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El médico seguirá siendo responsable de la decisión clínica

Fátima del Reino Iniesta (Maspalomas, Gran Canaria)
La irrupción de la inteligencia artificial en dermatología abre oportunidades inéditas para mejorar el diagnóstico, optimizar circuitos asistenciales y facilitar la toma de decisiones clínicas. Sin embargo, también plantea interrogantes éticos, regulatorios y médico-legales que obligan a los profesionales sanitarios a mantener una mirada crítica. Este fue uno de los principales mensajes trasladados por el Dr. Josep Malvehy Guilera, dermatólogo del Hospital Clínic de Barcelona y coordinador del Grupo de Inteligencia Artificial de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), durante su ponencia Entre la innovación y la responsabilidad: los dilemas ético-legales de la IA en Dermatología, en el 53º Congreso Nacional de la AEDV.

Desde el inicio de su intervención, el Dr. Malvehy contextualizó el momento histórico que vive la sociedad. «La única constante es el cambio», señaló, para explicar cómo las grandes compañías tecnológicas están condicionando cada vez más aspectos de la vida cotidiana y de la evolución tecnológica global.

«La inteligencia artificial en salud implica riesgos que debemos entender»

El especialista destacó además las diferencias regulatorias existentes entre distintas regiones del mundo. Según explicó, mientras que en Europa existe actualmente una fuerte «protección de la privacidad» y de los datos sanitarios del individuo, en otros países mantienen enfoques mucho más laxos en este ámbito.

La protección de los datos, uno de los grandes retos

Durante su exposición, el dermatólogo alertó sobre la creciente cesión voluntaria de información personal a plataformas tecnológicas. Como ejemplo, recordó iniciativas en las que ciudadanos proporcionaban datos biométricos para entrenar sistemas de reconocimiento.

Para el Dr. Malvehy, este fenómeno evidencia la necesidad de reforzar la reflexión ética en torno al uso de los datos personales y sanitarios. En este contexto, insistió en que la innovación tecnológica debe avanzar acompañada de mecanismos sólidos de protección de derechos individuales.

El coordinador del Grupo de IA de la AEDV recordó que los sistemas actuales de inteligencia artificial generativa son capaces de reproducir patrones de lenguaje y comportamiento humano con gran precisión. Aunque reconoció las oportunidades que ofrecen estas herramientas, advirtió sobre la necesidad de evitar posiciones extremas. «Tenemos que pensar dónde estamos. La adoración a lo que nos llega con los robots o el sentido crítico. En ambos casos podríamos entrar en conclusiones erróneas», señaló.

«Una IA certificada puede generar importantes consecuencias médico-legales»

La validación clínica debe ser tan exigente como la de un medicamento

Uno de los aspectos más relevantes de la ponencia fue la necesidad de exigir evidencia robusta antes de incorporar sistemas de inteligencia artificial a la práctica asistencial. El Dr. Malvehy describió las diferentes fases que debería superar cualquier herramienta antes de ser utilizada en medicina: definición del problema clínico, calidad de los datos de entrenamiento, validación técnica, validación en entornos reales, cumplimiento regulatorio, ciberseguridad, integración asistencial y evaluación continuada.

En este sentido, fue especialmente contundente al reclamar estudios prospectivos y validaciones en condiciones reales de práctica clínica. «Antes de incorporar una IA a la práctica clínica, hay que demostrar que funciona en entornos reales, con estudios prospectivos y aleatorizados, igual que se exige a un medicamento», defendió

El especialista recordó que el marcado CE constituye una condición necesaria para la comercialización de estas herramientas, pero subrayó que por sí solo no garantiza su utilidad clínica. Asimismo, destacó las dificultades que afrontan muchas empresas emergentes para cumplir los requisitos establecidos por la normativa europea de inteligencia artificial, especialmente en un ámbito considerado de alto riesgo como es la salud.

«En Europa hay, de momento, una gran protección de la privacidad y del individuo que en otros países no existe»

Otro de los elementos que centró parte de la intervención fue la ciberseguridad. El Dr. Malvehy recordó el ciberataque sufrido por el Hospital Clínic de Barcelona, que obligó a paralizar sistemas informáticos y afectó al funcionamiento habitual del centro. «Imaginaros no tener registros electrónicos de los pacientes durante dos semanas», apuntó para ilustrar la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios altamente digitalizados.

A su juicio, cualquier estrategia de incorporación de inteligencia artificial debe contemplar medidas específicas para proteger infraestructuras, datos clínicos y procesos asistenciales.

La inteligencia artificial tendrá consecuencias médico-legales

Uno de los bloques más relevantes de la conferencia estuvo centrado en la responsabilidad profesional derivada del uso de sistemas de inteligencia artificial. Para ilustrarlo, el Dr. Malvehy presentó el caso de una lesión cutánea evaluada por un algoritmo con alta sospecha de malignidad. Aunque muchos asistentes optaron por la extirpación de la lesión, su equipo decidió no intervenir tras valorar información clínica adicional y disponer de seguimiento evolutivo del paciente.

El dermatólogo explicó que el algoritmo identificaba incertidumbre diagnóstica y que la ausencia de cambios temporales permitía justificar clínicamente una actitud conservadora. Este ejemplo sirvió para reflexionar sobre los escenarios que comenzarán a aparecer con mayor frecuencia en las consultas.

«Si yo decido que esto no es un melanoma y no sigo las indicaciones de una IA certificada, ahí tengo responsabilidad, obviamente. Es una decisión clínica responsable», afirmó. Según expuso, el profesional sanitario seguirá siendo responsable de las decisiones adoptadas, incluso cuando estas contradigan la recomendación de una herramienta tecnológica certificada.

«No confundamos inteligencia humana con inteligencia artificial»

El Dr. Malvehy también anticipó un escenario cada vez más habitual: pacientes que acudirán a consulta tras haber utilizado aplicaciones diagnósticas basadas en inteligencia artificial. En estas situaciones, el médico deberá combinar la información aportada por las herramientas tecnológicas con su criterio clínico, la exploración presencial, el contexto del paciente y el conocimiento acumulado de la enfermedad. El especialista advirtió de que surgirán conflictos cuando la percepción del paciente, influida por una aplicación, difiera de la valoración realizada por el profesional.

A lo largo de la ponencia, Dr. Malvehy insistió en la necesidad de comprender tanto las posibilidades como las limitaciones de estas tecnologías. También recordó que organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han elaborado recomendaciones para garantizar que los sistemas de inteligencia artificial respeten principios de autonomía, transparencia, responsabilidad, seguridad y equidad.

Como conclusión, el dermatólogo defendió que los profesionales sanitarios deberán familiarizarse progresivamente con estas tecnologías para poder utilizarlas de forma adecuada y segura en un entorno cada vez más digitalizado. «Tendréis que aprender a utilizar todo esto, a entender las consecuencias éticas y legales de todo esto. No confundamos inteligencia humana con inteligencia artificial», concluyó.

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