Juan León García
Con un periodo de vida corto en las consultas de atención primaria, los medicamentos biosimilares se postulan como la alternativa natural a determinados fármacos, ofreciendo un perfil de seguridad y eficacia prácticamente idénticos.
En este campo, los especialistas en medicina familiar y comunitaria reconocen que aún faltan mejoras para extender su prescripción (por debajo del 50%) y fomentar el conocimiento, como apunta el Dr. José Vizcaíno, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el centro de salud Universitario Fuentelarreina (Madrid), las horas previas a ofrecer una ponencia centrada en estos fármacos.
De ahí que el exmiembro de los grupos de trabajo de Tabaquismo y de Comunicación y Salud de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) agradezca a la sociedad científica haber dedicado un espacio durante las sesiones de la jornada presencial en Madrid del ciclo APDay 2026.
¿Qué sabe la atención primaria de los biosimilares?
Es un tema bastante novedoso, porque en realidad en nuestro ámbito estamos trabajando en estos momentos con cinco productos biosimilares. Lo que sabemos depende mucho de lo que los farmacéuticos de atención primaria nos van proporcionando y el conocimiento y formación que vamos adquiriendo por las vías que cada uno se va autogestionando.


Sí es verdad que hay objetivos de prescripción de biosimilares en nuestra cartera de servicios. En mi centro, precisamente, tenemos la fortuna de trabajar con una farmacéutica que nos ayuda mucho en este aspecto, y hemos conseguido unos números de prescripción muy importantes en biosimilares.
Pero hay mucho recorrido todavía por hacer. Además, nos encontramos en breve que hay más número de productos biosimilares y es un grandísimo beneficio para el sistema. Por lo tanto, tenemos que trabajar bastante.
“La prescripción de biosimilares está en torno a un 30%; por tanto, podemos mejorar bastante”
Estamos en alrededor de un 30% de prescripción de biosimilares. Por lo tanto, en estos momentos podemos mejorar bastante.
¿Cuáles son los principales retos?
Tenemos que trabajar bastante en formación (como cursos, jornadas…). Recientemente hubo un documento que hizo la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap), en el que se dio a conocer el conocimiento de los médicos de familia en torno a los biosimilares y ahí se comprobó que tenemos bastante recorrido que tenemos que trabajar.
Por otro lado, están los pacientes. ¿Hasta qué punto pueden influirle que se les prescriba un biosimilar? ¿Cómo se traslada esa educación sanitaria sobre los biosimilares?
Nosotros tenemos la fortuna de trabajar con los pacientes por la longitudinalidad de la atención primaria. Esa característica te dota de una confianza, y si tienes tiempo para explicarle al paciente las garantías del cambio, el seguimiento, siempre de acuerdo con el farmacéutico de atención primaria y de enfermería, los pacientes acuden a nuestras consultas inmediatamente. Y siempre, ante cualquier evento o circunstancia pueden venir a vernos y retomar el tema.
Hay documentos de la Sefap que podemos proporcionar a los pacientes, con infografías y mediante las explicaciones nuestras, conocer mejor qué son los biosimilares.
Pero sí es verdad que a veces puede haber resistencias por parte de los pacientes. Por ejemplo, un paciente diabético bien controlado que está con una insulina y que, en un momento dado, queremos hacerle un cambio a un biosimilar, hay que explicárselo porque, evidentemente, puede tener ciertas reticencias al cambio.
En mi caso, por las experiencias que tengo, es que no he tenido problemas y los pacientes lo aceptan.
“Antes de pasar al biosimilar, al paciente le explico las circunstancias y el motivo del cambio”
En cuanto a la decisión de prescribir un biosimilar, ¿cuál es el proceso que el especialista en medicina familiar y comunitaria debería seguir sobre si elige un genérico, un biosimilar o, si procede, un fármaco innovador?
En atención primaria en estos momentos tenemos cinco biosimilares, que son la insulina glargina; enoxaparina; folitropina alfa; denosumab y teriparatida. En el caso de la insulina glargina, en principio el cambio es automático por el biosimilar. Lo hago de manera inmediata. Al paciente le explico las circunstancias y el motivo del cambio.
Ahora se va a dar la circunstancia que la insulina detemir va a desaparecer del mercado, y existe la posibilidad del cambio por una insulina glargina. Hay documentos que facilitan esa sustitución.
Yo, sinceramente, siempre que puedo lo hago. Por ejemplo, en el caso de las osteoporosis, que en estos momentos acaba de aparecer el denosumab como medicamento para las osteoporosis, si tenemos unos medicamentos como los bifosfonatos, en realidad no es sustituible por denosumab. No debemos cambiar automáticamente unos por otros. Yo cambio cuando el medicamento es el mismo.
¿Considera que hay suficiente documentación o guías al respecto para que los profesionales de primaria sepan cómo proceder con biosimilares? ¿Están trabajando en ellas?
Creo que ese es un terreno donde tenemos bastante campo de mejora. Las guías es un apoyo fundamental para nuestro trabajo, y ahora en atención primaria tenemos pocos biosimilares pero muchos pacientes, por lo tanto, la repercusión que tiene el hecho de cambiar a biosimilares es muy importante.
Los médicos de familia nos apoyamos mucho en las guías terapéuticas, y ahí tenemos bastante trabajo por hacer. Sería otro campo de mejora.


