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La IA se abarata y la guerra de precios se traslada a la energía

La inteligencia artificial (IA) está entrando en una guerra que hasta hace poco parecía improbable. Sus fabricantes están bajando el precio de utilizar sus modelos mientras aumentan su capacidad. OpenAI y Anthropic compiten por los clientes empresariales, pero una tercera fuerza está acelerando la carrera: los desarrolladores chinos. Estos ofrecen modelos capaces de realizar tareas complejas a una fracción del coste.

El movimiento ocurre mientras las dos compañías estadounidenses necesitan demostrar que el gigantesco volumen de capital destinado a la inteligencia artificial puede convertirse en negocios sostenibles. Ambas avanzan hacia eventuales ofertas públicas de acciones. Por lo tanto, deben convencer a los inversores de que el crecimiento del consumo de IA puede compensar el elevado coste de infraestructura.

La competencia en EEUU

OpenAI ha reducido la barrera de entrada con su modelo GPT-6 Luna, cuyo precio parte de $us 0,10 por millón de tokens de entrada y $us 0,50 por millón de tokens de salida. Anthropic acaba de responder con Claude Haiku 5.5, con exactamente esos mismos precios. La compañía lo presentó el pasado miércoles como su modelo más barato, rápido y capaz de esa categoría. Simultáneamente, redujo a la mitad el precio de las lecturas de caché de su modelo Sonnet 5.5.

La competencia ya está teniendo efectos sobre el reparto del mercado empresarial. Datos de OpenRouter citados por The Wall Street Journal muestran que Anthropic, que comenzó el año con una ventaja considerable sobre OpenAI en gasto empresarial, ha visto reducirse esa brecha hasta prácticamente un empate. Los datos de Ramp también muestran un fuerte avance de OpenAI en el volumen de tokens utilizado por empresas.

Pero la verdadera presión sobre los precios viene de China.

El factor chino

DeepSeek, Alibaba con su familia Qwen, Z.ai con GLM y Moonshot con Kimi están compitiendo no solamente mediante modelos potentes, sino mediante una reducción radical del coste de inferencia. DeepSeek, por ejemplo, ofrece modelos con precios de entrada y salida considerablemente inferiores a los de sus competidores estadounidenses. En determinados casos, el coste de los tokens almacenados en caché es de apenas una fracción del precio cobrado por OpenAI o Anthropic.

La diferencia adquiere mayor importancia cuando se habla de agentes de IA. A diferencia de un chatbot convencional, un agente puede realizar decenas o cientos de operaciones para completar una tarea: consultar documentos, escribir código, buscar información, utilizar herramientas y volver a procesar el contexto. Cada una de esas operaciones consume capacidad de cálculo.

Por eso la batalla empieza a trasladarse del modelo al centro de datos.

DeepSeek asegura que sus nuevas arquitecturas reducen de manera sustancial las necesidades de memoria y almacenamiento de sus modelos. Alibaba, por su parte, está desarrollando una estrategia que integra modelos Qwen, servicios de nube, infraestructura y chips. Z.ai también está apostando por arquitecturas con muchos menos parámetros activos para reducir el coste de ejecución.

El escenario energético

La consecuencia es relevante para el negocio energético. La inteligencia artificial necesita centros de datos que consumen electricidad, además de enormes cantidades de chips, sistemas de refrigeración y almacenamiento. Si una nueva arquitectura consigue producir el mismo resultado utilizando menos memoria y menos capacidad de cómputo, puede reducir el consumo energético asociado a cada tarea.

La ecuación empieza a cambiar y ya no se trata únicamente de quién tiene el modelo de IA más potente. La cuestión es quién consigue producir más inteligencia con cada dólar invertido en infraestructura y con cada unidad de energía consumida.

Los modelos chinos de IA están acelerando además esta presión porque muchos de ellos utilizan esquemas de código abierto o open-weight. Esto permite a empresas y desarrolladores desplegarlos fuera de la infraestructura de sus creadores. Amazon Web Services ya está incorporando modelos chinos como GLM a Bedrock, su plataforma empresarial de inteligencia artificial. Así, está reduciendo una de las barreras que hasta ahora separaban esos modelos del mercado corporativo occidental.

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