Anuario iSanidad 2015
Dr. Guillermo Muñiz Albaiceta, director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA), Lucía Fernández Alonso, subdirectora económica y de profesionales del Hospital Universitario Central de Asturias y el Dr. Faustino Blanco González, ex director de la Fundación para la investigación e innovación biosanitaria en el Principado de Asturias (Finba)
La Ley 14/1986, General de Sanidad, establece que una de las funciones esenciales del sistema sanitario, además de la principal de proporcionar cuidados a la población, es promover el desarrollo del conocimiento, la investigación y la innovación en salud y, por tanto, constituyen obligaciones propias y exigibles del sistema sanitario.
A pesar de la presión asistencial, el sistema sanitario cumple esta misión generando una producción científica destacable. Los institutos de investigación sanitaria acreditados por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) representan una estructura clave para afianzar esta actividad, con el doble objetivo de promover y facilitar la labor investigadora y aumentar su calidad.


Gran parte de la actividad investigadora la desarrolla personal facultativo, cuya responsabilidad asistencial ocupa la mayor parte de su jornada laboral. Por ello, la investigación se desplaza con frecuencia a horarios no reconocidos oficialmente penalizando a quienes, con mayor interés y vocación para el avance científico, dedican horas adicionales a esta labor. Sin embargo, este esfuerzo está limitado por múltiples circunstancias que condicionan su continuidad y su reconocimiento curricular es cada vez menor.


Por otra parte, las dificultades actuales del sistema sanitario público para contratar personal de investigación cualificado se derivan, en gran parte, de la rigidez administrativa y de la falta de estructuras estables orientadas a la carrera investigadora. Los procedimientos de contratación son complejos y lentos, poco compatibles con la dinámica competitiva de la investigación biomédica, que requiere rapidez y flexibilidad.
Los procedimientos de contratación son complejos y lentos, poco compatibles con la dinámica competitiva de la investigación biomédica, que requiere rapidez y flexibilidad
A esto se suma la precariedad de los contratos asociados a proyectos, que generan incertidumbre a los centros y los investigadores. La limitación de recursos económicos y la falta de incentivos dificultan la competitividad con universidades, centros internacionales o el sector privado, donde las condiciones laborales y la proyección profesional pueden ser más favorables. Esta situación provoca una fuga de talento que impacta directamente en la capacidad del sistema sanitario para desarrollar investigación de alto nivel.
Ante esta realidad, la investigación debe adquirir un estatus claro dentro del sistema sanitario. Debe profesionalizarse y tener un reconocimiento explícito, un modelo de carrera investigadora identificable, un tiempo protegido, y una valoración adecuada y con un peso específico en la promoción profesional.
Estas medidas atraerán a profesionales cualificados, y favorecerán la aparición de nuevas vocaciones investigadoras en el sistema sanitario, lo cual mejorará significativamente el conocimiento generado.
La investigación debe adquirir un estatus claro dentro del sistema sanitario, debe profesionalizarse y tener un reconocimiento explícito
Actualmente, la trayectoria del facultativo investigador está definida en el ISCIII a través de los programas Río Hortega y Juan Rodés, para la contratación de perfiles profesionales júnior y sénior con dedicación compartida entre asistencia e investigación.
Adicionalmente, existen iniciativas de intensificación de la actividad investigadora que financian la contratación de facultativos que asumen actividad asistencial para descargar de esta al personal investigador, en un porcentaje variable. Aunque tanto los programas del ISCIII como los promovidos por los institutos de investigación sanitaria son los más consolidados a nivel nacional, el número de ayudas sigue siendo limitado.
Por otro lado, también existen servicios y dispositivos sanitarios que integran de forma natural la actividad investigadora como parte de su compromiso con el sistema sanitario, y son capaces de organizarse internamente para destinar tiempo y recursos a su desarrollo. No obstante, esta capacidad depende en gran medida del dimensionamiento de sus plantillas y la presión asistencial.
Esta capacidad depende en gran medida del dimensionamiento de sus plantillas y la presión asistencial
Por último, en el sistema sanitario se suma la figura consolidada del profesor vinculado, que combina la actividad asistencial en el centro sanitario con la docente e investigadora en la universidad a la que se vincula.
Aunque esta figura ofrece un marco más definido de compatibilidad, en muchos casos la suma de responsabilidades docentes y asistenciales limita la dedicación real a la investigación.
En este escenario, resulta urgente que el sistema avance hacia la creación de figuras específicas —como prevé la Ley de la Ciencia— que integren plenamente la actividad investigadora con la asistencial dentro del sistema sanitario y que permitan asumir tanto al personal formado en los programas citados como a quienes ya desarrollan investigación.
Esta visión de integración plena requiere definir con claridad las distintas dedicaciones, asistencial, docente e investigadora, y articularlas en un modelo organizativo
Esta visión de integración plena requiere definir con claridad las distintas dedicaciones —asistencial, docente e investigadora— y articularlas en un modelo organizativo. Una vez creadas estas condiciones —que no deben mermar la plantilla estrictamente asistencial—, será necesario definir las vías de acceso a estas nuevas figuras y su coordinación con las ofertas de empleo, garantizando la competencia por principios de mérito y capacidad.
Asimismo, es fundamental que la actividad investigadora esté enmarcada dentro del dispositivo asistencial en el que se incorpore. No debe tratarse de una iniciativa individual, sino de una herramienta más para mejorar la calidad global, coordinada en el Sistema de Salud.
Además, esta integración asegura la sostenibilidad del programa, favorece la retención de talento y garantiza el futuro de la formación en ciencias de la salud, al configurarse como un elemento estructural que trasciende a los personalismos.
No debe tratarse de una iniciativa individual, sino de una herramienta más para mejorar la calidad global, coordinada en el Sistema de Salud
Por otra parte, el personal asistencial que investiga debe asumir la responsabilidad sobre su producción científica, mientras que el sistema debe ser capaz de evaluar el progreso de esa actividad y exigir resultados razonables.
La evaluación de la producción científica y de su impacto en la salud es una tarea difícil, pero debe desarrollarse de forma sostenida, transparente y alineada con los estándares internacionales del ámbito investigador.
En definitiva, el sistema sanitario se enfrenta al desafío de crear y consolidar la figura del personal asistencial investigador capaz de combinar este perfil con el clínico y el académico. Su implantación exige dimensionar adecuadamente los recursos necesarios, definir estas nuevas figuras y establecer sistemas adecuados de acceso, evaluación y vinculación al sistema.
La incorporación de estos perfiles profesionales supondrá un avance cualitativo en la calidad asistencial, investigadora y docente, facilitando la integración en el Espacio Europeo de Investigación y, en última instancia, contribuirá de manera significativa a mejorar la salud global de la población.


