Bolivia y China, celebraron este 2026, 41 años de relaciones diplomáticas. Este hecho histórico en la vida de ambos países, tiene como génesis el 9 de julio de 1985, en la que Bolivia reconoce que el gobierno de la República Popular China es el único gobierno legal en China. Con el principio de lealtad diplomática, nuestro país, reconoce desde el inicio del establecimiento de relaciones diplomáticas, que Taiwán es una parte inalienable del territorio de China continental.
Bolivia y China han establecido una relación de amistad y cooperación de más de 4 décadas hasta la actualidad sobre la base del respeto mutuo, la igualdad, y el beneficio reciproco, en la que se destaca la firma de; convenios, acuerdos, memorándums, protocolos, intercambios comerciales y demás instrumentos de integración bilateral.
En el histórico de la agenda bilateral hasta la actualidad , se destaca en 2013, la puesta en marcha del primer satélite de comunicaciones, Túpac Katari , desarrollado y lanzado por China para Bolivia, la transferencia de tecnología, cooperación y asistencia en Defensa, el préstamo para infraestructura vial e industria, y desde el 2018, la apertura del mercado interno chino para productos bolivianos, por medio de la suscripción de protocolos de requisitos fitosanitarios para la exportación de: carne de res, soya, quinua, café, sorgo , sésamo , chía , entre otros alimentos y bebidas, que permitieron consolidar a China como el principal destino de las exportaciones bolivianas.
En la actualidad, asistimos a un mundo con evidente reconfiguración del Poder, un mundo que se organiza de expresión multipolar. Por ello la lectura obligada de la Política Internacional, es indispensable en cualquier gobierno, sobre todo para observar que, en las últimas dos décadas, China se ha transformado en una potencia global como resultado de su revolución económica, que le ha permitido convertirse en el «motor» del crecimiento global, contribuyendo no solo al bienestar del pueblo chino, sino también a la prosperidad mundial. Los logros en ciencia, tecnología, innovación y diplomacia han convertido a China en un pilar fundamental del sistema internacional.
China es un referente fundamental en la política exterior de cualquier país y se diría que también uno de los principales factores de cambio, sino el principal, en el sistema internacional. En los últimos años, China, ha incrementado su presencia e influjo por doquier, afianzándose como un Estado clave, que respeta la soberanía de los países en el mundo.
El proceso de ascenso de China y su dinamismo económico imparable, no son solo reducibles a su adhesión al capitalismo como resultado de la globalización, sino que trascienden como modelo alternativo en los países del sur global. Evidentemente, el papel de China es cada vez más asertivo, más presente en el escenario internacional, y se debe no sólo a su desarrollo y tamaño económico, aunque por supuesto es muy importante, sino también a la presencia que ha tenido a nivel diplomático y el aporte con el multilateralismo efectivo. China se ha esforzado mucho por generar una imagen de una potencia responsable, de una potencia que no es transgresora del orden internacional y que busca y promueve resolver las tensiones, conflictos y guerras, como una clara alternativa al modelo estadounidense y europeo.
Nuestra política exterior debe apostar a la consecución de los intereses como país, por ello es imperativo orientar la continuidad en la agenda bilateral de Bolivia- China y escalar a la construcción de una “Asociación Estratégica Bilateral a Toda Prueba y Todo Tiempo”, para no depender de las circunstancias externas.
En este contexto, frente a la actual coyuntura de crisis de combustibles, divisas y energía en Bolivia, es altamente posible gestionar una agenda con China, consistente en retomar los procesos soberanos de Industrialización del Litio, con firmas chinas para la construcción de Plantas de carbonato de litio y otros derivados industriales de litio en Bolivia, me refiero a la gigantes empresas de litio , CBC (CATL, Brunp, CMOC) y CITIC GUOAN, quienes en condiciones de protección de inversión , otorgada por la Asamblea Legislativa Plurinacional, tendrían la capacidad para construir en 10 meses, las Plantas Industriales para la exportación de carbonato de litio grado batería, asegurando un ingreso de divisas de al menos 1.500 millones de dólares al año. En este tema, se podría retomar la gestión, de contratos avanzados desde el 2024. Por ejemplo, en Argentina y Chile, países, que también forman parte de llamado Triángulo del Litio, la Industria del carbonato de litio, cuenta con empresas y tecnología de China. La realidad muestra, que China tiene el 85% del procesamiento mundial de tierras raras, sin esto no hay teléfonos móviles y autos eléctricos, China fabrica 7 de cada 10 baterías de litio en el planeta. China fabrica el 80% de los paneles solares que se producen en el mundo. Procesa el 60% del grafito mundial. Sin grafito, no hay autos eléctricos. Definitivamente la transición energética mundial pasa en la actualidad por China.
También es posible, retomar con el gobierno de China, la gestión de la otorgación de un Swap de divisa Yuan Rmb, al Banco Central de Bolivia, para efectuar operaciones trasfronterizas de comercio en monedas soberanas entre Bolivia y China, hecho que significaría bajar, al menos un 40% en las operaciones de la divisa norteamericana del dólar en Bolivia. Además, alternativamente gestionar con empresas chinas, PetroChina, SINOPEC y otras, la provisión y compra de combustible, gasolina y diésel en condiciones favorables y crediticias a Bolivia. Sin duda la relación de Bolivia y China en una “versión 2.0”, podría también hacer efectiva la cooperación con financiamiento de grandes proyectos enmarcados en la iniciativa de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI, ratificada por la Ley 1170 en nuestro país, como estrategia de integración internacional en el ámbito de tecnología, la conectividad y motorización del comercio, a saber, el corredor ferroviario bioceánico, el Hub de Viru Viru, Proyectos Hidroeléctricos como Rositas, Misicuni 3era Fase, el Bala, el Chepete, la energía fotovoltaica, eólica, o Puerto Busch en la Hidrovia Parana – Paraguay, así como incorporar nuevos temas de cooperación y transferencia de tecnología en la agenda bilateral, incluyendo proyectos tecnológicos y científicos de alto impacto como la transformación digital de la salud, inteligencia artificial y biotecnología, incluido un TLC (Tratado de Libre Comercio), que permitiría incrementar por tres veces las exportaciones bolivianas al mercado chino.
La “inercia” y o inclinación de la cooperación de China, hacia el mundo, se traduce en la inmensa capacidad de este país para construir, transferir y compartir tecnología de primer orden, en condiciones accesibles, competitivas y adaptadas a los países en desarrollo. Y lo que es importante, sin injerencia, intervención, amenazas o vulneración de la soberanía.
Finalmente es importante considerar, que China, a diferencia de otras potencias, propone una nueva lógica en las relaciones entre estados, que consiste, que el desarrollo del otro, ya deja de ser una amenaza, es más bien una oportunidad. El crecimiento deja de ser competitivo y pasa a ser compartido. Esto se conoce, como la Comunidad de destino compartido para la Humanidad.
El Desarrollo del otro deja de ser un riesgo y se convierte en una oportunidad. Este cambio, abre una oportunidad histórica, por primera vez en mucho tiempo, los países en desarrollo como Bolivia, tienen más margen de acción, pueden integrarse, pueden negociar, y pueden construir estrategias. El Mundo deja de ser algo rígido y se vuelve más abierto con este concepto. El mundo multipolar no garantiza desarrollo por sí mismo, pero por primera vez lo vuelve más posible. Por ello, estoy convencido que, Bolivia y China tienen una agenda trabajo posible y de futuro compartido.
