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herramienta para acompañar de forma natural el proceso de envejecimiento con “resultados naturales, armónicos y duraderos”

Nieves Sebastián Mongares
Con el paso de los años se produce una pérdida progresiva de colágeno que deriva en la aparición de flacidez y el descenso de los tejidos blandos faciales. En concreto, se estima que a partir de los 20 años, anualmente, se pierde el 1% de colágeno, aunque depende de la genética. Para paliarlo, el Dr. Enrique Fernández Romero, vocal y responsable de la sección de farmacovigilancia de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), explica que los bioestimuladores de colágeno “acompañan de forma natural este proceso de envejecimiento”.

Como precisa el especialista, la disminución de colágeno va acompañada de una pérdida de elastina y calidad cutánea. “La piel va perdiendo firmeza, elasticidad y capacidad de sostén”, indica. En este contexto, los bioestimuladores desempeñan un papel fundamental, ya que ayudan a estimular la producción de nuevo colágeno y a mejorar la calidad de los tejidos”, resalta.

Selección en función de las características del paciente

Un consenso internacional publicado en 2025 establece qué pacientes se benefician más de cada tipo de bioestimulador. “Los pacientes con piel gruesa y cuyo objetivo principal sea la reposición estructural y el soporte de los tejidos suelen ser excelentes candidatos para la hidroxiapatita cálcica”. Este compuesto, expone, actúa como elemento de soporte estructural gracias a su gel portador, proporcionando un efecto inmediato de sostén tisular y, además, sus microesferas de calcio desencadenan un proceso de bioestimulación progresiva; estas partículas estimulan a los fibroblastos.

Por otra parte, subraya, “los pacientes con piel fina, con pérdida de volumen, vaciamiento tisular, delgadez facial o flacidez suelen obtener mejores resultados con el ácido poliláctico, ya que proporciona una estimulación progresiva del colágeno y una mejoría gradual y natural a lo largo del tiempo”, desarrolla. A este se le atribuye una inflamación biológica controlada que actúa como señal de llamada para los fibroblastos, respuesta reparadora que desencadena una intensa actividad regenerativa que se traduce en la formación progresiva de nuevo colágeno y elastina.

En palabras del doctor, “en ambos casos se produce una auténtica regeneración tisular, con neoformación de colágeno, elastina y remodelación de la matriz extracelular”. Sobre esta última, el especialista indica que, cuando está sana y equilibrada los tejidos funcionan mejor, se hidratan adecuadamente y envejecen de forma más saludable. Pero, puntualiza, con el ácido poliláctico, se han observado “incrementos de colágeno tipo I de hasta un 66,5 % a los tres meses, aumentos de elastina cercanos al 34 % y una mejoría significativa del tejido adiposo blanco superficial, que es la capa grasa situada inmediatamente debajo de la piel y que desempeña un papel fundamental en la calidad y el aspecto juvenil del rostro”.

Cada tipo de bioestimulador cuenta con un mecanismo de acción que se ajusta a las necesidades de determinados perfiles de pacientes

El Dr. Fernández detalla que “es importante es realizar una correcta valoración individual para seleccionar el bioestimulador más adecuado según el tipo de piel, la calidad de los tejidos y los objetivos de cada paciente”. También, porque como advierte, “aunque los bioestimuladores de colágeno son tratamientos muy versátiles y seguros cuando están correctamente indicados, existen perfiles en los que debemos ser especialmente prudentes o incluso contraindicar su uso”. Por ello, se debe valorar minuciosamente a perfiles con rostros excesivamente gruesos o con importante acumulación de tejido graso facial, especialmente cuando el objetivo es mejorar la definición y el contorno, dado que la estimulación adicional de colágeno podría general un exceso de volumen o densidad tisular con impacto negativo a nivel estético.

Además, existen contraindicaciones claras para su uso. “No suelen recomendarse en pacientes con enfermedades autoinmunes del tejido conectivo o enfermedades del colágeno, como el lupus eritematoso sistémico, la dermatomiositis o la esclerodermia, entre otras”, indica el Dr. Fernández Romero. En cualquier caso, incide en la relevancia de realizar una valoración médica individualizada ya que aspectos como la respuesta inmunológica y los procesos de cicatrización puedan estar alterados.

