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Innovar en cáncer exige transformar cómo la ciencia llega al paciente

Joaquín Mateos, director médico de MSD en España
En cáncer, innovar no significa incorporar nuevos tratamientos únicamente. Para que el avance científico tenga impacto tangible, este debe traducirse en una mejor atención para los pacientes y en respuestas más ajustadas a las necesidades del sistema sanitario. En un contexto en el que esta enfermedad supone una presión creciente para los sistemas sanitarios, el desarrollo científico debe avanzar acompañado de acceso, calidad asistencial y colaboración entre todos los agentes implicados.

En los últimos años, la inmunoterapia y la medicina de precisión han ampliado y mejorado las posibilidades de tratamiento, tanto en fases tempranas como en estadios avanzados. Este progreso parte de una realidad cada vez mejor conocida y es que el cáncer no puede entenderse como una única enfermedad.

Los tumores presentan características y comportamientos diferentes y por eso es necesario explorar aproximaciones complementarias. Desde MSD, trabajamos desde la convicción de que mejorar su abordaje exige combinar ciencia, evidencia y una lectura rigurosa de las necesidades de pacientes, profesionales y sistema sanitario.

Para que el avance científico tenga impacto tangible, este debe traducirse en una mejor atención para los pacientes y en respuestas más ajustadas a las necesidades del sistema sanitario

Esta visión se concreta en un programa de investigación amplio y diversificado que, en España, se traduce en más de 160 estudios clínicos activos en Oncología en fases I, II y III, fruto de nuestra posición como primera subsidiaria europea en participación en ensayos clínicos.

No se limita a la inmunooncología: incluye tratamientos dirigidos, anticuerpos conjugados y terapia individualizada con neoantígenos, además de combinaciones de medicamentos en diferentes tumores. Esta amplitud responde a una necesidad clínica clara, que consiste en estudiar mecanismos distintos para conectar mejor el conocimiento de la biología tumoral con la selección del tratamiento y avanzar hacia intervenciones más ajustadas a cada paciente.

Ahora bien, la ciencia solo transforma realmente la atención cuando puede incorporarse de manera adecuada a la práctica clínica. La medicina de precisión necesita un diagnóstico molecular de calidad, una determinación adecuada de biomarcadores y procesos asistenciales capaces de ofrecer resultados en tiempos útiles para la decisión médica.

El desarrollo científico debe avanzar acompañado de acceso, calidad asistencial y colaboración entre todos los agentes implicados

Biomarcadores predictivos como la expresión de PD-L1 o la inestabilidad de microsatélites ilustran cómo una prueba puede ayudar a orientar el tratamiento en determinados pacientes. Si estas capacidades no están disponibles de forma homogénea, el progreso científico puede convertirse en una oportunidad desigual.

Este es uno de los grandes desafíos actuales. Aunque España cuenta con centros con elevada capacidad investigadora, persisten diferencias de acceso relacionadas con el territorio, el nivel socioeconómico o la organización sanitaria. Garantizar la equidad exige mirar más allá del medicamento y revisar los procesos de atención, promover el trabajo multidisciplinar e impulsar redes entre profesionales.

Para que este cambio sea efectivo, es necesario partir de una lectura precisa de lo que ocurre en la práctica clínica real. Las necesidades no son solo terapéuticas; también tienen que ver con los tiempos diagnósticos, la disponibilidad de pruebas, la coordinación entre especialistas, la formación de los equipos y la capacidad de acompañar al paciente. Identificar estas barreras permite orientar mejor la investigación y las iniciativas de mejora hacia aquello que puede traducirse en impacto para el sistema y para las personas con cáncer.

La ciencia solo transforma realmente la atención cuando puede incorporarse de manera adecuada a la práctica clínica

Responder a esas barreras requiere una colaboración sostenida entre industria, comunidad científica, Administración, sociedades científicas, profesionales sanitarios y asociaciones de pacientes. Esa colaboración se traduce en iniciativas concretas y un ejemplo de ello es el acompañamiento a los centros sanitarios en su camino hacia la acreditación como Comprehensive Cancer Centers, que ayudan a consolidar modelos de atención integral allí donde se implanta.

Cada actor aporta una parte esencial del proceso, desde la generación de evidencia y la experiencia clínica hasta la organización de los recursos, la formación y las decisiones de acceso. Solo desde esa coordinación es posible que los avances lleguen antes, mejor y de forma más equitativa.

No basta con incorporar tecnología; esta debe aportar valor clínico e integrarse con garantías en la toma de decisiones

El uso de datos e inteligencia artificial pueden contribuir a mejorar la precisión y la agilidad del diagnóstico, apoyar el seguimiento de los pacientes y favorecer el desarrollo de nuevas soluciones terapéuticas. También plantea retos relacionados con la calidad y la privacidad de los datos, así como con la capacitación de profesionales y pacientes. No basta con incorporar tecnología; esta debe aportar valor clínico e integrarse con garantías en la toma de decisiones.

El futuro del cáncer no se construye solo con avances terapéuticos, aunque estos sean imprescindibles. También depende de nuestra capacidad para convertir la ciencia en valor, y la colaboración en mejores experiencias para las personas que viven con cáncer. Así entendemos nuestro compromiso en MSD, siendo ciencia para avanzar desde la evidencia, y colaborando para cubrir las necesidades reales de los pacientes con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

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