Flávio Bolsonaro pegó el grito al cielo cuando llegó la última encuesta de julio. El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula Da Silva aventajaba al Partido Liberal (PL) por casi ocho puntos porcentuales, y faltaban solo sesenta días para la elección presidencial de Brasil. Por ello, decidió que por segunda vez, habría un cambio de timón en la estrategia de comunicación de la campaña: Entraba en cancha el publicista Duda Lima, pionero en el uso de la IA y análisis de datos para la comunicación política, famoso por suavizar la imagen radical de Jair Bolsonaro en la campaña de 2022. Lo antecedía además su victoria con Ricardo Nunes en 2024 para la alcaldía de Sao Paulo. Salían a las duchas –para cerrar la analogía futbolera– los marketeros Alexandre Oltramari y Eduardo Fischer, después de solo 40 días de trabajo. Se comentaba que uno de los motivos de la salida era un video exhibido en la convención del PL, hecho con inteligencia artificial, que mostraba a Jair Bolsonaro, expresidente y padre del candidato, solicitando el voto para su hijo. El ministro Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal (STF), pidió explicaciones por lo que interpretó como una falta a la normativa electoral.
Polémicas sobraban en la campaña. En mayo, el publicista Marcellão Lopes había renunciado a ser la cabeza comunicacional de campaña antes de siquiera comenzar. Fischer y Oltramari asumieron en medio de la crisis provocada por la divulgación de la relación entre Flávio Bolsonaro y el banquero Daniel Vorcaro, propietario del Banco Master, institución observada por el financiamiento de la película “Dark Horse”, un biopic de Jair Bolsonaro que había costado la friolera de 24 millones de dólares (134 millones de Reales). La producción más cara en la historia del cine brasileño, protagonizada por el actor Jim Caviezel (“La Pasión de Cristo”) como el expresidente y cuyos problemas legales habían pospuesto su estreno para octubre de este año.
Duda Lima no tenía mucho tiempo. Lo primero que hizo fue aplicar la receta del padre al hijo: moderar la imagen de Flávio para hacerlo más digerible. De un rabioso ejecutivo de saco y corbata gritando “Fuera Lula”, a una sencilla camiseta canarinha con el lema “Mi partido es Brasil”, del candidato con rabietas biliares hacia las ideas de izquierda hacia un sonriente y sencillo político que proponía solucionar los inconvenientes financieros y de seguridad de las familias. Una encuesta Quaest de septiembre situaba a la violencia como la mayor preocupación de la población con un 31%, frente al 19% que nombraba a los problemas económicos como prioritarios.
Pero la innovación vino después: primero, el lanzamiento de direitaja.com, el centro de la estrategia digital. Una central de recursos en línea para militantes bolsonaristas y simpatizantes de derecha que ofrece videos exclusivos, gráficos (como memes y fondos de pantalla) y en general, contenidos listos para copiar, pegar y compartir. Luego, la apertura de un canal de Youtube, TV Celular, que el candidato y su equipo llenan de contenido relevante para sus seguidores. Entrevistas, encuestas y transmisiones en vivo con respuestas a las dudas de los electores. Luego, la difusión de todos estos materiales a través de una red coordinada de grupos de WhatsApp en una estrategia que se llama desintermediación: no pagar ni contratar a medios por la difusión de mensajes, sino generar los medios propios y nutrirlos con contenido relevante, que los electores eligen consumir y compartir.
El Partido Liberal ganó así la primera vuelta por 1,87% después de lo que se anticipaba como una victoria cerrada de Lula. El domingo 25 de octubre, Brasil decide su destino entre la continuidad del PT –Lula ya sabe de reelecciones– y el viraje a la derecha. Mientras tanto, la economía más grande de Sudamérica sufrirá una desaceleración. Su Banco central proyecta un crecimiento de 2% este año frente al 2,3% alcanzado el 2025. El desempleo está en mínimos históricos y la inflación está controlada, pero los costos de vida son altos y las tasas de interés elevadas. Una vez más, sonará el mantra acuñado por el estratega James Carville en los noventa: “it’s the economy, stupid!” o mejor dicho: “É a economia, seu idiota!”