“La clave está en seleccionar adecuadamente al paciente; el éxito no depende únicamente del producto utilizado, sino de indicar el tratamiento correcto para el perfil adecuado y en el momento preciso del proceso de envejecimiento”, asevera el experto.

Funcionamiento y duración

Los bioestimuladores de colágeno tienen una gran influencia sobre los macrófagos, esenciales en la reparación y envejecimiento tisular; en concreto el ácido poliláctico, favorece la polarización hacia los macrófagos M2, que poseen una función regeneradora y antiinflamatoria, mientras reducen la actividad de los macrófagos M1, más relacionados con la inflamación crónica. “Este cambio contribuye a disminuir la degradación del colágeno y favorece un entorno biológico más adecuado para la regeneración y el mantenimiento de los tejidos, señala el Dr. Fernández Romero.

En cuanto a los efectos y duración, varían en función del producto utilizado y su mecanismo de acción. El experto resalta que la hidroxiapatita cálcica ofrece una mejoría visibles desde el primer momento, aunque su efecto real se desarrolla progresivamente en las semanas y meses posteriores, según se produce nuevo colágeno con unos resultados que duran entre 12 y 15 meses. Mientras, el ácido poliláctico no proporciona un efecto inmediato al estimular mecanismos naturales de regeneración, por lo que los resultados también aparecen de forma gradual a medida que pasan los meses; pero, según los estudios más recientes, esta duración puede mantenerse 25 meses o más tras el tratamiento.

Por todo ello, el Dr. Fernández Romero remarca que “es importante que el paciente comprenda que los bioestimuladores no son tratamientos de transformación inmediata”. “Son procedimientos que trabajan activando la propia capacidad regenerativa del organismo, por lo que requieren tiempo, seguimiento y confianza en la indicación médica” que, apunta, “permite obtener resultados naturales, armónicos y duraderos”.

Información clara y basada en la evidencia científica

Para el Dr. Fernández Romero es crucial que los profesionales sean claros, honestos y rigurosos, teniendo cuidado de no prometer resultados que no estén basados en la evidencia científica. También, ayudar a los pacientes a diferenciar entre tendencias del momento y criterios clínicos de cada procedimiento. Por ello, apunta, “antes de indicar cualquier bioestimulador, el profesional debe realizar una valoración integral”.  Este, expresa, debe incluir un análisis del proceso de envejecimiento, la calidad de la piel, el grado de flacidez, la pérdida de volumen y un profundo conocimiento de la anatomía facial.

También, resalta, “es fundamental la correcta elección del producto”.  A los mencionados y más usados -hidroxiapatita cálcica y ácido poliláctico- se suma la policaprolactona, cada uno con sus indicaciones específicas. Por otra parte, refiere que se pueden usar los denominados skinboosters, tanto por separado como como complemento, dado que “producen un efecto mecánico sobre el fibroblasto, célula primordial en la piel como base del envejecimiento”. Con todo ello, es el experto en medicina estética el que debe elegir la mejor opción en base a la seguridad, evidencia científica y beneficio real del paciente.

Los bioestimuladores de colágeno han ido adquiriendo protagonismo porque reflejan la evolución de la medicina estética hacia un concepto más natural, global y respetuoso con la biología del paciente

Los bioestimuladores de colágeno han ido ganando protagonismo porque, según el Dr. Fernández Romero “reflejan la evolución de la medicina estética hacia un concepto mucho más natural, global y respetuoso con la biología del paciente”. Y es que, mientras antes la medicina estética se orientaba a tratar zonas aisladas, tratamientos como este pueden actuar simultáneamente sobre piel, grasa, ligamentos, músculo y hueso. “Los bioestimuladores no buscan rellenar o camuflar una pérdida de volumen, sino activar los mecanismos de regeneración del organismo para mejorar la calidad de los tejidos y restaurar progresivamente el soporte facial”, precisa. Siguiendo este hilo subraya que estos tratamientos encajan en el concepto de longevidad saludable, no sólo corrigiendo los signos visibles del envejecimiento, sino actuando en su prevención y ralentización, permitiendo recuperar el equilibrio facial manteniendo la identidad de cada persona.

