más novelas. Asuman su responsabilidad en el manejo de poder. No se mientan ¿Tienen fuerza para gobernar? La población exige un poco más de respeto. No merece tanta improvisación. Lo menos que podemos pedir es seriedad, empeño en el trabajo. Las mentiras no tapan la incompetencia. No nos avergüencen más.
