J. L. G.
El humo de un incendio forestal contiene partículas capaces de activar el sistema trigeminovascular, principal responsable en la activación de los dolores de cabeza. Cuando el aire porta los restos de la calcinación de masa forestal, en él se acumulan partículas PM2.5 y, por cada incremento de 5 micras/metro cúbico de exposición, se incrementan en un 6% las consulta a urgencias, según un estudio que ha analizado casi un millón de visitas a urgencias en dos provincias de Canadá entre 2010 y 2023 durante la época de mayor riesgo de incendios forestales.
“Los días en los que hubo incendios hubo más consultas por migraña y otras cefaleas primarias en urgencias”, observa el Dr. Robert Belvís, jefe clínico de la Unidad de Cefaleas y Neuralgias en el Servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona y coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN). “La idea de fondo”, complementa el Dr. Pablo Irimia, neurólogo especialista en el diagnóstico y tratamiento de las cefaleas de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), “es que la inhalación de estas partículas podría ser un desencadenante de crisis intensas de cefalea”.
Ambos doctores destacan, en declaraciones a SMC España, la solidez estadística del trabajo, publicado en JAMA Network Open. No obstante, el Dr. Irimia echa en falta un análisis más detallado de los tipos de dolor en las cefaleas primarias. “Dicho esto, lo que podrían tener en común es el desencadenante del estrés” que genera la ansiedad por un grave incendio. Esto haría “más intensa de lo habitual” una crisis de cefalea.
Dr. Robert Belvís (SEN): “Los días en los que hubo incendios hubo más consultas por migraña y otras cefaleas primarias en urgencias”
Las repercusiones para el sistema sanitario alcanzan todos los estratos, incluida la atención primaria. Los especialistas en medicina familiar y comunitaria deberán prepararse también, ante una mayor frecuencia de estos fenómenos extremos, para saber abordar los nuevos cuadros clínicos. Casos como el de Carlos, un policía local de 25 años que acude a un Punto de Atención Continuada tras participar en las labores de evacuación durante un gran incendio forestal, suponen el punto de partida por el que los médicos de familia, Dres. José Luis Ramón Trapero, Lucas Matute Zigarán e Ibon Mendiolagaray Bilbao, abordan los nuevos desafíos que plantea la emergencia climática.
A las afecciones ya habituales producto de los grandes incendios forestales, como la intoxicación por humo y las lesiones por inhalación hasta las quemaduras, se suman agudizaciones de enfermedades respiratorias crónicas, las irritaciones oculares y, a medio y largo plazo, el incremento de crisis de ansiedad, ansiedad patológica y trastorno por estrés postraumático en la población afectada por los grandes incendios.
Los autores de un artículo publicado este lunes en la revista AMF-Actualización en Medicina de Familia (AMF – Semfyc) destacan la intoxicación por monóxido de carbono, principal causa de muerte inmediata en los incendios, y la lesión por inhalación de humo como “dos de las principales urgencias que deberá reconocer el conjunto de facultativos”. Y cifran entre un 10% y un 30% los pacientes que, tras sufrir este tipo de intoxicación, pueden acabar desarrollando un síndrome neurológico tardío, con deterioro cognitivo, alteraciones de la marcha o cambios de personalidad semanas después del episodio agudo.
Especialistas de la Semfyc ponen el acento sobre la intoxicación por monóxido de carbono y la lesión por inhalación de humo como “dos de las principales urgencias que deberá reconocer el conjunto de facultativos”
Es ahí donde también inciden: en que el impacto sanitario de los grandes incendios no termina cuando se extinguen las llamas. Los tres especialistas advierten de la elevada incidencia de crisis de ansiedad, ansiedad patológica, depresión y trastorno por estrés postraumático (TEPT) entre las personas que han vivido un gran incendio, ya sea por la pérdida de sus viviendas, la amenaza sobre sus vidas o la exposición prolongada a una situación de emergencia. La longitudinalidad de la medicina de familia puede contribuir a intervenir de forma temprana y coordinarse con los servicios de salud mental.
En su vertiente comunitaria, con municipios enteros donde los vecinos han sido desalojados, primaria puede actuar como un agente para la salud comunitaria. La educación sanitaria del especialista, trasladada en forma de medidas de autoprotección, detección de las personas más vulnerables ante estos fenómenos extremos o la participación activa en estrategias locales de adaptación al cambio climático y prevención de riesgos son algunas de las ventanas de oportunidad para minimizar las secuelas de un gran incendio.
Tras el comienzo de la temporada de incendios forestales, que este julio han arrasado más terreno que todo el año pasado, el Ministerio de Sanidad publicó unas recomendaciones sanitarias de actuación frente a incendios forestales. La Comunidad de Madrid, con varios frentes activos, ha compartido este vídeo con consejos de seguridad y protección.
Una neumóloga advierte: la exposición al humo puede producirse lejos del foco activo
Los especialistas inciden en que un correcto abordaje clínico de un paciente expuesto a un incendio forestal es clave. Sin embargo, no tiene por qué ser solo en aquellas personas que han vivido de cerca la catástrofe. “La exposición al humo de un incendio puede producirse incluso encontrándose lejos del foco activo. Muchas personas creen que, si no ven las llamas o el incendio está a varios kilómetros, no existe riesgo, cuando en realidad las partículas finas pueden recorrer largas distancias y afectar a la calidad del aire en zonas alejadas”, explica la Dra. Laura Álvarez, neumóloga del Hospital Universitario HM Montepríncipe.
En la línea de lo expresado por sus colegas de primaria, la Dra. Álvarez enfatiza que estos efectos se potencian en determinados grupos de población, más vulnerables, como niños, mayores, embarazadas y pacientes crónicos que conviven con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Los pacientes respiratorios que inhalan el humo pueden sufrir “una inflamación del bronquio que favorezca la aparición de broncoespasmo, manifestándose con tos, pitidos en el pecho y sensación de falta de aire. En algunos casos puede tratarse de un cuadro potencialmente grave que requiera atención médica”. Otro aspecto a tener en cuenta de cara a saber la gravedad de la respuesta inflamatoria, añade la neumóloga, es tanto la intensidad como el tiempo de exposición a estas partículas contaminantes.
Piden incorporar determinadas pruebas de evaluación respiratoria
Los especialistas de la Semfyc inciden en la incorporación de pulsicooxímetros o gasometría en los centros de salud “cuando sea posible” para identificar precozmente las intoxicaciones, iniciar el tratamiento y decidir con mayor precisión qué pacientes requieren una derivación hospitalaria urgente. Asimismo, advierten que una pulsioximetría normal “no descarta una intoxicación grave por monóxido de carbono, ya que esta técnica convencional no diferencia la carboxihemoglobina de la oxihemoglobina”.
No obstante, la exploración clínica es el procedimiento “determinante” en caso de sospecha de lesión por inhalación de humo. La presencia de hollín en la orofaringe, vibrisas nasales quemadas, esputo carbonáceo, disfonía o estridor deben alertar al médico de familia sobre una posible afectación de la vía aérea que requiere una actuación urgente.
En el ámbito hospitalario, el Servicio de Neumología de HM Hospitales en Madrid, junto con la Dirección General Médica, ha puesto en marcha un programa específico de evaluación respiratoria para personas expuestas al humo de los incendios forestales. El objetivo es detectar posibles alteraciones respiratorias persistentes derivadas de la inhalación de partículas PM2,5 y PM10, presentes en el humo, cenizas y materiales en suspensión.
