La presentadora y modelo cruceña Graciela Novasky fue muy criticada por un vídeo viral en el que habla despectivamente del hecho de que alguien sea indígena de la zona del oriente de Bolivia, señalando que ser “cunumi” es algo para siempre, inamovible. Las críticas son justificadas, aunque ella explicita una realidad.
Ella dijo: “Yo soy de las que piensa que si eres cunumi vas a ser cunumi toda la vida, porque ser cunumi es una condición de vida”. El tono es de burla, como usaría alguien al decir: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Otra cosa sería, imaginémosla, si dijera exactamente lo mismo, con expresión seria, para hacer un reclamo por los efectos sociales que implica ser cunumi en esa región de Bolivia. Muy distinto, aunque tendría que agregar que es una situación que urge cambiar.
El comportamiento de las personas en ciertas ocasiones puede revelar el sistema subyacente de relaciones y estructura social en su comunidad, es lo que plantea Max Gluckman, uno de los clásicos de la antropología. Hace falta tomar un hecho a veces cotidiano pero significativo para observar todo el mundo que contiene, como este ejemplo de la presentadora con apellido de origen eslavo.
“Vas a ser cunumi toda la vida”. Evidentemente es así, el aspecto físico puede cambiarse hasta cierto punto; sin embargo, la manera de estar, esa forma de relacionarse con el resto desde una posición de poder y con la seguridad de que toda la estructura social e institucional está a tu favor, es algo que se aprende y con lo que se nace al pertenecer a un grupo social concreto y privilegiado, que es el capital social y cultural del que habla Pierre Bourdieu. Es muy difícil formar parte de esas relaciones de reconocimiento mutuo, eso lo sabe gente cunumi con éxito económico que no dejan de recibir desprecios explícitos y sutiles.
Son diferencias y discriminaciones por razón de clase social, desigualdades que no deberían existir; pero, fundamentalmente, este hecho muestra una discriminación racista, así de claro. Esta presentadora ha hecho alarde de su condición de formar parte de la clase privilegiada o, más específicamente, de su capital social y cultural, y también de un despreciable racismo. Despreciable porque lo es y, además, que es delito; sin embargo, la sanción de este hecho ilegal se ha relajado con el nuevo gobierno y, eso, es algo que también pone en evidencia el vídeo. Posiblemente hace unos meses o pocos años habría sido denunciada y quizás procesada.
Esta modelo y presentadora también hace, de manera implícita, una comparación consigo misma, que no es cunumi. Para ello, aprovecha su capital erótico, como lo define Catherine Hakim, que es contar con los cánones de belleza de esa sociedad, además de cierto carisma y simpatía (aunque de esto último no parece tener), en una sociedad racista como la boliviana, donde la belleza se asocia a la persona blanca. Por muy normalita que sea o incluso fea, o con mandíbula de caballo, si es blanca será más guapa que una persona indígena. Así es el racismo.
Pero también hay mucho machismo en Bolivia que tiene una sociedad patriarcal, que es que toda la estructura social está montada para los varones, que son los que aparecen dirigiendo todo espacio de poder, mientras que las mujeres son consideradas decorativas, por eso se sobrevalora el modelaje y, generalmente, una presentadora de televisión debe cumplir sobre todo los cánones de belleza antes que de inteligencia.
Evidentemente, ser cunumi es una condición de vida social injustamente construida. Implica tener menor acceso a la educación, salud y servicios públicos, de los privados ni pensar porque seguramente tendrá menos ingresos, salvo alguna persona exitosa que por muy exitosa que sea no dejará de ser cunumi, así, en tono despectivo. Por ello, es importante cambiar y buscar una sociedad sin racismo, sin clasismo y sin machismo.
¡Cunumis de Bolivia, uníos! Tiene un punto de broma, pero no lo es. Sólo en el reconocimiento propio de la condición racial discriminada y la puesta en valor de esa condición como orgullo y motivo de lucha, será posible un cambio necesario.
Por cierto, ¿sabían que el lema con que inicia El manifiesto comunista (1848) de Karl Marx y Federico Engels fue acuñado por una feminista? Sí, “¡Proletarios del mundo, uníos!” es de Flora Tristán y está en su obra La Unión Obrera (1843). Ante las discriminaciones, injusticias y desigualdades que llegan todas juntas, las luchas también deben ser necesariamente conjuntas.
