Mientras el zinc toca máximos que no se veían desde 2022 en la Bolsa de Metales de Londres (LME), el volumen físico que Bolivia extrae de este mineral cae. En junio de 2026 la producción nacional retrocedió 9,7 puntos frente al mismo mes de 2025. La peor lectura del semestre, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El país capta el beneficio del precio, pero no logra sumarle el de la cantidad.
El zinc a tres meses en la LME llegó a cotizar cerca de $us 4.107 por tonelada, su nivel más alto desde junio de 2022, tras subir con fuerza en lo que va del año. Detrás está una caída de aproximadamente 64% en los inventarios de la bolsa desde fines de 2024. La disminución se concentra en los almacenes de Occidente mientras las existencias en Shanghái suben. Se registra una diferencia entre el precio al contado y el de tres meses que llegó a superar los $us 230 por tonelada.
Jonathan Leng, director de investigación de zinc en Wood Mackenzie, advirtió que el colchón disponible es delgado. » Si hay más interrupciones en la producción de fundición, podríamos ver otro aumento» en los precios. A la escasez de metal refinado se suma la caída en la producción minera. Glencore bajó 21% su producción de zinc en el primer semestre y Boliden un 16,8% su concentrado. El hecho es que muchas fundiciones dependen cada vez más de sus créditos por subproductos como la plata y el plomo para sostener sus márgenes de operabilidad y ganancia.
El caso boliviano
En Bolivia, según el INE, el zinc fue el mineral que más se produjo en 2025: 499.922 toneladas métricas finas, con exportaciones por $us 1.419,6 millones. Casi todo concentrado en Potosí, que aporta más del 80% del valor nacional. El Ministerio de Minería y Metalurgia reportó que en el primer trimestre de 2025 la producción subió 4,2% y su valor 20,6%, impulsado por el alza del precio internacional. Sin embargo, el índice de volumen físico del INE muestra que esa dinámica se agotó. El promedio de enero a junio de 2026 llegó a 91,4 puntos frente al mismo período del año anterior, el nivel semestral más bajo del período reciente. Mayo y junio de 2026 fueron los meses más débiles, con caídas de 9,5% y 9,7% frente a un año atrás. El ingreso boliviano por zinc, en otras palabras, depende hoy casi exclusivamente de la cotización internacional y no de un repunte productivo interno.
Pronóstico incierto
No hay consenso sobre qué tan sostenibles son estos precios. Wood Mackenzie y BMI, unidad de Fitch Solutions, esperan una corrección hacia fin de año. BMI sostiene que «los precios seguramente van a soltarse de los niveles actuales», en un mercado que ve moviéndose hacia un superávit moderado. Tom Price, de Panmure Liberum, vincula la trayectoria del zinc a la demanda de acero en China. Advierte que «estamos yendo hacia una segunda mitad del año más tranquila». En la vereda opuesta, Jefferies elevó sus proyecciones de precio tras la sorpresa de oferta, aunque su propio analista, Sagar Sahu, reconoce que sus nuevas estimaciones para 2027 y 2028 quedan entre 7% y 9% por debajo del precio al contado actual. La divergencia no es un matiz menor: mide cuánto de este repunte responde a un problema de ubicación geográfica del metal, con Occidente sin stock y China con excedente, y cuánto a un déficit real y duradero que sostendría los precios más tiempo del previsto.
El repunte del zinc deja, por ahora, dos historias distintas conviviendo en un mismo precio. Para los mercados occidentales, es una historia de inventarios agotados y fundiciones exprimiendo cada subproducto disponible. Para Bolivia, es una historia más dramática: la de un país que cobra más por cada tonelada exportada mientras extrae menos. Si el precio corrige como anticipan Wood Mackenzie y BMI antes de que la producción nacional se recupere, Bolivia podría verse perjudicada desde ambos frentes.
