El sector cisternero advierte que llegó al límite de su capacidad financiera y confirmó un paro indefinido desde el lunes, ante la falta de pago de servicios prestados a YPFB desde abril. Los transportistas aseguran que la demora compromete su capital de operaciones y pone en riesgo la continuidad del transporte internacional de combustibles.
El presidente de la Federación de Empresarios Cisterneros, Sergio Kosky, afirmó que el sector agotó todas las instancias de diálogo y que, pese a los compromisos asumidos por la actual administración de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), las deudas continúan pendientes.
“Cuando asumió el actual presidente de YPFB le dije que teníamos actas para empapelar un salón. Se comprometió a cumplir sin la necesidad de más actas”, relató Kosky a DTV, al señalar que ese compromiso no se tradujo hasta ahora en soluciones concretas.
Según el dirigente, las empresas permanecen sin pagos desde abril, mientras las respuestas del Estado solo «sirven para postergar una definición». La situación, dijo, ya dejó de ser un problema administrativo para convertirse en una dificultad financiera que afecta directamente la supervivencia de las empresas.
“Es muy difícil la situación. No hay economía, no hay reserva, no hay capital de operaciones que aguante estar cinco meses impagos”, sostuvo.
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Ante este escenario, el sector confirmó que desde el lunes paralizará sus operaciones de manera indefinida si no alcanza un acuerdo con la estatal petrolera.
Kosky aclaró que la medida no contempla movilizaciones ni bloqueos de carreteras. Se trata, explicó, de una decisión empresarial: los propietarios determinaron no sacar sus unidades de los garajes mientras persista la falta de pago.
La paralización alcanzaría a los camiones cisterna que realizan el transporte internacional de combustibles por las rutas vinculadas a Chile y los corredores del Pacífico, Atlántico y río Paraguay.
El dirigente remarcó que el conflicto se produce en un contexto particularmente complejo para el sector, que además enfrenta dificultades operativas para cargar combustible. “Hacemos una semana de cola para cargar combustible”, afirmó, describió una situación que, a su criterio, incrementa los costos y reduce aún más la capacidad de las empresas para mantenerse activas.
Un sector reducido
Kosky también alertó sobre el impacto que la falta de pagos ya genera en la estructura del transporte cisternero. Recordó que aproximadamente 7.000 cisternas llegaron a prestar servicios mediante contratos de licitación con YPFB, pero aseguró que alrededor del 25% de esas unidades ya abandonó la actividad, precisamente por las demoras en los compromisos.
Para el dirigente, el problema no es la falta de voluntad para continuar en el trabajo, sino la imposibilidad económica de hacerlo bajo las actuales condiciones.
“Esto ya es insostenible y no podemos seguir así. No es que no queremos, no podemos”, afirmó.
