La cumbre del Escudo de las Américas y el discurso de Donald Trump ante la ONU sobre el hemisferio como bloque bajo tutela de Washington ocuparon los titulares durante la semana. Corresponde entonces comprender sus implicaciones para la región y Bolivia en particular. En esta ocasión se abordan también cuestiones como la la securitización de América Latina, la disputa con China por inversión y recursos críticos como el litio, la coyuntura interna de Estados Unidos de cara a las elecciones de medio término.
Las Américas como un bloque bajo tutela de Washington, el llamado del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para una acción conjunta contra el crimen organizado, y una oferta de inversión a cambio de acceso a los minerales críticos de la región. Esos son, en síntesis, los tres ejes que Diego Area, presidente y CEO de Global Americans —think tank no partidista con sede en Washington enfocado en política y democracia en las Américas—, identifica detrás de la reciente reunión del Escudo de las Américas. Abordamos estas y otras cuestiones en un diálogo en exclusiva con Animal Político, de La Razón.
La visión de Trump
Area conecta el encuentro con el discurso que el presidente Donald Trump pronunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ahí se refirió al hemisferio como un espacio que Washington reclama para sí. «Él toma como suyo también la región, las Américas. En una lógica de alianza, pero definitivamente con una preeminencia de los Estados Unidos en esa alianza», explica el analista. Según su lectura, ese discurso plantea un hemisferio que «tiene que ser seguro», con recursos naturales que «tienen que quedarse aquí. En nuestro patio, en nuestro campo, en nuestra cancha, frente a otras potencias extranjeras».
Para Area, la firma alcanzada en la reunión del Escudo de las Américas abre la puerta a una fase distinta de la relación hemisférica. «Estamos en un camino de acción concreta contra el narcotráfico, contra los grupos armados que tienen tomada una parte importante de la economía», sostiene. Agrega que ese giro hacia lo operativo, y no solo declarativo, «va a permitir mayor desarrollo» en la región.
Sitúa este momento en una línea que arranca con la presión del primer gobierno de Trump contra el gobierno de Nicolás Maduro. Entonces, la posibilidad de invocar el TIAR para una acción militar conjunta contra Venezuela llegó a plantearse sin concretarse. «Vino el presidente Trump, se saltó varios de esos pasos burocráticos que nunca terminaban de concretarse y tomó la justicia, de alguna forma, en sus manos. Y se llevó al cáncer que era Maduro», afirma Area. Para él, ese antecedente «abre un universo de posibilidades nuevo para Venezuela» y, por extensión, para el resto de la región.
Una alianza asimétrica
Preguntado por lo que esto significa en concreto para Bolivia, Area distingue dos frentes. El primero es el de los recursos naturales. «Bolivia es un gran tenedor de esas reservas, riquezas que además necesitan los Estados Unidos en la guerra tecnológica por la inteligencia artificial y su competencia geopolítica», sostiene. A su juicio, ese interés puede traducirse en beneficios concretos. Entre ellos mayor capacidad estatal para enfrentar al crimen organizado en coordinación con países vecinos. Algo que describe hoy como una colaboración «asimétrica, no necesariamente estratégica».
El segundo frente, dice, es político. Anticipa que el acercamiento a Washington despertará resistencia de la oposición boliviana. «Puede traer algunos retos, como que la oposición boliviana, el MAS, exija respeto a la soberanía, cuestionando cómo esto la afecta, apelando al sentimiento antiestadounidense y al discurso de que se están regalando los recursos, de que se están arrodillando ante un interés extranjero», anticipa. Sin embargo, considera que ese cuestionamiento tendrá poco eco si la relación empieza a mostrar resultados: «Eso puede tener alguna repercusión política, pero creo que no tendrá resonancia en la sociedad, puesto que esto podría, en un tiempo no tan lejano, dar resultados concretos».
Area añade una lectura sobre el tipo de vínculo que Washington construye hoy con gobiernos de la región, a partir del caso venezolano. «Esa relación se presenta muy desde un protector de Estados Unidos. Como un protectorado, tutelando las decisiones que se toman en el país», describe, en referencia al trato de la Administración Trump con Caracas. De ahí extrae una advertencia para Bolivia y el resto de América Latina: acelerar la relación con Washington, pero sin renunciar a capturar valor propio. «Tenemos que asegurarnos, en Latinoamérica, de que esto genere resultados a corto plazo y de que no sea una relación tan asimétrica», afirma. Pone el énfasis en que la cooperación se traduzca en «empleos de calidad» e «industrialización», no solo en extracción de materias primas.
La cuestión de la securitización
El discurso de Trump en la ONU no se limitó a lo económico. El presidente estadounidense planteó estar dispuesto a usar el poder militar de su país en la región, Lo hizo en referencia inicial a los grupos criminales, con los antecedentes de Venezuela y Cuba de fondo. Consultado sobre este giro hacia la securitización, la apelación a la seguridad nacional como argumento fuerte en América Latina, Area no matiza. «Pienso que debería aumentarse al máximo la securitización de Latinoamérica. Pienso que la sociedad lo pide a gritos en los países», afirma.
Para el analista, ese reclamo social explica buena parte del giro político que atraviesa la región. «Los presidentes, como hemos visto con la política de mano dura, asumen que la lógica de mano dura es lo que más vende. Es lo preferido por el electorado y es parte de lo que ha definido cómo se ha movido la balanza hacia gobiernos de centroderecha y derecha», explica. Menciona en ese contexto el modelo impulsado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Lo describe como «el promotor, el que lanzó la primera pelota» de esa tendencia regional.