La evidencia que respalda su uso es amplia. El Dr. Fernández Romero recuerda que el origen del ácido poliláctico esta ligado a la epidemia de VIH; la llegada de los antirretrovirales para esta patología supuso un punto de inflexión en términos de supervivencia, aunque con efectos adversos entre los que destacaba por su frecuencia la lipoatrofia facial, pérdida de grasa que producía un aspecto demacrado que estigmatizaba a quienes lo padecían. Para corregirlo, comenzó a usarse el ácido poliláctico como estimulador de colágeno, recibiendo su aprobación en 2004 en Estados Unidos y la financiación en España para estos pacientes inmunodeprimidos en 2010.

Los bioestimuladores de colágeno están entre los tratamientos con más evidencia dentro de la medicina estética

El hecho de que se aprobase en este contexto, dice el Dr. Fernández Romero, “tiene una enorme relevancia clínica”, reforzando que “hablamos de un producto utilizado en personas con sistemas inmunitarios comprometidos, lo que demuestra el elevado nivel de seguridad exigido para su aprobación”. Además, durante más de dos décadas se han ido publicando estudios que han permitido perfeccionar las técnicas de preparación dilución e infiltración, reduciendo la incidencia de complicaciones sustancialmente.

Por todo ello, el experto insta a diferenciar entre la evidencia científica y mensajes simplificados, como los que a veces circulan por redes sociales. “Los bioestimuladores de colágeno son probablemente de los tratamientos más estudiados dentro de la medicina estética moderna”, asevera el Dr. Fernández Romero. Matiza que, como con cualquier procedimiento, el riesgo nunca es cero, aunque incide en que cuentan con una sólida base científica sobre eficacia y seguridad, sobre todo “cuando son utilizados por profesionales formados, con una correcta selección del paciente y siguiendo protocolos rigurosos”.

Bioestimuladores de colágeno vs. Bioestimulación física

Más allá de los bioestimuladores de colágeno, el Dr. Fernández Romero valora positivamente el papel de la bioestimulación física. “Una de las estrategias más eficaces en medicina estética regenerativa es la combinación de bioestimuladores de colágeno con tecnologías de estimulación física como el HIFU y la radiofrecuencia, ya que actúan a distintos niveles anatómicos y sus efectos son complementarios”, afirma. En concreto, el HIFU actúa en planos profundos mediante ultrasonidos focalizados, generando coagulación térmica que estimula colágeno, retrae tejidos y mejora el soporte facial y la radiofrecuencia trabaja en capas más superficiales, aportando calor controlado para remodelar el colágeno, mejorar la calidad de la piel y potenciar el tensado cutáneo.

Sobre las diferencias, el especialista indica que “los bioestimuladores de colágeno, ya sean hidroxiapatita cálcica o ácido poliláctico, aportan una tercera dimensión al tratamiento: la regeneración biológica de los tejidos”. “Me gusta explicarlo con una analogía sencilla: si imaginamos un terreno que ha sufrido un desprendimiento, los bioestimuladores actuarían como una gran red que ayuda a sostener y reforzar toda la estructura; el HIFU, por su parte, sería como colocar vigas o trabéculas internas que consolidan el soporte desde planos más profundos y la radiofrecuencia aportaría el acabado final, tensando y mejorando la superficie”, desarrolla.

La bioestimulación física puede usarse por sí sola o junto a los bioestimuladores de colágeno, caso en el que actúan de manera complementaria y, a veces, sinérgica

Con todo lo anterior, concluye, estos dos “son tratamientos compatibles y, en muchos casos, sinérgicos”. Lo que sí especifica es que, en caso de realizarse en la misma sesión, se recomienda empezar por el HIFU y, posteriormente, aplicar los inductores de colágeno. “De esta forma, primero se genera el estímulo físico profundo y después se potencia la respuesta regenerativa mediante la bioestimulación química, obteniendo un abordaje global y mucho más eficaz del envejecimiento facial y la flacidez”, expresa.

El Dr. Fernández Romero expresa que “la clave está en la personalización”, aportando que “cada indicación debe sustentarse en una valoración médica rigurosa, el conocimiento de la anatomía, la evidencia científica disponible y en un profundo compromiso ético con el paciente”. Así, concluye, “los inductores de colágeno se han convertido en una de las herramientas más representativas de la medicina estética actual y futura: una medicina más humana, más científica, más preventiva y más orientada a preservar la calidad de vida, que respeta la individualidad de cada persona, acompaña en lugar de transformar y que busca en todo momento resultados seguros, naturales y sostenibles en el tiempo”.

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