Redacción
Cardioalianzas ha presentado el informe Situación de políticas, gestión y atención a las ECV en España, que evidencia avances en la planificación sanitaria de las enfermedades cardiovasculares (ECV), pero también importantes diferencias territoriales en el acceso a recursos, continuidad asistencial y desarrollo de estrategias entre comunidades autónomas.
El documento se ha dado a conocer durante una jornada inaugurada por la subdirectora general de Calidad Asistencial del Ministerio de Sanidad, María Fernández, y el presidente de Cardioalianza, Tomás Fajardo. El análisis se basa en una encuesta cumplimentada por nueve consejerías de Sanidad (Andalucía, Aragón, Canarias, Castilla-La Mancha, Cataluña, Navarra, Comunidad Valenciana, La Rioja y Melilla), además de una revisión bibliográfica y análisis de datos.
Entre las principales conclusiones destaca que todas las comunidades participantes cuentan con un marco estratégico que incorpora las enfermedades cardiovasculares, principalmente mediante planes específicos. Sin embargo, algunas de estas estrategias tienen más de una década de antigüedad, lo que genera heterogeneidad en el grado de actualización y aplicación real.
Todas las comunidades participantes tienen una estrategia para las enfermedades cardiovasculares pero algunas tienen más de una década de antigüedad
El informe identifica también diferencias significativas en recursos asistenciales. Un ejemplo es la rehabilitación cardiaca, ya que mientras unas comunidades disponen de una sola unidad, otras cuentan con 16 o hasta 25. Estas desigualdades condicionan el acceso de los pacientes a este recurso.
La inequidad en el acceso también se manifiesta en la implantación de registros y sistemas de información específicos para monitorizar las enfermedades cardiovasculares sigue siendo desigual, así como el desarrollo de rutas asistenciales y protocolos clínicos. Cinco comunidades disponen de protocolos para las principales patologías cardiovasculares, mientras que otras cuatro solo los han implementado para enfermedades concretas.
Además, la participación de los pacientes está presente en la mayoría de los territorios, pero no integrada de forma sistemática en los procesos de evaluación. Esto refleja un reconocimiento generalizado del valor del enfoque participativo en el diseño de políticas sobre enfermedades cardiovasculares, pero con distintos grados de implantación e institucionalización según la comunidad autónoma.
Las estrategias autonómicas priorizan las enfermedades cardiovasculares con mayor impacto en la morbimortalidad y presión asistencial, como la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardiaca y las arritmias. En cambio, otras patologías menos prevalentes, como las valvulopatías, las cardiopatías congénitas y otras enfermedades del aparato circulatorio, cuentan con una menor cobertura, una situación que puede traducirse en desigualdades en la atención y en el acceso a cuidados especializados.
Tomás Fajardo ha señalado que «la salud cardiovascular debe ser considerada un ámbito prioritario de intervención desde la planificación sanitaria
El presidente de Cardioalianza ha destacado que «las enfermedades cardiovasculares representan una de las principales causas de morbimortalidad en España y una de las mayores cargas asistenciales y económicas para el Sistema Nacional de Salud». Por ello, ha defendido que «la salud cardiovascular debe ser considerada un ámbito prioritario de intervención desde la planificación sanitaria, abarcando tanto la prevención como la atención clínica, la rehabilitación y el manejo de la cronicidad».
A su vez, ha incidido en que «la existencia de diferencias territoriales en recursos, acceso, sistemas de información y capacidad de implementación pone de manifiesto la necesidad de reforzar el liderazgo y la coordinación a nivel nacional, asegurando que la Estrategia en Salud Cardiovascular se despliegue con criterios comunes, financiación suficiente y mecanismos de evaluación comparables».
El estudio también refleja que aspectos como la perspectiva de género, la investigación e innovación, el apoyo a cuidadores o la transición entre cardiología pediátrica y de adultos presentan un menor grado de desarrollo en los planes autonómicos. También, señala que las comunidades autónomas han generalizado la coordinación asistencial, aunque todavía existen diferencias en su grado de desarrollo e implantación.
Para Fajardo, avanzar hacia un modelo más equitativo exige «situar la salud cardiovascular como una prioridad política real, impulsando la cohesión del sistema, la medición sistemática de resultados y la incorporación efectiva de la voz del paciente en la toma de decisiones».




