Anuario iSanidad 2025
Dr. Pedro Rico, CEO de Vithas
La sanidad privada española cierra 2025 con una fotografía nítida: crece, innova y se adapta a un entorno sanitario que afronta más presión demográfica, asistencial y económica que nunca. Y lo hace en un contexto endiablado: incremento de los costes, escasez de profesionales y mayor complejidad clínica.
Aun así, el balance anual dibuja un sector robusto, motor de la economía y el empleo, con un papel cada vez más comprometido y estructural en la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), pese a ciertos discursos.


La aventajada posición de Vithas en el liderazgo de la sanidad privada, adquirida en solo 13 años de existencia, representaría un buen punto de partida de lo que en muchas disciplinas, incluida la administración de empresas, se denomina un estudio de casos.
El balance anual dibuja un sector robusto, motor de la economía y el empleo, con un papel cada vez más comprometido y estructural en la sostenibilidad del SNS
En 2025, hemos puesto en marcha dos hospitales (Vithas Barcelona y Vithas Valencia Turia) y hemos culminado el ambicioso proceso de transformación digital de la compañía, que denominamos Vithas One.
Al mismo tiempo, nos hemos convertido en el primer grupo sanitario en crear su propio espacio de datos digitales interoperables. Asimismo, la innovación asistencial se materializó en la constitución del Instituto Oftalmológico Vithas, que se suma a los casos de éxito de los institutos Cardiovascular, de Neurociencias y Oncológico. Finalmente, nuestra inversión en tecnología sanitaria abarcó todas las crecientes exigencias de lo que hoy entendemos como una asistencia de calidad y precisión.
Por supuesto, algo parecido cabría decir de otros actores de la provisión y el aseguramiento igualmente relevantes en un sector que ya representa el 3,1 % del PIB nacional, por delante de la construcción residencial (2,5-3 %), la industria de la automoción (1,8-2,2 %) o el alojamiento hotelero (1,4-1,7 %). El principal reto de 2026 será sostener ese ritmo en un entorno inflacionista en los costes. Las proyecciones internacionales indican que el aumento de los costes sanitarios en España rondará el 8,5 %.
El principal reto de 2026 será sostener ese ritmo en un entorno inflacionista en los costes
Además, la escasez de profesionales no es coyuntural: Europa arrastra un déficit relevante y envejecimiento de plantillas, lo que alimenta la competencia por el talento y tensiona la gestión económica. A ello se suma una demanda creciente en volumen y complejidad.
La respuesta no puede ser frenar inversión, sino invertir mejor: eficiencia operativa, automatización, inteligencia artificial donde aporte valor y modelos asistenciales híbridos —presencial y digital— que liberen capacidad y tiempo clínico.
Aunque pueda sonar paradójico, el punto de situación de nuestro sector no se entiende del todo sin mirar a la sanidad pública, que afronta sus propias tensiones. La más visible de todas se encuentra en las listas de espera, que siguen en niveles muy altos: a finales de 2024, 846.583 pacientes aguardaban cirugía no urgente (una media de 126 días), y casi 4 millones esperaban especialista, una media de 105 días. Esta presión no se resolverá con consignas: requiere percibir como una ventana de oportunidad todos los recursos disponibles de un país avanzado como es España.
Esta presión no se resolverá con consignas: requiere percibir como una ventana de oportunidad todos los recursos disponibles de un país avanzado como es España
En este contexto, la sanidad privada actúa como colchón asistencial y palanca de sostenibilidad, tanto por volumen de actividad asistencial como porque articula una parte de su actividad mediante la colaboración con el sector público, lo que contribuye a evitar mayores demoras y absorber picos de demanda. Decir que acabar con esa colaboración sería inocuo es desconocer cómo se sostiene hoy la asistencia real.
No obstante, es importante recordar que el sector privado se sustenta y financia fundamentalmente con el dinero de los que deciden complementar los servicios públicos, a los que todos tenemos derecho, contratando un seguro de salud o costeándose de su propio bolsillo los servicios de la sanidad privada.
La colaboración público-privada es más necesaria para la sanidad pública que para la privada. Causa cierto estupor que determinados actores políticos parezcan fiarlo todo a frenar esa colaboración: como si bastara con decretarlo para que aparezcan, por arte de magia, profesionales, quirófanos, equipos diagnósticos y presupuestos.
La colaboración público-privada es más necesaria para la sanidad pública que para la privada
Un debate serio exige lo contrario; si alguien propone desandar ese camino, debería presentar un plan B creíble con capacidad instalada equivalente. Mientras eso no exista, jugar a la contracción del sector que hoy complementa al SNS no es una reforma, es una apuesta temeraria.
A estas alturas, lo responsable no es enfrentar sistemas, sino integrar capacidades. En 2026, la sanidad privada seguirá siendo parte indispensable de la ecuación. Y el SNS, simplemente, no puede permitirse prescindir de esa parte sin un plan alternativo tan robusto como, por ahora, inexistente.


