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Viacha convierte residuos en combustible alternativo para la industria cementera

La planta de cemento de Viacha convierte los residuos  en un combustible alternativo que sirve para fortalecer la industria cementera del país, un proyecto que desarrolla la empresa Soboce S.A.

El viceministro de Políticas de Industrialización Sostenible y Artesanía, Gustavo Jáuregui Gonzáles, recorrió las instalaciones para conocer el proceso mediante el cual los residuos que ya no pueden ser reciclados son acondicionados y transformados en combustibles alternativos destinados a los hornos cementeros.

“La industrialización del siglo XXI tiene que ser una industrialización sostenible, innovadora y capaz de convertir nuestros problemas en oportunidades”, afirmó Jáuregui, al destacar que este tipo de iniciativas permite que un residuo deje de representar únicamente un costo y pueda convertirse en un insumo productivo.

El proyecto parte de la separación de los residuos. En una primera etapa se recuperan los materiales que todavía tienen posibilidades de reciclaje. Aquellos que ya no pueden ser aprovechados mediante esa vía pasan a un proceso de acondicionamiento para obtener combustibles alternativos que pueden sustituir progresivamente a los combustibles convencionales utilizados en la producción de cemento.

Desde el Gobierno, la experiencia es considera una muestra de cómo la gestión de residuos puede integrarse a una estrategia de industrialización, con potencial para reducir la presión sobre los sistemas de disposición final y, al mismo tiempo, abrir oportunidades para la inversión, la innovación y la generación de empleo.

Vea: Jáuregui plantea mayor participación de la industria en transición energética

Residuos

Uno de los principales desafíos para ampliar este tipo de proyectos es garantizar un sistema eficiente de recolección, separación y recuperación de residuos. Por ello, el Gobierno plantea fortalecer la coordinación entre las instituciones públicas, los gobiernos municipales y el sector privado.

“Vamos a trabajar de manera articulada con los municipios y el sector privado para impulsar alianzas que permitan resolver problemas concretos y, al mismo tiempo, generar actividad económica, inversión y empleo”, señaló Jáuregui.

La iniciativa cuenta con el acompañamiento de la Cooperación Alemana GIZ y avanza en procesos de articulación con los municipios de La Paz, El Alto y Viacha, con el objetivo de fortalecer los sistemas de separación y aprovechamiento de residuos.

El modelo también podría replicarse en otras regiones del país, especialmente en aquellas donde exista infraestructura industrial capaz de utilizar combustibles derivados de residuos. La aplicación, sin embargo, deberá adecuarse a las características, volúmenes de residuos y necesidades de cada territorio.

Recurso

Para el Viceministerio de Políticas de Industrialización Sostenible y Artesanía, el proyecto de Viacha muestra que la política industrial puede incorporar criterios ambientales sin dejar de lado la productividad y la competitividad.

La transformación de residuos en combustibles alternativos plantea, en ese sentido, una lógica distinta: producir más y contaminar menos pueden formar parte de una misma estrategia de desarrollo.

“Queremos una Bolivia que no solamente extraiga y produzca, sino que sea capaz de transformar, innovar y generar valor. La sostenibilidad no debe verse como una restricción para la industria; debe convertirse en una ventaja competitiva para nuestras empresas y en una oportunidad de inversión para el país”, sostuvo Jáuregui.

Durante la visita participaron Dante Estévez, gerente nacional de Operaciones de SOBOCE; Álvaro Andrade, gerente nacional de Sostenibilidad y Proyectos de SOBOCE; Ronald Pasig, representante de la Cooperación Alemana GIZ; y Marcelo Alfaro, gerente general del Instituto Boliviano del Cemento y el Hormigón.

La experiencia de Viacha coloca así a la economía circular en el centro de un desafío que combina dos problemas: la creciente generación de residuos y la necesidad de la industria de encontrar alternativas más eficientes y sostenibles para sus procesos productivos. Para el Gobierno, el siguiente paso será convertir experiencias como esta en modelos de articulación que generen valor y se apliquen en otras regiones del país.

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