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El declive hegemónico de EEUU comenzó en Irán

Sin lugar a dudas, que la guerra impuesta por Estados Unidos e Israel contra Irán la de 12 días—13 de junio de 2025— y la de 40 días —12 de junio de 2026—, y el memorándum de entendimiento alcanzado el 14 de junio de esta gestión, donde la nación persa puso sus condiciones, como la terminación inmediata de las operaciones militares estadounidenses, el control del estrecho de Ormuz y el desarrollo de su programa nuclear, entre otros. Aspectos que marcaron un punto de inflexión en la historia contemporánea del siglo XXI, demostrando al mundo que Irán no solo se posesionó como potencia regional; sino que develó el principio del fin de Estados Unidos como potencia hegemónica.

Así lo señalan varios analistas entre ellos, Javier Rodríguez “EE.UU. la vergüenza mundial”, y la revista The Atlantic, que consideró que Trump y su equipo «perdieron, en tiempo récord, una guerra contra un adversario con capacidades militares”; pues si bien Irán sufrió daños por las operaciones militares estadounidenses e israelíes, no lograron desestabilizar a la civilización persa, una nación de más de 90 millones de personas.

El error de cálculo de Washington y Tel Aviv, fue pensar que, al eliminar físicamente a cerebros militares como el mártir teniente General, Mohammad Bagheri, o al líder de la República Islámica de Irán, Ali Jamenei, científicos, civiles y los 168 niños de Minab, podrían haber debilitado la voluntad defensiva del país, y lograr el “cambio de régimen” esperado, sin embargo, fue un fracaso, pues el “régimen” continua.

En esa línea, Irán se alzó como símbolo de unidad nacional demostrando que la doctrina revolucionaria shiita, es un sistema más grande que cualquier individuo, ya que en la cultura de la resistencia: “Los martirios de líderes dejan un legado de conocimiento y estrategia para las generaciones futuras”.

Estados Unidos e Isarel, no lograron ninguno de sus objetivos; pues la nación persa dejó claro que nunca estuvo persiguiendo un arma nuclear como lo señaló Rafael Grossi, Director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quién manifestó; “Nosotros no hemos tenido ninguna prueba de un esfuerzo sistemático [por parte de Irán] para avanzar hacia [la fabricación] de armas nucleares”.

Además, la transferencia inmediata de liderazgo al Ayatolá Mujtaba Jamenei consolidó las bases intactas del sistema de la República Islámica, en particular la institución de Wilayat al-Faqih (Tutela del Jurista Islámico), consolidándose el sistema por más de 47 años desde el Triunfo de la Revolución Islámica en 1979.

La República Islámica se ha convertido en un estratega más poderoso, porque no solo se defendió en todos los frentes de dos supuestas potencias “invencibles”; sino que logró el control sobre el estrecho de Ormuz, y consiguió que se levanten varias sanciones. Según Tom Nichols, “miles de millones de dólares en activos congelados fluirán hacia Irán”; es decir que la guerra impuesta deja a Irán más poderosa y con mayores reservas de efectivo, mientras Estados Unidos se encuentra débil, “con sus cruciales reservas de armas agotadas y los consumidores pagando el precio de la guerra con precios más altos del combustible».

Por lo tanto, la guerra puso a prueba algo más que los misiles; el valor de su resiliencia, que está inmanente en su pueblo y sus líderes; más aún, estando cerca al mes de Muharram (mes de luto dentro del islam), que han demostrado el verdadero significado del axioma: “Jamás nos someteremos a la humillación” y “la sangre triunfa sobre la espada”.

Según analistas internacionales, la nación persa humilló a Washington y Tel Aviv, —denominados como el “Imperio Epstein” — con su fe, su moral y su unidad; ya que la “yihad” (esfuerzo) no tiene fin, porque mientras exista arrogancia, megalomanía e intereses energéticos que yuxtapongan a los valores de la vida y la convivencia pacífica, siempre existirán pueblos que luchen y reivindiquen el derecho que les corresponde como naciones libres, independientes y soberanas.

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