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La mal llamada industrialización – La Razón

Durante 20 años nos vendieron un sueño. Nos dijeron que Bolivia dejaría de ser un país primario exportador para convertirse en una potencia industrial. Nos prometieron soberanía económica, sustitución de importaciones y desarrollo con rostro humano.

Hoy los números cuentan otra historia. Y son nuestros números — los de la OFEP.

El inventario del fracaso

De las 67 empresas estatales existentes — 42 estatales y 25 mixtas — solo tres son rentables: YPFB, ENDE y Comibol. Las tres existían antes de que el MAS llegara al poder.

Los datos oficiales de la OFEP al 2025 son devastadores:

  • Total pérdidas de todas las empresas públicas: Bs 12.742,8 millones
  • Pérdidas acumuladas de las 15 en quiebra técnica: Bs 5.177,1 millones (42%)
  • Saldo vigente en créditos por pagar: Bs 16.273,4 millones
  • En mora — cuotas vencidas: Bs 1.182,9 millones
  • Aportes de capital del Estado: Bs 8.154,9 millones
  • Total invertido (créditos + aportes + donaciones): Bs 26.382,5 millones

Todo eso invertido. Y las empresas siguen perdiendo.

Los casos más graves hablan por sí solos:

Empresa Pérdida acumulada
MI TELEFÉRICO Bs 2.039,2 millones
YLB — Yacimientos de Litio Bs 527,7 millones
EMK — Karachipampa Bs 473,1 millones
EBIH Bs 485,9 millones
EPCORO — Comercializadora de Oro Bs 375,0 millones
EASBA — San Buenaventura Bs 336,3 millones
YACANA Bs 229,5 millones
MUTÚN Bs 76,9 millones

La historia que duele

Cuando uno revisa estos números con detenimiento, no puede evitar una mezcla de tristeza e indignación.

Bs 26.382,5 millones entre créditos, aportes de capital y donaciones. Mientras Bolivia prometía industrializarse, ese dinero se evaporaba en empresas sin mercado, sin gestión técnica y sin futuro.

¿Cuántas escuelas con tecnología de última generación pudimos haber construido? ¿Cuántos hospitales equipados en el área rural? ¿Cuántos kilómetros de carreteras que conecten a los productores con los mercados? ¿Cuántos sistemas de saneamiento básico para comunidades que hoy todavía no tienen agua potable?

Las plantas de urea y amoniaco, el litio industrializado, el acero del Mutún, el azúcar de San Buenaventura — fueron un discurso. Solo un discurso. Ciencia ficción vendida como política de Estado. Hoy están en quiebra, abandonadas o operando a una fracción mínima de su capacidad.

La industrialización que nos prometieron nunca llegó. Y con ella se fue también el tiempo, el dinero y la oportunidad de haber construido un país diferente. Hoy Bolivia está volviendo a empezar. Prácticamente de cero.

El mito de la industrialización

Estas empresas no nacieron de estudios de prefactibilidad ni de análisis de mercado. Nacieron de discursos. Se contrataron gerentes por militancia política, no por capacidad técnica. Se fijaron precios por decreto, no por competitividad. Se abrieron mercados imaginarios que nunca existieron.

El analista Roberto Laserna lo resume con precisión: «La industrialización fue una estrategia de desarrollo planteada hace 70 años que sirvió de poco. Nadie sabe cuál es el mejor camino. Solo lo encontraremos trabajando.»

No era un camino. Era un dogma. Y los dogmas no generan riqueza — generan deudas y frustración.

El camino correcto

La industrialización no es mala en sí misma. Lo malo fue convertirla en un dogma ideológico en lugar de una política técnica.

Bolivia tiene recursos extraordinarios — litio, gas, minerales, biodiversidad, agroindustria. Pero para aprovecharlos necesita un Estado facilitador, no un Estado empresario. Necesita seguridad jurídica, no decretos arbitrarios. Necesita inversión privada, no empresas públicas ineficientes.

El Gobierno del Presidente Rodrigo Paz va en esa dirección: Ley de Inversiones, Ley de Hidrocarburos, Ley de Minería. Diagnóstico técnico honesto sobre las empresas públicas — sin ideología, sin dogmas.

Y necesita recuperar el sello que durante años llevamos desde la CNI a cada rincón del país: Hecho en Bolivia. Porque el desarrollo real no viene de empresas creadas por decreto — viene de bolivianos que producen, innovan y compiten.

El engaño terminó. La reconstrucción empieza hoy.

*Es economista, ex Presidente de la Cámara Nacional de Industrias y actual Director Ejecutivo de la Oficina Técnica para el Fortalecimiento de la Empresa Pública (OFEP).

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