En las redes sociales circula un anteproyecto de ley educativa denominado “Libertad y Excelencia Educativa LEE Bolivia”. El documento, hasta el momento, no ha sido oficialmente confirmado por el Ministerio de Educación, aunque tampoco ha sido expresamente desmentido. Ha generado rechazo en organizaciones sindicales del magisterio y comienza a ser analizado por diferentes actores educativos. Nuestro propósito no es establecer su autenticidad ni su carácter definitivo, algo que corresponde aclarar a las autoridades, sino analizar la concepción de educación, sociedad y sujeto que expresan las ideas contenidas en su texto.
Las palabras utilizadas para definir una política educativa nunca son neutrales, expresan una manera de entender la sociedad, el Estado, la vida, la educación y al sujeto social que se pretende formar. Esto se advierte desde el propio título del anteproyecto -Libertad y Excelencia- que anticipa dos conceptos que atraviesan su contenido y muestran un cambio respecto de la concepción educativa sociocomunitaria productiva desarrollada por la Ley 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez.
La Ley 070 construyó su identidad alrededor de una educación descolonizadora, comunitaria, participativa, intracultural, intercultural, plurilingüe y productiva. Su concepción no reducía la educación a la formación de capacidades individuales. Buscaba relacionar al individuo con su comunidad, los pueblos, sus culturas y saberes, planteando como horizonte la transformación social y una educación entendida como derecho humano universal que surge de la vida y se desarrolla en la vida misma.
El anteproyecto liberal no elimina completamente este discurso; lo reacomoda dentro de una concepción diferente. Mantiene la interculturalidad, la intraculturalidad, el plurilingüismo y las Universidades Indígenas Comunitarias. Sin embargo, al desaparecer el horizonte descolonizador y debilitarse la concepción comunitaria que articulaba estas categorías, existe el riesgo de que terminen convertidas en palabras vacías de contenido: permanecen formalmente en la norma, pero pierden el sentido educativo y pedagógico que las integraba.
El cambio fundamental se encuentra en qué conceptos pasan a ocupar el centro del discurso educativo. Aparecen reiteradamente calidad, excelencia, mérito, competencias, innovación, emprendimiento, empleabilidad, productividad, competitividad y resultados. El sistema educativo es definido incluso como “meritocrático”, relacionando mérito con esfuerzo, capacidad individual, excelencia académica y evaluación por resultados.
Es fundamental que la educación busque calidad, fortalezca la ciencia, incorpore tecnología o genere mejores oportunidades laborales. El problema surge cuando estas dimensiones dejan de complementar una concepción integral y empiezan a definir el sentido principal de la educación. La persona comienza entonces a ser valorada individualmente por su capacidad de competir, producir, emprender y demostrar resultados.
Las ausencias también muestran este cambio en las palabras y los enfoques. En el documento no aparece la descolonización, tampoco el Vivir Bien como horizonte educativo, ni se desarrolla la plurinacionalidad como categoría pedagógica-cultural, aunque permanezca la denominación “Sistema Educativo Plurinacional”. La intraculturalidad tiene una presencia limitada y buena parte de las referencias a pueblos indígena originario campesinos, saberes ancestrales, lenguas originarias y cosmovisiones queda concentrada en las Universidades Indígenas.
Se modifica así el propio sujeto de la educación. Mientras la Ley 070 relaciona individuo, comunidad, cultura y transformación social, el anteproyecto otorga mayor centralidad a un individuo competente, capaz de innovar, emprender, competir, incorporarse al mercado laboral y demostrar resultados. La comunidad no desaparece, pero deja de constituir el principio articulador de la educación. La misma orientación aparece en la gestión educativa donde la evaluación por resultados, los indicadores verificables, los estándares, las metas, la rendición de cuentas y la mejora continua introducen una racionalidad próxima a los modelos gerenciales: medir, evaluar, comparar desempeños y administrar resultados.
Por ello, Libertad y Excelencia son un título intencional. Libertad individual, mérito, competencia y excelencia, articulados con individualismo, meritocracia, emprendimiento y gestión por resultados, sustentan una orientación liberal y cercana a enfoques impulsados por organismos internacionales como parte de los condicionamientos vinculados al acceso del Estado Plurinacional de Bolivia a recursos y créditos.
