Un nuevo estudio presentado por UNICEF, ECPAT International y INTERPOL encendió las alarmas sobre la magnitud de la violencia sexual contra menores en entornos digitales en Colombia. La investigación, titulada “Disrupting Harm”, revela que el 21% de los adolescentes usuarios de internet entre 12 y 17 años —uno de cada cinco— sufrió algún tipo de abuso o explotación sexual facilitada por la tecnología en tan solo un año, lo que equivale a cerca de 860.000 víctimas en el país.
El informe, divulgado este 6 de mayo de 2026, forma parte del mayor estudio global sobre esta problemática, con datos recogidos en 25 países. En el caso colombiano, los hallazgos se basan en una encuesta nacional representativa aplicada a 999 adolescentes, complementada con entrevistas a sobrevivientes, familias, expertos y autoridades del sistema de protección.
¿Cómo suceden los abusos?
La investigación advierte que estas formas de violencia no ocurren exclusivamente en entornos digitales, sino que con frecuencia combinan interacciones en línea con encuentros presenciales, ampliando el riesgo y la complejidad del fenómeno. “Las tecnologías digitales ofrecen oportunidades únicas para garantizar los derechos de la infancia y reducir desigualdades, pero también introducen riesgos que deben ser comprendidos y abordados”, afirmó Tanya Chapuisat, representante de UNICEF en Colombia.
Uno de los aspectos más preocupantes del estudio es la desigualdad en la afectación. Las niñas y adolescentes mujeres presentan una mayor exposición a estos delitos (25%) en comparación con los hombres (17%), mientras que la vulnerabilidad aumenta en zonas rurales, donde el 29% reportó haber sido víctima, frente al 17% en áreas urbanas. El informe subraya que factores como la pobreza y la desigualdad de género crean condiciones propicias para estos abusos.
En cuanto a las modalidades de violencia, recibir imágenes sexuales no solicitadas (15%) encabeza la lista, seguido de ofertas de dinero o regalos a cambio de contenido íntimo (6%), presión para compartir material sexual (5%), amenazas de difusión de imágenes privadas (3%) y extorsión sexual (2%). Además, el estudio identifica un fenómeno emergente: el uso de herramientas de inteligencia artificial para crear imágenes sexuales de menores, lo que amplía los riesgos a medida que estas tecnologías se vuelven más accesibles.
El riesgo de las redes sociales
Las redes sociales aparecen como el principal escenario de estos delitos. Casi la mitad de los casos ocurrieron en plataformas como Facebook, WhatsApp e Instagram, todas vinculadas a Meta Platforms, mientras que un 14% se registró en entornos de videojuegos. El informe también advierte sobre factores estructurales en Colombia, como la industria de cámaras web y el turismo sexual, que, impulsados por necesidades económicas, contribuyen a la explotación de menores.
Contrario a la percepción común, el agresor no suele ser un desconocido. El 50% de los casos fueron perpetrados por personas cercanas a las víctimas, incluidos familiares (22%), parejas o intereses románticos (14%) y amistades (14%). Solo el 21% correspondió a desconocidos.
¿Por qué no se denuncian los casos?
A pesar de la magnitud del problema, el estudio revela un dato crítico: la denuncia formal es prácticamente inexistente. Ninguno de los adolescentes encuestados reportó los hechos ante autoridades o líneas de ayuda como las del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. El 34% de las víctimas no se lo contó a nadie. Entre las principales barreras figuran la vergüenza, el miedo al estigma, la falta de información sobre dónde acudir y la percepción de que denunciar no generaría consecuencias.
«Vemos niñas que se asustan, que reaccionan con miedo porque, por ejemplo, pueden recibir una foto no deseada. Muchos se sienten culpables por haber respondido, por haber mandado la foto que le pidieron o que les obligaron a mandar.», dijo Camila Perera, especialista de investigación de Unicef.
Según la Oficial Inteligencia Criminal de la Interpol, que participó del estudio, se ha identificado la utilización de redes de explotación o la utilización de la las plataformas para la distribución o venta de contenido. Sin embargo, debido a que es una investigación en curso, el organismo internacional no habló de casos concretos que involucre una red transnacional de explotación sexual.
La difícil tarea de prevenir los casos de abuso
El informe plantea que la prevención no debe recaer exclusivamente en los menores, sino en la transformación de los entornos digitales y sociales. Entre las recomendaciones se incluyen combatir normas culturales que culpabilizan a las víctimas, mejorar la accesibilidad y confianza en los mecanismos de denuncia, fortalecer la legislación y articular mejor los sistemas de protección, justicia y educación.
Los padres también tienen una responsabilidad crucial. Hay dos tipos de barreras: una tecnológica y otra de confianza.
En la primera, los expertos plantean que muchos padres y cuidadores no están del todo enterados sobre cómo funcionan las redes sociales y los videojuegos en línea.
De otro lado, los niños y adolescentes relatan sus experiencias a amigos o conocidos, pero no siempre a sus padres. «Los niños no están hablando con los padres y es difícil mantener esas conversaciones. Lo más importante hablar de sexualidad con los padres para que este tipo de cosas uno pueda conversarlas», añadió Perera.
Asimismo, se hace un llamado directo a las empresas tecnológicas para que integren medidas de seguridad desde el diseño de sus plataformas, refuercen la moderación de contenidos y mejoren los controles de privacidad.
“Colombia cuenta con importantes recursos para afrontar este problema, entre ellos un sólido marco jurídico y un personal profesional comprometido. Para hacer frente a este desafío se necesitará una inversión sostenida y una mayor rendición de cuentas por parte de las plataformas en línea”, concluyó Camila Perera Aladro, especialista en investigación de UNICEF Innocenti.
¿Cuántos niños en Colombia sufren abuso en línea?
En Colombia, uno de cada cinco.
¿Quiénes suelen abusar de los niños?
Según el estudio, la mayoría son conocidos y pueden empezar a través de redes sociales y continuar en persona o viceversa.