Area admite riesgos en ese camino, aunque los subordina a lo que considera una prioridad mayor. «Las fuerzas del orden, por naturaleza, exceden sus límites. Puede haber alguna violación de derechos que quisiéramos evitar al máximo. Pero esto es algo que tiene que avanzar, que es una oportunidad para la región», sostiene. Sobre el peso del crimen organizado en la institucionalidad de varios países, es tajante. «Todas las implicaciones de la presencia enquistada de las organizaciones criminales en los gobiernos, en el sector privado, etcétera, son algo que erosiona la prosperidad. Eso es un cáncer que hay que extirpar».
La disputa con China
Securitización aparte, Area sostiene que el otro tablero de la competencia hemisférica es la inversión. En el contexto actual, China sigue siendo comprador relevante de la región: Chile le vende la mayor parte de su litio y Pekín amplía presencia en Argentina. Preguntado sobre cómo acompañar el discurso de seguridad con inversión efectiva de Estados Unidos, responde sin rodeos que Washington «tiene que poner». Explica que «si los Estados Unidos quiere ganar la carrera, tener una presencia hegemónica en las Américas, eso significa invertir. Invertir capital humano, invertir en integrar y colaborar en capital humano y tecnología, promover y estimular al sector privado a que invierta más. Fortalecer y expandir el mandato de las organizaciones multilaterales, de todas las organizaciones de los Estados Unidos, para ponerlas al servicio de esa estrategia de acompañamiento de la seguridad».
Si ese esfuerzo se sostiene, augura, el resultado será claro. «El desplazamiento de China será lapidario. Si eso se hace de forma enérgica, le pasarán la aplanadora a China».
Para el caso boliviano, identifica tres sectores concretos. El primero es el litio y los minerales críticos. Señala que ya se revisan «los contratos que hay con empresas chinas y rusas, para darle espacio a capital alineado con Estados Unidos». El segundo es la agroindustria, un área en la que, dice, «perfectamente Estados Unidos pudiera avanzar, con tecnología». El tercero son los hidrocarburos. «En este momento geopolítico complicado, donde la energía y el petróleo son un tema clave —lo vemos como ejemplo en Venezuela—, Bolivia también necesita inversión privada. Hay reformas que se están intentando avanzar, en medio de todas las complicaciones políticas internas y externas, para lograr en inversión en hidrocarburos y energía».
El frente interno de Trump
La entrevista también abordó la coyuntura interna de Estados Unidos, con dos guerras en curso en el mundo y las elecciones de medio término de noviembre a la vista. Area describe a una Administración presionada en varios frentes a la vez. «Estados Unidos está en un conflicto, sobre todo con Irán, que le da la mayor cantidad de dolores de cabeza a la administración Trump. A la vez, sigue compitiendo contra China», señala. Suma a lo anterior el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania sobre los precios de la energía. «Eso pega en los bolsillos de los votantes. La energía sube y sigue subiendo, y eso se nota cuando uno pone gasolina al carro; a nadie le gusta pagar más», advierte.
Sobre el resultado esperado en noviembre, Area recurre a un patrón histórico. «Con pocas excepciones, la tendencia es que, después de que un partido gana la presidencia, las elecciones de medio término normalmente favorecen a la oposición. A quien no está en la Casa Blanca. Es un voto castigo, por desgaste», explica. Su pronóstico es que el Partido Demócrata recupere la Cámara de Representantes, aunque con un alcance limitado. «Eso le va a dar mayor capacidad de acción y de control, sobre todo en temas domésticos, pero no en temas de política exterior, o mucho menos», anticipa.
En ese marco, Area sitúa el vínculo con América Latina como parte de una reformulación más amplia del lugar de Estados Unidos en el mundo. «Es un país que está desafiando el orden global, el orden que vino después de la Segunda Guerra. Está repensando y redefiniendo sus alianzas y cómo opera el sistema en general», afirma. Expresa su expectativa de que ese giro hacia la región se mantenga más allá de qué partido gobierne en Washington. «Pienso que los latinoamericanos somos ahora un nuevo norte para los Estados Unidos». sostiene.
El gobierno de Rodrigo Paz
Hacia el cierre de la entrevista, Area fue consultado sobre su lectura de la situación política interna de Bolivia. Su balance del gobierno de Rodrigo Paz es favorable, aunque reconoce las dificultades del punto de partida. «El presidente Paz ha hecho un excelente trabajo y ha demostrado resiliencia en un contexto muy complicado, en el país que recibió», indica. Advierte que revertir esa herencia «es algo que va a tomar años», en particular en lo que hace a las reformas económicas pendientes.
El analista no minimiza el riesgo político que enfrenta esa agenda. «El riesgo político es real, es complicado», admite, aunque atribuye parte de las dificultades del gobierno a un contexto regional y global que golpea a todos los oficialismos por igual. «Todos los gobiernos tienen crisis, hay oposición, estamos en un mundo hiperpolarizado, y él está tratando de navegar todos esos retos». A su juicio, esa polarización explica más de lo que ocurre en Bolivia que cualquier particularidad local. «Como en todos los países de Latinoamérica y del mundo, la polarización es lo que está definiendo la política, y Bolivia no se escapa de eso», observa.
Con todo, Area cierra con una apuesta de fondo por el porvenir del gobierno. «Con Rodrigo Paz, Bolivia tiene un excelente rumbo para entrar en la modernidad, para institucionalizarse. No estoy diciendo que será un camino fácil, pero le doy mi voto de confianza al gobierno, incluso en un momento difícil», concluye.
