La última huelga de Mónica García

Luis de Haro. Director general de iSanidad
La actual ministra de Sanidad, Mónica García, parece haber olvidado el lenguaje de la calle que la aupó al Ministerio. Al calificar esta última huelga de los médicos como «artificial» y «desproporcionada«, ha trazado una línea roja con los que consideraba sus compañeros y sostiene que ya ha cumplido con los deberes legislativos. Para la ministra, la responsabilidad de gestionar los servicios de salud recae exclusivamente en las comunidades autónomas. Esta postura resulta sorprendente en quien hizo de la reivindicación profesional su principal bandera política antes de llegar a este cargo.

Mónica García parece haber olvidado ante esta última huelga el lenguaje de la calle que la llevó a ser elegida para ministra de Sanidad

García ha sido directa al cuestionar la legitimidad de los paros laborales. Ha afirmado que estas movilizaciones no responden a necesidades reales de los profesionales. Según su visión, esta última huelga tienen «motivaciones políticas» dirigidas específicamente contra el Gobierno central. Al afirmar que la falta de diálogo «no cuela» como excusa, la ministra rompe puentes con los sindicatos y con todos los médicos. Esta actitud sugiere que el Gobierno percibe el conflicto laboral como una herramienta partidista ajena a la mejora asistencial.

Esta desconexión con la base profesional coincide con un momento de debilidad interna en Sumar. El anuncio de Yolanda Díaz de no repetir como cartel electoral ha oscurecido el futuro de la coalición. Formaciones como IU y Más Madrid han comenzado a actuar con agendas propias y líderes como Antonio Maíllo sugieren que la fórmula actual está «exhausta«. Existe un runrún constante sobre la necesidad de recuperar autonomía política fuera del Consejo de Ministros para sobrevivir electoralmente.

Hay un runrún creciente ante la posibilidad de sacar a Sumar, por tanto a Mas Madrid, fuera del Consejo de Ministros para sobrevivir

Las fricciones con el ala socialista del Gobierno son otro punto de tensión máxima. La gestión de las mutuas y la sanidad privada enfrentan diariamente a los socios de la coalición. En este escenario de incertidumbre, cabe preguntarse qué pasará con proyectos vitales. ¿Se aprobará finalmente la reforma del Estatuto Marco? ¿Qué sucederá con la nueva Ley del Medicamento? Si la coalición se rompe, estas reformas podrían quedar guardadas en un cajón por tiempo indefinido.

Mónica García se encuentra en una posición delicada de cara al futuro. Ya no podrá encabezar manifestaciones reclamando medidas que, habiendo tenido el poder, no ha ejecutado. Su gestión no ha logrado unir a las profesiones sanitarias; por el contrario, parece haber fomentado el enfrentamiento. En las próximas huelgas, es probable que no encuentre su sitio en la cabecera. Al alejarse de las bases, corre el riesgo de quedarse en un espacio donde solo defiende su propia supervivencia política.

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