Luis de Haro. Director general de iSanidad
La reducción de las guardias de 24 horas se ha consolidado como uno de los grandes objetivos pendientes de la sanidad española. Son pocos los profesionales que hoy cuestionan la necesidad de avanzar hacia un modelo que reduzca el impacto de la fatiga sobre la práctica clínica. Sin embargo, transformar una reivindicación histórica en una realidad exige responder a preguntas que siguen abiertas. Porque una reforma de esta magnitud no se mide por lo que anuncia, sino por su capacidad para aplicarse sin deteriorar la asistencia, los salarios ni la estabilidad del sistema.
Resulta relativamente sencillo anunciar una reforma desde el BOE, pero mucho más complejo garantizar su aplicación en los hospitales. El Ministerio puede modificar las reglas, pero son las comunidades autónomas quienes deben organizar los servicios, contratar profesionales y asumir el coste económico de cualquier cambio. Antes de definir el resultado final, es más conveniente acordar el camino para llegar.
Si se reducen las guardias de 24 horas y no hay más personal, ¿cómo se van a cubrir todas las necesidades asistenciales que se venden a los ciudadanos?
Antes de anunciar cambios legislativos o introducir modificaciones en el Estatuto Marco, la prioridad debería ser conciliar las necesidades de todos los implicados. Ministerio de Sanidad, comunidades autónomas y representantes de los médicos necesitan definir conjuntamente el modelo de las guardias. En una reforma de esta magnitud, el “cómo” es tan importante como el “qué”. Uno de los principales obstáculos se encuentra en la realidad retributiva porque las guardias de 24 horas no constituyen un ingreso complementario. Para muchos facultativos forman parte esencial de su salario y permiten compensar unos sueldos base que consideran insuficientes en relación con su responsabilidad.
Reducir las guardias implica reducir las horas retribuidas. Si esa pérdida de ingresos no se compensa mediante una mejora de las condiciones salariales ordinarias, la medida terminaría generando un efecto difícil de aceptar: una mejora laboral acompañada de una reducción económica.
Hoy por hoy reducir las guardias 24 horas significa reducir el salario de los médicos
Ninguna organización sindical puede respaldar una reforma que implique perder poder adquisitivo. Por eso resulta imprescindible definir primero un modelo retributivo que garantice que la desaparición progresiva de las guardias de 24 horas no se traduzca en una penalización salarial para quienes sostienen diariamente la asistencia sanitaria. Sin embargo, la cuestión económica es solo una parte del problema porque no cierran los hospitales, ni los servicios de urgencias, ni las unidades de cuidados intensivos o los paritorios. La asistencia sanitaria debe mantenerse activa las veinticuatro horas del día durante todo el año. Si las guardias se reducen de manera significativa, aparecerán miles de horas asistenciales que habrá que cubrir. Esos huecos no desaparecen porque una norma los elimine del papel. Alguien tendrá que asumirlos.
Las alternativas son limitadas. O se implanta una reorganización profunda basada en nuevos turnos de trabajo o será necesario incorporar más profesionales a las plantillas. Ambas opciones exigen planificación, recursos y tiempo. Sin embargo, es bien conocido que España lleva años afrontando dificultades para cubrir plazas en especialidades estratégicas. Atención Primaria, Pediatría o Anestesiología son buenos ejemplos. La falta de profesionales no puede resolverse de manera inmediata porque la formación de un especialista requiere varios años. Las plazas MIR que se convocan hoy no resolverán las necesidades asistenciales del próximo año.
Más personal significa mayores partidas económicas que salen de los presupuestos de las comunidades
Contratar más personal cuesta dinero e incrementar salarios para compensar la reducción de guardias también. Y la factura de una transformación de este calibre será necesariamente elevada. El Ministerio puede impulsar la norma, pero son las comunidades autónomas quienes gestionan los servicios sanitarios y pagan las nóminas. Así, cualquier propuesta debería venir acompañada de un plan de financiación claro y compartido. Sin ese respaldo económico, el riesgo de trasladar el problema a las autonomías es evidente.
La eliminación de las guardias de 24 horas representa una oportunidad para modernizar la organización sanitaria y mejorar las condiciones laborales de los médicos. La reforma solo tendrá éxito si es viable, financiable y consensuada con todos los implicados. El diálogo no debería llegar después de la ley, debe ser la condición imprescindible para que la ley pueda ser útil.
