Redacción
El dolor neuropático por la quimioterapia continúa siendo una complicación infradiagnosticada pese a afectar al 51,9% de los supervivientes oncológicos. Además de deteriorar la calidad de vida, esta secuela puede obligar a reducir dosis, modificar o incluso interrumpir el tratamiento oncológico.
Este ha sido uno de los mensajes principales durante la mesa Tratamiento de la Neuropatía Inducida por Quimioterapia: De la evidencia a la consulta, que se ha celebrado en el XXII Congreso de la Sociedad Española del Dolor (SED), con la colaboración de Grünenthal.
Los expertos han advertido de que muchos casos pasan desapercibidos o se identifican tardíamente, lo que retrasa el acceso a tratamientos específicos y aumenta el riesgo de secuelas persistentes. En este sentido, han defendido un abordaje integral y coordinado entre oncólogos, especialistas en dolor, neurólogos y atención primaria.
«Controlar el tumor sin controlar el sufrimiento no puede considerarse una atención integral», ha afirmado la Dra. Luz Cánovas Martínez
En esta misma línea, la Dra. Luz Cánovas Martínez, jefa de la Unidad del Dolor del Complejo Hospitalario de Ourense, ha destacado que «controlar el tumor sin controlar el sufrimiento no puede considerarse una atención integral». Por ello, ha defendido un cambio de paradigma para que el dolor no continúe siendo el «hermano olvidado» del tratamiento oncológico y ha insistido en la importancia de identificar precozmente el dolor neuropático y derivar pacientes a las Unidades del Dolor desde las fases iniciales.
«Muchos pacientes sobreviven al cáncer, pero continúan con secuelas dolorosas que cronifican su sufrimiento, incluso cuando el tumor ya está controlado«, ha explicado la Dra. Cánovas. «El tratamiento del dolor no debe plantearse como un recurso al final del proceso, si no como una intervención paralela desde fases iniciales».
La neuropatía inducida por quimioterapia suele manifestarse inicialmente con un patrón característico en «guante y calcetín», por el que los pacientes presentan adormecimiento, hormigueo, pérdida de sensibilidad o dolor neuropático en las yemas de los dedos y en las plantas de los pies.
El Dr. Cánovas ha destacado que «el tratamiento del dolor no debe plantearse como un recurso al final del proceso, si no como una intervención paralela desde fases iniciales»
Estos signos, «a veces se confunden con el cansancio o la debilidad propios del tratamiento, pero en realidad reflejan una afectación temprana de las neuronas sensitivas», ha señalado la Dra. Roser Velasco Fargas, neuróloga de la Unidad de Neurooncología del Instituto Catalán de Oncología y del Hospital Universitario de Bellvitge.
Durante el simposio, los especialistas han resaltado la existencia de «una ventana de oportunidad» para intervenir antes de que el daño neurológico se vuelva crónico y más difícil de tratar. En este contexto, la monitorización sistémica de los pacientes resulta clave para detectar la progresión de la neuropatía y adaptar de forma individualizada las estrategias terapéuticas.
En este contexto, la Dra. Velasco ha presentado una herramienta digital desarrollada por el Instituto de Investigación de Bellvitge (Idibell) que permite evaluar y cuantificar la gravedad de la neuropatía periférica. Esta herramienta digital integra la escala clínica Total Neuropathy Score (TNS), la exploración física y el cuestionario de calidad de vida QLQ-CIPN20.
Según ha explicado la neuróloga, las puntuaciones más elevadas permiten identificar a los pacientes con mayor riesgo de caídas asociadas a la pérdida de sensibilidad en las plantas de los pies. Además, esta herramienta incorpora tanto parámetros clínicos como cuestionarios centrados en la experiencia del paciente, lo que facilita una valoración más completa del impacto de la neuropatía y del dolor en su vida cotidiana.
Además, han destacado la necesidad de reforzar la coordinación entre oncólogos, especialistas en dolor, neurólogos, profesionales de atención primaria, rehabilitación y enfermería. Para el Dr. Luis Enrique Fernández, anestesista de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, «manejar la neuropatía periférica inducida por quimioterapia sigue siendo un gran desafío que exige una personalización absoluta del tratamiento».
«Las guías clínicas actuales están dando cada vez más peso a los tratamientos tópicos en las primeras líneas, ya que ofrecen la gran ventaja de evitar los efectos adversos sistémicos», ha señalado el Dr. Fernández
En este contexto, el Dr. Fernández ha resaltado el creciente protagonismo de las terapias locales en el abordaje del dolor neuropático. «Cuando el dolor neuropático es periférico y está localizado, las guías clínicas actuales están dando cada vez más peso a los tratamientos tópicos en las primeras líneas, ya que ofrecen la gran ventaja de evitar los efectos adversos sistémicos».
Asimismo, ha subrayado la importancia de reconocer y tratar adecuadamente esta complicación: «Es vital dar la importancia que merece al diagnóstico del dolor neuropático y tratarlo adecuadamente, más aún cuando se trata de secuelas crónicas en personas que ya han superado una enfermedad tan dura».
Más allá del tratamiento farmacológico, la Dra. Cánovas ha puesto el foco en el impacto emocional que supone convivir con dolor crónico tras el cáncer. En este sentido, ha reivindicado una atención centrada en la persona y en la validación de su sufrimiento. «Los pacientes necesitan sentirse escuchados y comprendidos; necesitan que se valide su sufrimiento y que se les explique que existen opciones terapéuticas más allá de tener que convivir con ese dolor. El dolor se puede y se debe tratar».
