Las filas para cargar diésel, gasolina y adquirir garrafas de gas licuado de petróleo (GLP) continúan este jueves en distintos puntos de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, mientras Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) asegura que el abastecimiento volverá a la normalidad de manera progresiva hasta finales de julio.
En varios surtidores se registró una gran cantidad de camiones y vehículos particulares que aguardan la llegada de combustible. En algunos puntos de venta, el producto se agotó antes del inicio de la jornada, lo cual obligó a colocar señalización para advertir a los conductores sobre la falta de diésel y gasolina.
Uno de los sectores con mayor concentración de vehículos fue la Doble Vía a La Guardia, cerca del quinto anillo, donde decenas de transportistas permanecieron en espera de las cisternas encargadas de reponer los carburantes.
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La situación también alcanzó a los centros de distribución de GLP. En varios de estos puntos, vecinos realizaron largas filas para comprar garrafas, mientras los distribuidores limitaron la venta a un máximo de dos unidades por persona con el objetivo de atender a un mayor número de usuarios.
El miércoles, el vicepresidente nacional de Operaciones de YPFB, Víctor Hugo Blacud, afirmó que la empresa estatal trabaja para restablecer el suministro y estimó que los problemas quedarán resueltos hasta fin de mes.
«Estimo que hasta fin de mes vamos a poder solucionar absolutamente todos los problemas, pero lo haremos de una manera progresiva y los resultados se irán viendo día a día», señaló.
YPFB atribuyó la escasez de GLP a un incremento de la demanda y a desfases en la distribución registrados en Santa Cruz, por lo que anunció un refuerzo en los despachos hacia la región.
Por su parte, la Cámara Nacional de Distribuidores de GLP explicó que la logística también enfrenta dificultades debido a que gran parte de las garrafas se encuentra fuera de circulación por daños. Según ese sector, actualmente solo opera alrededor del 25% de los envases disponibles, lo que reduce la capacidad de distribución y retrasa el abastecimiento.
La escasez de carburantes data desde Carnavales de 2024, producto de la crisis por el dólar. Desde entonces, los gobiernos no han podido regularizar el abastecimiento.
