Anuario iSanidad 2025
Víctor Rodríguez, presidente de la Asociación de Cáncer de Mama Masculino (INVI)
Cuando hablamos de salud pública hay una regla no escrita pero muy contundente: lo que no se ve, no existe. Y cuando no existe a ojos de la sociedad, no se investiga, no se prioriza, no se financia y, lo más importante a mi parecer, los diagnósticos son muy tardíos o, directamente, no llegan nunca.
Ser invisible tiene un alto coste —humano, emocional y sanitario— que durante mucho tiempo hemos aceptado, pero no deberíamos aceptarlo. La invisibilidad es una decisión colectiva y, por tanto, se puede corregir. Se debe corregir.


Vivimos en un sistema que, afortunadamente, ha dado pasos de gigante en diagnosticar, tratar y acompañar a las personas que conviven con cáncer. Pero incluso dentro de esos avances, hay zonas oscuras: enfermedades minoritarias que no reciben atención, colectivos que quedan fuera de los imaginarios sanitarios, brechas de género que marcan caminos desiguales y realidades que simplemente no encajan en el relato principal.


Cuando una realidad no aparece en campañas, no se menciona en los medios ni forma parte del discurso sanitario habitual, no existe para aquellos que deberían estar alerta. Y, lógicamente, eso tiene graves consecuencias.
El cáncer de mama masculino es quizá el ejemplo más claro de esa invisibilidad. En España, alrededor de 700 hombres son diagnosticados cada año. No es un número pequeño: es más que suficiente para demostrar que es una realidad existente, pero a la vez es suficientemente pequeño para que pase inadvertido. La narrativa colectiva del cáncer de mama ha sido históricamente femenina, y gracias a ello se han salvado muchas vidas. Pero, sin pretenderlo, se ha generado un enorme vacío: los hombres no aparecen en ese relato.
Cuando una realidad no aparece en campañas, no se menciona en los medios ni forma parte del discurso sanitario habitual, no existe para aquellos que deberían estar alerta
La consecuencia de todo esto es devastadora: la gran mayoría de hombres (alrededor del 80 %) llegan tarde al diagnóstico. No reconocen los síntomas ni se les pasa por la cabeza que puede ser cáncer de mama. Lo más sangrante, a mi parecer: algunos profesionales tampoco lo consideran en primera instancia, y eso que los síntomas son similares a los de la mujer. No aparecen en ensayos ni en campañas ni en materiales informativos. Así, la enfermedad avanza silenciosa, escondida detrás de un estereotipo.
El coste de ser invisible es muy alto
El coste humano se mide en retrasos en el diagnóstico y, por ende, en tratamientos más agresivos y peores pronósticos, que se podrían haber evitado con algo más de información. El coste emocional se refleja en el aislamiento, la vergüenza e incluso el sentirse raro dentro de un entorno que parece diseñado para otros. El coste social tiene que ver con la persistencia de roles de género rígidos que dificultan, incluso hoy en día, que un hombre consulte un síntoma de pecho. Y el coste científico es enorme: sin datos, sin registros desagregados, sin ensayos específicos, la investigación avanza poco o casi nada.
El cáncer de mama en los hombres es una realidad que, lamentablemente para nosotros y nuestro entorno, vive en la más absoluta oscuridad
La invisibilidad no es un error, es un sesgo. Y todo sesgo puede corregirse. ¿Qué se necesita entonces? Narrativas inclusivas en las campañas de concienciación, que muestren a la sociedad que el cáncer de mama no entiende de géneros. También hace falta más formación sanitaria, que acabe con la idea de que ciertas enfermedades pertenecen a un sexo u otro.
Además, es necesario que la investigación incluya y desagregue datos de hombres con cáncer de mama. Asimismo, falta material informativo que incluya a todas las personas. Finalmente, echo en falta símbolos que reflejen esta diversidad.
Por eso desde la Asociación de Cáncer de Mama Masculino (INVI) impulsamos el punto azul dentro del lazo rosa, un pequeño gesto visual para evidenciar que también hay hombres detrás de esa enfermedad. Pero, sobre todo, necesitamos una cosa: mirar donde prácticamente nadie mira.
La salud pública solamente avanza cuando pones el foco en sus zonas más oscuras. No basta con atender a la mayoría, hay que poner más luz a quienes quedan fuera de ese foco. La equidad no consiste en tratar a todos igual, sino en dar a cada persona lo que necesite. El cáncer de mama en los hombres es una realidad que, lamentablemente para nosotros y nuestro entorno, vive en la más absoluta oscuridad. Y es hora de encender la luz.


