Ituango, Antioquia La madrugada del pasado 9 de marzo de 2026, el cielo de Ituango se iluminó no con el amanecer, sino con el fuego de las bombas que marcaron el fin de alias ‘Ramiro’ y al menos seis de sus hombres más leales. La operación militar, ejecutada con precisión quirúrgica por la Fuerza Aeroespacial y tropas del Ejército, no fue solo un golpe más contra la estructura 18 de las disidencias de las Farc; fue, según fuentes de inteligencia consultadas, el culmen de una traición urdida en las sombras, donde la puntería del Estado fue guiada por la delación de su segundo al mando.

La operación, confirmada por el comandante de las Fuerzas Militares, General Hugo Alejandro López Barreto, dejó un saldo devastador para la facción de alias ‘Iván Mordisco’. Alias ‘Ramiro‘, cuyo nombre real es Erlinson Echavarría Escobar, no era un combatiente cualquiera. Era el principal cabecilla del Grupo Armado Organizado residual Estructura 18, con una injerencia criminal que sangraba los municipios de Ituango y Valdivia. Su hoja de ruta incluía el atentado en la vereda La Coposa que segó la vida de seis soldados profesionales y ataques con drones que pusieron en jaque a poblaciones civiles y a la Fuerza Pública.

Sin embargo, la fortaleza que ‘Ramiro’ creía tener en su círculo íntimo se convirtió en su talón de Aquiles. Fuentes militares que pidieron reserva de su identidad, pero que estuvieron al tanto de la planificación del operativo, señalan que la información precisa sobre la reunión de cabecillas en la vereda La Barranca no provino de un infiltrado ni de un trabajo de inteligencia de meses, sino de una llamada directa. La voz al otro lado del teléfono, según estas fuentes, fue la de su lugarteniente más cercano, un hombre que conocía sus rutinas, sus escondites y, sobre todo, el valor de su cabeza.
La delación, motivada presuntamente por disputas internas y la promesa de una recompensa, proporcionó las coordenadas exactas y el momento oportuno para el bombardeo. «No fue una búsqueda, fue una entrega», sentencia un oficial con conocimiento del caso. «Sabíamos dónde estaban, qué estaban haciendo y cuántos eran. La información fue demasiado perfecta, demasiado específica para ser otra cosa». Esta versión, aunque no oficial, cobra fuerza al analizar la letalidad del ataque y el hecho de que el objetivo principal, ‘Ramiro’, fuera neutralizado junto a su círculo de seguridad.
La muerte de ‘Ramiro’ y de otros dos de sus principales lugartenientes, como alias «Macho Viejo» y «Quirico», no solo desestabiliza a la estructura 18, siembra una semilla de desconfianza que podría ser más letal que las bombas del Ejército. En el mundo de las disidencias, donde la lealtad es la única moneda de cambio, la sospecha de que un hombre de su máxima confianza pueda vender a su jefe por dinero o poder es un veneno que corroe desde adentro.
Mientras las Fuerzas Militares continúan las labores de rastrillo en la zona para confirmar el saldo total de bajas, la pregunta que resuena en los corredores del poder y en los campamentos de la selva es la misma: ¿quién será el próximo en pagar el precio de la confianza? La caída de ‘Ramiro’ no es solo la muerte de un cabecilla, es la confirmación de que en esta guerra, el enemigo más peligroso no siempre lleva uniforme, a veces está sentado a tu lado en la mesa de mando.
Fuente:
Murió alias “Ramiro”, aliado de “Iván Mordisco”, en bombardeo en Ituango (Antioquia) | EL ESPECTADOR


