Redacción
Gracias a la estimulación cerebral profunda (ECP), el Hospital de Sant Pau de Barcelona ha conseguido tratar con éxito un caso “extremadamente grave” de Síndrome de Tourette. La sintomatología del paciente de 21 años se componía de tics vocales incontrolados, coprolalia aumentada (tendencia a insultar), klazomanía (emisión de gritos involuntarios) y clafomanía (destruir objetos), y tenía un tipo de enfermedad refractaria a las terapias farmacológicas existentes.
Muchos medicamentos usados para el Síndrome de Tourette son neuroepilépticos o antipsicóticos que ralentizan el movimiento, pueden dificultar ciertos aspectos del pensamiento y son «bastante potentes» según el equipo médico. Mientras, la estimulación cerebral profunda aún no está aprobada por las agencias reguladoras norteamericana y europea en esta enfermedad, y se aplica como uso compasivo en casos seleccionados refractarios al tratamiento médico.
Las primeras mejoras aparecen a los tres o cuatro meses, pero hasta los ocho o nueve meses no comienzan la mejora sustancial
La cirugía consiste en hacer dos trepanaciones para implementar dos electrodos de ECP en el lóbulo pálido interno, la diana habitual que se usa en trastornos hipercinéticos. Los electrodos están controlados por un neuroestimulador situado por debajo de la clavícula del paciente a nivel subcutáneo, que se encienden dos semanas después de la intervención para aplicar pequeñas descargas eléctricas.
Sus efectos no son de carácter inmediato. De hecho, al cabo de tres o cuatro meses, el paciente empezó a mejorar, aunque no fue hasta entre los ocho y nueve meses después de la intervención cuando se pudieron ver una mejoría sustancial. En la actualidad, el paciente ha retomado actividades cotidianas que antes le resultaban «imposibles», como quedar con sus amigos, seguir los estudios, salir solo a pasear y hacer deporte, y tiene previsto reiniciar sus estudios universitarios. Según Ignacio Aracil, adjunto del Servicio de Neurología de Sant Pau, “este chico presentaba una situación límite, con riesgo de conducta suicida. Hoy, más de un año después de la cirugía, vive con autonomía y con proyectos de futuro”.
Con tan solo 5 años, el paciente comenzó los primeros síntomas en forma de parpadeos involuntarios, que a los 8 años se agravaron con tics en el cuello y los hombros. A los 14 años, le diagnosticaron oficialmente el Síndrome de Tourette, con tics motores más complejos y tics fónicos que se agravaron con el paso del tiempo.

