En un hecho histórico, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó este miércoles 25 de marzo una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como «el crimen de lesa humanidad más grave» de la historia.
La resolución se aprobó con 123 votos a favor, 3 en contra (los de Argentina, Israel y Estados Unidos) y 52 abstenciones, entre ellas las de prácticamente todos los países del llamado bloque occidental, incluido Japón.
La iniciativa, presentada por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, reconoce que este sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en todo el mundo.
En entrevista con La FM Fin de Semana, la doctora Claudia Mosquera, profesora e investigadora, se refirió a la reciente resolución de la ONU sobre la esclavitud y expuso sus implicaciones en términos de justicia reparativa, cifras históricas y persistencia de prácticas asociadas en la actualidad.
¿Qué implica la resolución de la ONU sobre esclavitud?
Durante la entrevista, la académica manifestó que recibe la decisión con “enorme satisfacción”, al considerar que este debate debía formar parte de la agenda global. Explicó que en Colombia la discusión ha sido abordada desde universidades y movimientos sociales, centrada en los efectos de la trata transatlántica sobre las poblaciones afrodescendientes.
Sobre los alcances de la resolución, indicó que no busca generar confrontaciones, sino “sanar y desarrollar justicia”. Precisó que el enfoque no es exclusivamente económico, ya que no existe consenso frente a reparaciones monetarias, mientras que sí hay coincidencias en avanzar hacia la justicia reparativa y la devolución de bienes culturales.
En ese contexto, señaló que esta agenda tiene un impacto más amplio. “Esta agenda beneficia a toda la humanidad”, afirmó, al explicar que permite abordar temas estructurales y revisar relaciones de poder en distintos escenarios.
También sostuvo que este reconocimiento abre espacios de conversación sobre asuntos que no habían tenido visibilidad global, lo que contribuye a posicionar nuevas discusiones en el ámbito internacional.
¿Cuántas personas fueron esclavizadas y qué características tuvo este sistema?
En relación con las cifras, Mosquera explicó que existen diferencias debido a la trata ilegal. Indicó que los registros oficiales hablan de cerca de 12.5 millones de personas, aunque al incluir rutas no documentadas la cifra podría ubicarse entre 25 y 27 millones.
Sobre el caso colombiano, señaló que no hay datos exactos, pero indicó que la presencia de población esclavizada fue significativa en el Pacífico, el Caribe y Antioquia. Añadió que entre estos grupos había comunidades como los fulas o fulanis, con conocimientos en agricultura y ganadería, además de formación cultural previa.
Explicó que algunas de estas poblaciones ya sabían leer y escribir en árabe, lo que refleja características específicas de quienes fueron trasladados. En esa línea, planteó que la composición de la población podría no corresponder completamente con los niveles de reconocimiento actuales. “Es posible que la población colombiana sea más africana de lo que se autorreconoce”, afirmó.
Asimismo, diferenció entre la esclavitud en general y la trata transatlántica, señalando que esta última constituyó una forma de esclavitud racializada. Indicó que en este sistema se estableció una clasificación en la que los africanos eran considerados “bienes muebles” y su condición era hereditaria.
Según explicó, este proceso implicó un nivel de deshumanización que no se había registrado en otros contextos históricos. “Ese nivel de codificación y deshumanización no había ocurrido antes en la humanidad”, señaló.
Finalmente, afirmó que en la actualidad existen “mutaciones de la esclavitud”, al referirse a prácticas en las que persisten formas de sometimiento mediante la violencia. Indicó que en distintos contextos continúan dinámicas de deshumanización.
Como cierre, sostuvo que este tipo de decisiones permiten avanzar hacia un “nuevo pacto de humanidad” y un “contrato social antirracista”, planteamientos que, según indicó, requieren la participación de distintos sectores.


