Especial Formación Odontología 2026-2027 iSanidad
Prof. Guillermo Pradíes, presidente de la Sociedad Española de Prótesis Estomatológica y Estética (Sepes)
La odontología vive uno de los momentos de mayor transformación de su historia reciente. La irrupción de nuevas tecnologías, la digitalización de los flujos de trabajo, el desarrollo de materiales cada vez más avanzados y una demanda creciente de tratamientos más predecibles, mínimamente invasivos y estéticos están redefiniendo nuestra práctica clínica. En este contexto de cambio permanente, existe un elemento que sigue siendo el verdadero garante de la calidad asistencial: la formación continua.


La formación no es un complemento a la actividad profesional ni una opción reservada a quienes desean especializarse. Hoy constituye una necesidad inherente al ejercicio responsable de la odontología. Los conocimientos adquiridos durante la etapa universitaria son la base sobre la que se construye una carrera profesional, pero el ritmo de evolución científica y tecnológica exige una actualización constante para poder ofrecer a nuestros pacientes tratamientos basados en la mejor evidencia disponible.
La excelencia clínica no depende únicamente del talento o de la experiencia acumulada. Depende también de la capacidad de mantenerse al día, de cuestionar protocolos establecidos cuando la ciencia aporta nuevas soluciones y de incorporar de manera crítica las innovaciones que realmente mejoran los resultados clínicos. La formación continua es, por tanto, una herramienta esencial para garantizar una atención segura, eficaz y alineada con los estándares más exigentes de nuestra profesión.
La formación continua es una herramienta esencial para garantizar una atención segura, eficaz y alineada con los estándares más exigentes de nuestra profesión
Esta realidad resulta especialmente evidente en ámbitos como la prótesis, la rehabilitación oral y la odontología estética. En apenas unos años hemos asistido a una auténtica revolución en la planificación digital, el escaneado intraoral, la impresión 3D, los sistemas CAD-CAM, la fotografía clínica, los nuevos biomateriales o, más recientemente, la inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y a la toma de decisiones clínicas. La velocidad con la que aparecen estas innovaciones obliga a los profesionales a desarrollar una actitud de aprendizaje permanente.
Sin embargo, la formación de calidad no consiste únicamente en conocer las últimas novedades tecnológicas. También implica aprender a integrarlas adecuadamente en la práctica diaria, comprender sus indicaciones y limitaciones, y evaluar críticamente la evidencia científica que las respalda. En una época en la que la información es abundante y accesible, el verdadero valor reside en disponer de canales fiables que permitan distinguir entre la innovación basada en evidencia y las tendencias pasajeras.
Es precisamente en este escenario donde el papel de las sociedades científicas adquiere una relevancia extraordinaria. Desde hace décadas, estas organizaciones han actuado como puentes entre la investigación, la innovación y la práctica clínica, contribuyendo a la difusión del conocimiento y a la mejora continua de los profesionales. Su independencia científica, su capacidad para reunir a expertos nacionales e internacionales y su compromiso con la evidencia las convierten en agentes fundamentales para el desarrollo de la profesión.
El futuro de la odontología dependerá de la capacidad que tengamos hoy para formar clínicos rigurosos, críticos y comprometidos con la excelencia
En el caso de Sepes, la formación constituye uno de sus pilares fundacionales. Desde su creación, la sociedad ha mantenido una vocación clara de actualización científica, intercambio de conocimiento y promoción de la excelencia profesional, convirtiéndose en uno de los principales referentes formativos de la odontología española. Entre sus objetivos históricos figura precisamente servir como punto de encuentro para que los profesionales amplíen su formación y actualicen sus conocimientos, con una especial atención a los estudiantes y jóvenes odontólogos.
A lo largo de los años, Sepes ha desarrollado un modelo formativo que combina diferentes formatos y niveles de aprendizaje. Su congreso anual, considerado una de las grandes citas científicas de la odontología nacional, reúne cada año a miles de profesionales para compartir conocimientos, analizar tendencias y debatir sobre los avances que marcarán el futuro de la profesión. Pero la actividad formativa de la sociedad va mucho más allá de este gran encuentro científico.
Cursos presenciales, programas online, simposios nacionales e internacionales, webinars, formación práctica, publicaciones científicas y recursos digitales conforman una oferta cada vez más amplia y adaptada a las necesidades de los distintos perfiles profesionales. La formación en flujo digital, implantología, rehabilitación oral, estética dental, fotografía clínica, mantenimiento protésico o inteligencia artificial son solo algunos ejemplos de las áreas que forman parte de una programación que busca responder a los desafíos actuales de la práctica clínica.
Un aspecto especialmente destacable es la capacidad de Sepes para integrar en sus actividades formativas a todos los actores implicados en la rehabilitación oral: odontólogos, investigadores, técnicos de laboratorio y expertos de diferentes disciplinas. Esta visión multidisciplinar favorece el intercambio de experiencias y contribuye a generar una comprensión más completa de los tratamientos, algo imprescindible en una odontología cada vez más colaborativa y compleja.
Detrás de cada avance tecnológico, de cada nuevo protocolo clínico y de cada tratamiento exitoso existe siempre un elemento común: profesionales que han decidido seguir aprendiendo
Asimismo, la sociedad ha realizado una apuesta decidida por facilitar el acceso a la formación de las nuevas generaciones. El apoyo a estudiantes y jóvenes profesionales responde a una convicción profunda: el futuro de la odontología dependerá de la capacidad que tengamos hoy para formar clínicos rigurosos, críticos y comprometidos con la excelencia.
En definitiva, la formación continua no es solo una herramienta para mejorar competencias técnicas. Es una responsabilidad profesional y un compromiso con nuestros pacientes. En un entorno caracterizado por el cambio constante, aprender deja de ser una etapa para convertirse en una actitud permanente.
Desde Sepes entendemos que invertir en formación es invertir en calidad asistencial, en innovación y en el futuro de nuestra profesión. Porque detrás de cada avance tecnológico, de cada nuevo protocolo clínico y de cada tratamiento exitoso existe siempre un elemento común: profesionales que han decidido seguir aprendiendo. Y esa, sin duda, seguirá siendo la mejor garantía de excelencia para la odontología del mañana.
