La variación del IPC correspondiente a julio fue negativa: -2,8 %. Para dimensionar el dato, en los diez años transcurridos desde que el INE publica la serie con la nueva base, nunca se había registrado una caída mensual tan abrupta. Pero lo que realmente llama la atención es que, según los datos oficiales, el precio de los alimentos cayó un 9 %. ¿Es posible una disminución de esa magnitud? Vale la pena indagar más adentro.
El gobierno atribuye este fenómeno a su exitosa política antinflacionaria, basada —supuestamente— en la reducción de emisión monetaria y del déficit fiscal. Las autoridades habrían encontrado la fórmula para bajar los precios a pesar de los gasolinazos, los tarifazos eléctricos, el alza de tributos arancelarios y la propia devaluación de la moneda. Una hazaña que bien merecería otra medalla del Cóndor de los Andes. Sin embargo, llama la atención que un logro de semejante envergadura no haya sido merecido en el discurso presidencial. Salvo, claro, por una posibilidad: que la disminución de precios no sea cierta.
Según el INE, 162 de los 396 productos que componen la canasta básica (el 40 % del total) bajaron de precio. La caída en los alimentos habría abaratado el presupuesto familiar en casi un décimo. El producto que más incidió en esa baja habría sido la carne de pollo, con un descenso del 23 % a nivel nacional en julio. Sin embargo, los reportes periodísticos daban cuenta de subidas semanales en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba desde mediados de mes. Pareciera que quienes intentan tomar por sorpresa a los consumidores en los mercados también lo hacen a través de las estadísticas.
El alza de precios en Santa Cruz en las últimas semanas fue justificada por comerciantes y productores como una forma de «recuperar lo perdido» durante los bloqueos. Pero ese argumento carece de sustento: los avicultores mantuvieron ganancias durante todo el conflicto gracias a una estrategia de discriminación de precios de tercer grado, segmentando el mercado por zona geográfica. Mientras en La Paz el precio se disparó, en Santa Cruz se redujo, pero en el neto el promedio fue más alto. Los productores no perdieron; los consumidores pagaron la cuenta de los conflictos sociales.
También se ha señalado a la escasez de combustibles como causa del alza. Pero si ese fuera el factor determinante, todos los productos que llegan desde Santa Cruz —empezando por los huevos— deberían haber subido, y no ha sido así. Tampoco encaja que Santa Cruz, la zona productora, sea justamente la región con el mayor incremento reciente.
A la falta de diésel se ha sumado el argumento de la menor oferta por escasez de «pollitos bebé». Sin embargo, Bolivia importa el 95 % de estos desde Brasil, y la ruta Santa Cruz–Brasil permaneció abierta durante los bloqueos. Si realmente esa fuera la causa, el problema ya debería haberse resuelto el desajuste pues el engorde de un pollo toma exactamente 50 días, y ese plazo ya se cumplió desde el levantamiento de los bloqueos.
A todo esto, se suma la devaluación acelerada del boliviano en julio, que alcanzó el 25 %, una variación insólita que no se veía desde mediados de los años 80. Según el INE, su impacto en los bienes importados —televisores, celulares, electrodomésticos— habría sido apenas del 5 %. Una afirmación que, cuando menos, invita al escepticismo.
Durante todo julio, los noticieros y medios afines al sector empresarial —que suelen sostener la narrativa oficial— reportaron incrementos de precios en alimentos y otros productos básicos. El contraste entre los datos oficiales, la prensa y la percepción cotidiana de la población resulta desconcertante. Cuando la ciudadanía percibe subidas generalizadas que las cifras oficiales no reflejan, hay un problema. Y no se trata solo de la opacidad o la baja frecuencia de publicación: la sospecha recae en la propia construcción del dato.
Lo más indignante es que, mientras una parte de la población sufre de la inflación en el día a día, algunas autoridades llamen a comer churrascos en feriado. Un mensaje que solo puede venir de quienes viven alejados de la realidad de la gente para la cual dicen trabajar.
PD: El dato del PIB del primer y segundo trimestre aún no se publica. La opacidad, al parecer, también tiene su propia inflación.
