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ganar la batalla por la credibilidad

Siempre el oficio periodístico estará en el centro de las tormentas políticas, de los conflictos sociales, de las guerras, de las campañas electorales, de los debates del aborto, de las creencias religiosas, de la lucha entre los carteles del narcotráfico, de las denuncias de corrupción y de los corruptos.

Cada bando acusará a los periodistas de ser vendidos, comprados, que solo informan lo que les conviene y por tanto no se merecen tratos preferenciales o por lo menos de respeto a su trabajo diario.

Unos y otros se crearán dueños de la verdad, que es la que vale y la que merece ser difundida tal como ellos la conciben. No admiten que la prensa haga su trabajo de forma libre y sin condicionamientos. Ni cuestione, ni denuncie.

Eso lo hemos visto de forma reciente en los más de 50 días de los bloqueos ilegales y violentos, a cuyos puntos los periodistas tuvieron que asistir a cubrir las incidencias en los mismos, recogiendo versiones de los bloqueadores y los bloqueados, de las autoridades del gobierno y de los líderes de los bloqueos.

Los periodistas fueron insultados, agredidos y acusados de toda clase de insultos y golpes. Los bloqueos generaron una tormenta de informaciones falsas, manipuladas, tergiversadas, mal intencionadas, gracias al uso desmedido que se hace de las redes sociales, que son instrumentos de la libre expresión, la misma que ha cruzado las fronteras del cultivo de los discursos del odio racial, de las violencias mediáticas, logrando instalar narrativas polarizadas, que nos hicieron enfrentar a los bolivianos.

Precisamente frente a ese universo que nos regalan las redes sociales el periodismo debe tomar en cuenta algo esencial y que siempre está en juego que a la vez es un tesoro irrenunciable, y que no puede ni debe ser contaminado: la credibilidad, la misma que se la gana y se la practica en el ejercicio diario de este oficio.

Lamentablemente el oficio del periodismo está sumido en una crisis, la misma que es aprovechada para que vaya creciendo la ola de críticas, de denuncias, de dudas hacia la labor de los hombres y mujeres de la prensa, quienes son confundidos con el auge y fama de los llamados influencers que compiten por quién tienen más seguidores para obtener ganancias económicas. Y para ello están dispuestos a todo. Solo les importa ganar dinero y fama.

Elena Poniatowska, escritora mexicana, alertó que “la información que encontramos en el Facebook, TikTok, Instagram, YouTube, está abarrotada de influencers, quienes acaparan espacios para deshumanizar en cierta manera un oficio tan noble, que significa no sólo describir lo que le sucede a otros, sino informarlo, denunciarlo y transmitir de la manera más ética, profesional y eficaz”.

Una plaga que está recorriendo el mundo, las pantallas, los aparatos celulares haciendo uso del derecho a la libertad de expresión, pero que muchas veces se extralimitan cometiendo errores y delitos contra la dignidad y la vida de las personas.

El periodismo responsable, ético y que construye tiene tres adversarios a superar: las redes sociales en las cuales el 90% que difunden son noticias falsas, inventadas, manipuladas o construidas, que tienen sus creadores de contenidos. Los actores políticos, sociales, sindicales, autoridades de todos los niveles que no quieren ser cuestionados, solo que la prensa sea condescendiente con todos ellos. La competencia interna que ha dado curso a los influencers y a los periodistas que lucran con la noticia y con el morbo de la gente. En varios casos arrodillándose ante el poder para conseguir jugosos contratos de publicidad del Estado.

Por todo ello, el oficio periodístico tiene enormes potencialidades de seguir fortaleciéndose, tal como lo vienen haciendo, varios medios de prensa, plataformas de prensa y periodistas, quienes han visto una oportunidad para abrir senderos de la noticia y de la investigación periodística.

Ante estos peligros, retomamos el mensaje de Poniatowska, pidiéndole al periodista que “tiene que jugársela, tiene que estar dispuesto a dar la vida por lo que ve, siente y lo que recibe de los demás”, puntualizó la cronista.

El periodismo en Bolivia, así como en el resto del mundo, siempre será una piedra en el zapato y generará malestares en los poderes políticos, económicos, corporativos o tendrá mala fama pública, que es inducida. Este oficio no es nada fácil, ni se mece en la hamaca de la tranquilidad.

Un editorial del periódico mexicano En la Esquina publicado en 1963 nos refresca la memoria: “Cuando el periodista ataca, se suele pensar que busca la paga; cuando aplaude, se dice que ya lo consiguió: y si ni aplaude ni censura, el agua tibia lo hará perderse en el anonimato… Pero es menester pensar que, en nuestro país, en trance de desarrollo, necesita de un periodismo capacitado en lo técnico y noble en su orientación.

Ese periodismo que han de ejercer los jóvenes que nos reemplacen tendrá, además, la tarea de limpiar la estafeta que nuestra generación les entregue y devolver al oficio sus originales funciones al servicio de las mejores causas de la ciudad, del país, del mundo en que vivimos”.

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