El próximo viernes, el Swiss Hotel de Santa Cruz de la Sierra será sede del Foro CBTI 2026. El encuentro es impulsado por la Cámara Boliviana de Tecnologías de la Información (CBTI). Busca poner a la tecnología y la innovación en el centro de la agenda pública.
Karem Infantas Soto, vicepresidenta de la institución, explica el sentido del evento. «Es un foro impulsado desde Santa Cruz para Bolivia. Tiene el objetivo de impulsar y ayudar a que los proyectos, leyes y programas consideren a la tecnología y la innovación como un factor de transformación y como ejes estratégicos».
Foro CBTI 2026
La convocatoria reúne a la llamada hélice sistémica: academia, empresa y gobierno. Además, intenta sumar a las autoridades a una discusión que, dice Infantas, la sociedad civil no puede sostener sola.
«Estamos invitando a la hélice sistémica y seleccionando a los participantes. Tenemos un grupo de líderes con propuestas: gente de la academia, gente de las empresas, y hemos invitado también a los gobiernos», señala. Entre los expositores confirmados figuran Luis Font, desde España, quien abordará la transformación de los modelos de negocio a partir de la inteligencia artificial. También estará Rodrigo Carrillo, desde Chile, integrante de la comisión de IA de ese país. Hablará sobre las tendencias que deberían orientar el desarrollo de la inteligencia artificial en Bolivia.
Pero el núcleo de la conversación con Infantas no es el programa del foro, sino el diagnóstico que lo motiva: una brecha tecnológica que, lejos de cerrarse, se profundiza. «Vemos que las asimetrías, o brechas —como se las llamaba antes—, se están incrementando profundamente. No solo como país respecto a lo que se trabaja a nivel internacional, donde ya estábamos atrasados», afirma. Cita como referencia un estudio sobre el estado de las tecnologías de la información en Bolivia, elaborado por la propia CBTI, que empezó en 2008 y se ha actualizado desde entonces.
La pandemia, sostiene, fue paradójicamente el mayor impulsor de la digitalización en el país, pero no alcanzó a todos por igual. «La asimetría persiste en el sentido de que ahora hay más acceso a la información, aunque quienes siguen siendo los ‘infopobres’ quedan más relegados», precisa. Agrega una comparación que ilustra la persistencia del problema. «Antes el conocimiento tampoco era democrático: había gente que tenía acceso a estas herramientas, pero eran de alto precio. Ahora están más disponibles y son más asequibles, pero seguimos teniendo grandes diferencias».
Una brecha que se amplía
Esa brecha, según Infantas, tiene una expresión muy concreta en la educación pública. Recuerda que hace veinte años se prometió soberanía tecnológica a través del acceso a telecentros en los municipios, una promesa que, dice, terminó recayendo en la sociedad civil. «Desde la sociedad civil hemos tenido que instalar tres telecentros en distintos colegios fiscales de San José de Chiquitos, y ahora nos están pidiendo lo mismo desde San Carlos», relata.
La misma lógica se repite en el sector productivo. «Existen herramientas que podrían ayudar a los pequeños emprendimientos a responder más rápido, con menos personal. Pero los líderes empresariales y los emprendedores tecnológicos no tienen ese acceso».
Frentes de acción
De cara al foro de la CBTI, Infantas plantea tres frentes de acción. El primero es normativo: pasar de la declaración de intenciones a la implementación efectiva. «Hay un primer punto que es pasar de un eslogan —de decir que esto ocurre— a una implementación efectiva. Se requiere reglamento, políticas públicas, medios de ejecución y también control», sostiene. Reivindica el rol del control social sobre la gestión pública. El segundo es el apoyo directo al sector: cita el caso de Santa Cruz, que hoy concentra buena parte de los 151 emprendimientos tecnológicos identificados en Bolivia. Propone replicar experiencias como el programa 111 Mil de Argentina, que capacitó masivamente a desarrolladores. «Necesitamos apoyo para la investigación, para la innovación y poder trabajar en proyectos con empresas de los sectores de minería, agropecuario y otros, para impulsar su crecimiento rápidamente», plantea.
El tercer frente, insiste, es cultural. «A veces las instituciones lo que hacen es colocar tecnología, cuando lo que hay que cambiar es el chip mental sobre el porqué de la tecnología», afirma Infantas. Y cierra con una idea que resume su diagnóstico sobre el estado de la innovación en Bolivia. «Proyectos interesantes sí tenemos, y hemos visto que funcionan en otros lugares; a veces lo que falta es un poco de voluntad».
