El candidato a la Gobernación de Oruro por la alianza Jach’a, Édgar Sánchez, aseguró que el balotaje en ese departamento se desarrolla bajo una lógica inusual. Competirá con el cuarto postulante más votado y no con el segundo, debido al peso que alcanzaron los votos nulos y blancos en la elección del 22 de marzo.
“Nosotros hemos sacado el 35% de votos (…), el segundo más votado es el voto nulo (…) el tercero el voto blanco (…) y el cuarto, la alianza Patria”, explicó el candidato en entrevista con Piedra Papel y Tinta.
Asimismo, calificó ese escenario como “anecdótico” dentro del marco legal vigente.
El resultado evidencia una fuerte fragmentación electoral y un mensaje de descontento ciudadano hacia las fuerzas políticas tradicionales. En Oruro, el respaldo a estas estructuras se redujo de manera significativa, lo que, según Sánchez, responde a un desgaste acumulado y a la pérdida de conexión con las demandas sociales.
El candidato atribuyó su victoria en primera vuelta a una trayectoria de más de dos décadas vinculada a organizaciones campesinas e indígenas, además de un trabajo territorial sostenido. Destacó que su alianza logró imponerse en las 16 provincias del departamento, consolidando una base electoral amplia.
En su análisis político, sostuvo que el electorado busca superar la polarización ideológica y avanzar hacia un modelo de unidad. En ese marco, planteó que, de ganar el balotaje del 19 de abril, priorizará el diálogo con el Gobierno nacional y otras autoridades para impulsar el desarrollo regional.
“Lo más importante hoy en día… es unidad. Y esta unidad significa trabajar con todas las autoridades”, afirmó, al señalar que buscará consensos incluso con el Ejecutivo en temas como la distribución de recursos bajo el esquema 50/50
Sánchez también delineó cuatro ejes de su propuesta: reactivación minera con remediación ambiental, fortalecimiento del comercio, impulso al turismo —con énfasis en el Carnaval de Oruro— y desarrollo productivo mediante infraestructura hídrica.
En este contexto, el balotaje en Oruro no solo definirá a la próxima autoridad departamental, sino que también pondrá a prueba la capacidad de recomponer la representación política en un escenario marcado por el voto de castigo, la dispersión electoral y la emergencia de nuevas fuerzas.


